Jaime Quintana: El acuerdo, capítulo 3

Jaime Quintana, senador PPD. Foto: Mario Téllez

Protagonista de las negociaciones que dieron vida al acuerdo constitucional del 15 de noviembre, el expresidente del Senado, Jaime Quintana (PPD), lanza el libro Sírvanse conectar. Crónica de acuerdos y desacuerdos entre el estallido social y la pandemia, de editorial Catalonia. En seis capítulos y 280 páginas, el senador repasa los hitos que han marcado los últimos 11 meses. “Fue una conexión forzada por la gente y, en muchos casos, por el miedo”, admite Quintana refiriéndose al acuerdo constitucional cuya trastienda detallada en el texto es adelantada por La Tercera.




"No se llega a un acuerdo de la envergadura que tuvo el del 15 de noviembre por iniciativa, voluntad o lucidez de la clase política. Llegar a este puerto, quizá lo único posible de distinguir en medio de la marejada, fue la definición más fundamental que el país visualizó para salir de una crisis que puso en jaque al sistema (…)

Creo que el acuerdo alcanzado en noviembre de 2019 nos permite seguir creyendo en la política y resignificar el rol de los parlamentarios como representantes de la ciudadanía, como servidores públicos que escuchan y actúan en concordancia (…)

¿Es el acuerdo de noviembre el más importante después de los pactos políticos que activó la victoria del No? Esa noche, cuando terminé de leerlo pensé que sí. En medio de esta pandemia que desnuda el engranaje del sistema, vuelvo a tener esa certeza: es el principal acuerdo histórico desde el retorno a la democracia. Honrarlo es nuestro deber y nuestra responsabilidad, porque, como dice Juan Rulfo, “nos salvamos juntos o nos hundimos separados”.

Viernes 8 de noviembre: Reflexiones vespertinas

El celular no para de sonar en esa larga jornada. Me llaman y envían mensajes para manifestar reparos por el tono de mis declaraciones en días previos. “Tú eres el senador de la retroexcavadora, no puedes darle oxígeno al gobierno”, me exige un dirigente opositor (…)

El miedo se transforma en el escenario ideal para los que no quieren cambiar nada. Se hace tarde. Recuerdo que me propuse ir al cine este mes. Me recomendaron Joker. Vaya paradoja. Una película que nos interpela y propone reflexionar acerca de los excluidos, de los olvidados. No alcanzo a mirar la cartelera. Reviso el celular. Tengo una llamada perdida de Gonzalo Blumel.

-Gonzalo, ¿has visto cuánto se repite en las paredes la demanda por una nueva Constitución? -le pregunto de entrada.

-Creo que nos abriremos a una nueva Constitución. Lo estamos conversando todavía en nuestro sector. No me preguntes cómo o cuándo haremos el anuncio -me respondió algo abatido el secretario de Estado, quien hace menos de dos semanas había asumido la cartera de Interior y Seguridad Pública (…)

El planteamiento del ministro no me ha permitido conciliar el sueño. Que el gobierno cediera a las presiones por una nueva Carta Magna representaba un triunfo gigantesco de la ciudadanía movilizada. Octubre se había convertido en un mes que podría definir el fin de una época de enclaves dictatoriales (…)

Sábado 9 de noviembre: ¿En qué quedamos?

“He pensado en hacer algunos cambios a la Constitución”, tituló esa jornada El Mercurio, citando textualmente al Presidente de la República, Sebastián Piñera. En una extensa entrevista concedida al matutino, el Mandatario solo habló de cambios a la actual Carta Fundamental y no mostró intención alguna por redactar una nueva. Aquí tenemos un problema, pensé. Blumel en privado dice una cosa y Piñera anuncia en un periódico algo bien distinto. Cambios o reformas constitucionales se han efectuado en más de 40 ocasiones y, claramente, eso no era lo que los chilenos y chilenas estaban demandando con cada vez mayor convicción.

