Salud mental y desafíos en la formación de disciplinas creativas

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La reciente movilización de arquitectura en la FAU abre un debate sobre la salud mental, pero también nos muestra la necesidad de revisar las etapas previas de la formación para comprender algunas de las razones de esta situación. Las disciplinas creativas necesitan un sistema educativo que abra ventanas a los estudiantes para que éstos tengan la capacidad de innovar.  Este tipo de pensamiento, solo se logra cuando somos capaces de ubicarnos en lo que el mundo anglosajón llama "outside of the box", y que se entrega desde los inicios de la formación. Lamentablemente nuestro modelo conduce casi exclusivamente a una aproximación estandarizada, que suele inhibir el llegar a ideas o conclusiones fuera del patrón.

Nuestra "caja", por así decirlo, es muy sólida, y cuesta asomarse siquiera fuera de ella. Tampoco puede decirse que el pensamiento dentro, por otro lado, permita el avance de las respectivas disciplinas, porque tiende a reproducir lo que ya se sabe de ellas. La estructura tradicional de las universidades en Chile apoya poco este complejo proceso. Nuestros estudiantes se ven obligados a elegir muy tempranamente no un campo de exploración (como ocurre en buena parte del mundo desarrollado) sino una carrera profesional, cuyos bordes definidos (el currículo establecido para lograr esas destrezas) refuerza el pensamiento "dentro de la caja".

Y, aunque es posible la creatividad dentro de ellas, el mundo contemporáneo nos enseña que una buena parte de las innovaciones más relevantes se producen en los intersticios menos explorados que se encuentran en los límites, en los cruces. Los ejemplos abundan: el teléfono inteligente que la mayoría hoy utiliza, es una prueba de ello. Se trata de un avance tecnológico, pero también es el resultado de un proceso de diseño que creó una interfaz intuitiva que cualquiera comprende. Es un salto que resulta casi imposible en la fórmula universitaria estándar de carreras largas, con un mínimo espacio para la exploración transdisciplinar.

Bajo esta visión, todavía cabe preguntarse por qué es importante para un país como Chile el reforzar la formación en áreas creativas y, más allá, de la industria creativa en su conjunto. La respuesta es clara: agregar valor a la producción, insertarse en el mundo globalizado en el que el conocimiento viaja rápido. Este es un campo en el que los países pequeños pueden llegar a hacer grandes cosas, sin agotar sus recursos naturales o tener que esperar a desarrollar una industria competitiva.

La salud mental de nuestros alumnos universitarios es clave, así lo han demostrado los estudiantes de arquitectura, pero no depende únicamente del esfuerzo que demandan estas carreras, sino también del resultado de usar un patrón de formación que inhibe con frecuencia la creatividad y la innovación desde el colegio. Todo esfuerzo que se haga para permitir esa exploración, ese tránsito y esos cruces, sin duda va en la dirección correcta.

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