Otra vez una oportunidad perdida para enmendar el rumbo. Otro paso hacia atrás (…)

Domingo 10 de noviembre: Chile Vamos sin retorno

Esa noche serían los propios dirigentes de Chile Vamos quienes saldrían a corregir de forma pública al Presidente Piñera luego de una reunión en su casa, al hablar abiertamente de una Carta magna que reemplace a la actual. De esta forma, mientras el ministro Blumel hablaba de “nueva Constitución” y de un “Congreso constituyente”, la presidenta de la UDI, senadora Van Rysselberghe, tampoco se quedaba atrás advirtiendo que “si es necesaria una nueva Constitución, estamos dispuestos a conversarlo”. Tremendo avance, sin duda, pero estábamos a kilómetros de lo que finalmente sería la meta, aún desconocida por todos los maratonistas (…)

Lunes 11 de noviembre: Se inicia la cuenta regresiva

(…) Hacia el final del día, cerca de las 21 horas, nos reunimos un grupo de senadores con el ministro Blumel en la oficina de la presidencia del Senado, en Santiago. Al encuentro, coordinado por José Miguel Insulza, también se sumó Felipe Harboe y Francisco Huenchumilla. Allí analizamos el momento extraordinariamente difícil por el que atravesábamos, enfatizamos en el daño que se estaba haciendo a la imagen del país por las violaciones a los derechos humanos y que era imperativo terminar con esta barbarie (…). Esta reunión entre senadores de oposición y representantes del gobierno fue la primera instancia formal en la que ambos sectores se disponían a hablar sobre una nueva Constitución (…)

Martes 12 de noviembre: Entre la adrenalina y el cortisol

Ese martes se inició con múltiples y masivas convocatorias en distintos lugares del país, en el marco de la huelga general de trabajadores. La tarde, tal como vaticinaron aquellos informes policiales que había recibido, se tornaría extremadamente violenta (…)

Alrededor de las 11.00 a. m., el senador Guido Girardi me pide que conversemos. A partir de esa hora y durante casi toda la jornada, la antigua y amplia oficina de la presidencia del Senado, ubicada en calle Morandé 441 de Santiago, sería escenario de incontables reuniones, encuentros bilaterales o solo conversaciones informales. En la primera de ellas -que se extendió por casi dos horas-, además de Girardi estaban el presidente y senador del Partido Socialista, Álvaro Elizalde, y algunos diputados de la misma colectividad, como Marcelo Díaz y Leonardo Soto. Luego se sumó el vicepresidente del Senado, Alfonso de Urresti, y en algún lapso estuvieron el entonces presidente de Renovación Nacional y actual ministro, Mario Desbordes, y los senadores José Miguel Insulza, Felipe Kast y Manuel José Ossandón. A esa altura nadie tenía la fórmula final en la cabeza, pero todos entendíamos que había que dialogar sin apuros. Ceder no es perder, me repitió un asesor en varios momentos de esa semana (…)

Como me diría Alfredo Zamudio, director ejecutivo del Centro Nansen para la Paz y el Diálogo de Noruega, “había una mezcla de adrenalina y cortisol en el ambiente, de miedo y de rabia”. Ese temor por lo desconocido, por la inestabilidad global del sistema, también se apoderaba de los políticos y, por lo tanto, los encuentros efectuados aquella violenta jornada contribuyeron a crear sensaciones que hacían más propicio cualquier entendimiento (…)

Alrededor de las 20.45 horas, en medio de una ola de trascendidos que hablaban de una eventual cadena del Presidente Piñera, recibí otra llamada de Gonzalo Blumel. Intuí de qué hablaríamos. El día había estado muy marcado por la violencia y los destrozos. Incluso, desde la Región de La Araucanía, que claramente era uno de los territorios más calmos durante ese periodo, se reportaban no pocos actos de vandalismo y destrucción. En consecuencia, la pregunta que me podía formular el ministro del Interior era una sola. Y así fue.

-Jaime, ¿cómo vería la oposición si el Presidente decide sacar nuevamente los militares a las calles a través de un estado de emergencia?

-Se terminaría de inmediato el diálogo con la oposición. Saldría mucha más gente a la calle, tendríamos más violencia y morirían más personas. Sería un retroceso. Estarían renunciando a gobernar -contesté con firmeza y preocupación (…)

Pero no sería esa la única pregunta del ministro, quien también me consultó si nos podíamos reunir esa noche en su casa, después de la cadena del Jefe de Estado. Tal como lo asumí desde el primer día de la crisis, no eran tiempos para darse gustos personales y acepté de inmediato (…)

Le pedí al senador Felipe Harboe que me acompañara. Allá nos esperaría Claudio Alvarado, a esa altura ya subsecretario de Desarrollo Regional, pero aún ejerciendo un rol de estrecho colaborador de Blumel. Tuvimos que esperar un rato al dueño de casa y vimos al Presidente en cadena nacional a través de los teléfonos móviles (…)

Alrededor de las 22.30 horas llegó Blumel (…). Nos pusimos a trabajar de inmediato. (…) En lo concerniente al Parlamento, debíamos analizar aquella noche escenarios para facilitar el proceso constituyente. Luego de unos 50 minutos terminamos con la idea de un piso de 60% ciudadanos y 40% congresistas, lo cual para ese instante representaba un tremendo avance si consideramos que tan solo 24 horas antes el gobierno y Chile Vamos no se movían de la idea de una Constitución elaborada en forma exclusiva por parlamentarios.

Miércoles 13 de noviembre: Cuestión de porcentajes

Bien temprano esa mañana recibí un mensaje del expresidente Ricardo Lagos que decía: “Este es el día decisivo” (…)

Ese miércoles, y en paralelo con el trabajo en la sala, en el comedor del cuarto piso de la presidencia en Valparaíso se instalaría un verdadero centro de operaciones, donde en conjunto con los miembros de la Comisión de Constitución del Senado, la oposición en un primer momento y luego con el oficialismo, fuimos delineando y prefigurando los objetivos, los mínimos y máximos de cada sector para posibilitar el aún escurridizo cambio constitucional (…)

Cerré esa jornada en Santiago con una cena en la residencia del embajador chino en Chile, Xu Bu, quien estaba preocupado por la situación chilena, tal como todos los representantes internacionales en aquel momento. Sin embargo, manifestó el interés de las inversiones chinas por mantenerse en el país. Fue así como buena parte de la conversación tuvo que ver justamente con los efectos que podría tener sobre la sociedad y la economía un cambio de Constitución. Al terminar la cena pensé en Confucio: “El hombre que mueve montañas empieza apartando piedrecitas” (…)

Jueves 14 de noviembre: Chile podrá decidir

Vi y oí en esas horas decisivas en la oficina de la presidencia del Senado o interactuando a través del teléfono a Mario Desbordes, Gabriel Boric, Jaime Bellolio, Álvaro Elizalde, Guido Girardi, Ricardo Lagos Weber, Felipe Harboe y Heraldo Muñoz. Sin duda, cada uno de ellos cumplió un rol clave, en algunos casos traccionando a su respectivo sector a un punto de acuerdo que más allá de haberse anunciado en la madrugada del viernes, ya se había alcanzado en lo sustantivo 12 horas antes, precisamente luego de ese ajetreado mediodía. En efecto, a la hora de almuerzo del jueves nos encontrábamos compartiendo un sándwich en la oficina de Morandé con el presidente del PPD y con los colegas Harboe, Girardi y Lagos Weber, cuando Felipe Harboe comenta que lo había llamado Boric para decirle que el diputado Bellolio estaba por apoyar una fórmula que permitiera viabilizar plebiscitos de entrada y de salida con la respectiva pregunta sobre qué tipo de órgano constituyente sería el apropiado. A los pocos minutos llega el diputado por Magallanes a la oficina y nos dice que el senador Juan Antonio Coloma también estaría dispuesto a respaldar algo así. Esto va en serio, pensé (…)

Tan solo 10 minutos después llegó Mario Desbordes a la misma oficina. Girardi lo había convocado. El presidente de RN, en un tono muy relajado, nos dijo: “Yo estoy de acuerdo, pero ayúdenme ustedes. No le pongamos asamblea constituyente, pongámosle cualquier otro nombre, menos asamblea, porque ese término nunca lo aprobará mi sector”, advirtió.

Rápidamente salí de ese hermoso e histórico salón, algo que ciertamente extraño de la presidencia del Senado. Tomé el teléfono para llamar a Blumel: “Si estamos todos por cambiar la Constitución, lo pertinente sería firmar un acuerdo pronto. Además, te recuerdo que fuiste tú quien en tu casa habló de un plazo de 24 horas para alcanzar un acuerdo político. Lo que está ocurriendo acá no ha estado ni en los mejores sueños de la democracia. Te pido, si existe esa disposición, lo apoyemos con todo”, le digo a un optimista ministro (…)

Esa tarde, alrededor de las 17 horas ya estaban todos los partidos sentados en ese holgado comedor. Era la segunda vez, ya que el día anterior fue la primera en que veía un arco tan amplio y diverso buscando con auténtica voluntad construir algo, llegar a un acuerdo, cediendo, pero entendiendo que había un fin superior claramente identificado que nos obligaba a movernos hacia el objetivo constituyente. Pienso que esto no fue menor (…)

Durante largo rato se habló de cómo caracterizar el plebiscito de entrada, cuáles deberían ser las preguntas. También se dio el debate sobre los quórums de funcionamiento, que hasta el día anterior se manejaban en los 3/5. Sin embargo, durante esa jornada, la derecha había puesto como condición para avanzar un quórum de 2/3 para la toma de decisiones en la convención. Luego de conversar con constitucionalistas conocimos distintas experiencias internacionales con ese quórum y nos convencimos de que su efecto no sería gravitante ni ejercería ningún tipo de bloqueo si es que la nueva Carta Magna partía desde una “hoja en blanco” (…)

Yo diría que desde las 23 horas en adelante, luego de que Chile Vamos retirara su última y cuestionada propuesta, el acuerdo estaba ya en un 99% (…)

Viernes 15 de noviembre: La noche que no olvidaremos

(…) Mientras se decidía cómo se dispondrían en el documento los nombres de los firmantes, algunos propusieron que debía ser el presidente del Senado quien diera lectura al texto. Nadie lo discutió. Es más, el diputado de Evópoli Luciano Cruz-Coke me pidió llamar nuevamente a La Moneda para informar que habíamos alcanzado el objetivo y que lo anunciaríamos a la brevedad. De las últimas intervenciones que hubo esa madrugada, hay dos que recuerdo especialmente, ambas del diputado Gabriel Boric. En la primera dejó constancia de que, si bien no está expresado en el documento, el espíritu del mismo tenía que considerar que el futuro órgano constituyente debía propender a la paridad de género y a la incorporación de los pueblos originarios. Nadie de los presentes en esa oficina cuestionó la petición, aunque el senador Coloma, sentado frente al diputado magallánico, emitió una expresión en la línea de “por favor, dennos un respiro”. Al final, antes de abandonar todos ese lugar, Gabriel pidió cerrar las puertas y volvió a tomar la palabra para decir, sin disimular su vergüenza, que su partido no iba a suscribir aún el acuerdo, pero que él lo haría de forma personal.

Nos levantamos de esa oficina con dos copias. Yo me llevé una; la otra quedó en manos de Alfonso de Urresti. La original es la que leí y que luego me pidieron los presidentes de partidos, quienes la conservan. No debería costar mucho identificarla, porque mientras acomodaba la bandeja con los micrófonos sobre la mesa pasé a llevar un vaso de agua y algunas gotas terminaron por manchar el papel. En esos segundos de tensión quería tener la certeza de que lo estábamos haciendo bien y que estábamos respondiéndoles a los chilenos y chilenas, dejando atrás años de intentos fallidos como país. Creo que será el tiempo el encargado de darnos esa certeza. D

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