Juan Luis Castro (PS): “Ser oposición no es una condena a rechazar el diálogo con el gobierno”
El jefe del comité de senadores del Socialismo Democrático sostiene que negociar con La Moneda es una obligación política, porque la ciudadanía no premia la tesis de “negar todo y no conversar nada”.
A seis meses del gobierno de José Antonio Kast, el senador socialista Juan Luis Castro, lejos de cerrar la puerta al diálogo con La Moneda, reivindica que parte del rol de la oposición es conversar y evaluar si existen puntos en común con las reformas oficialistas. “Eso no es entregarse ni venderse”, asegura.
Con la reciente muerte de Camilo Escalona se recordó que una de sus preocupaciones era la unidad del PS. ¿Comparte esa inquietud?
Escalona siempre fue un articulador de la unidad del socialismo y ese legado más que nunca es necesario en el PS, no para que todos pensemos igual, sino para tener un vector común, que a mi juicio debe ser un rol en una izquierda moderna que es capaz de convocar y representar a los trabajadores en su amplia diversidad respecto de las grandes demandas de hoy día.
En estos seis meses fuera del gobierno, lo que se ha visto son desencuentros que dan cuenta de dos almas en el PS. ¿Hay diferencias de estilo o son más profundas?
Hay problemas en las maneras de aproximarse a las ideas más que de almas. En el gobierno del presidente Boric sí había dos almas entre el Socialismo Democrático y el Frente Amplio y el PC, al punto que nunca se formó una coalición. Había estructuras de pensamiento distintas, pese a apoyar ambos al gobierno. En el caso del PS, hay estilos de liderazgos que son diferentes, no antagónicos.
¿Cuáles son los factores que atizan estas diferencias?
Siempre las oposiciones nuevas tienen que buscar su tono, su manera de aproximarse al nuevo gobierno. No basta resistirse a todo, no basta negarse a todo. La gente demanda propuestas, levantar alternativas desde el mundo socialista. Hay gente que lo hará con más o con menos intensidad en el lenguaje, pero eso no significa reemplazar las convicciones que tenemos respecto de un gobierno que ha tenido muchos desaciertos.
¿Cuál es su receta para la relación que debiera tener el PS con el Frente Amplio o apuesta más bien a un mayor entendimiento con el Socialismo Democrático?
Tiene que haber un entendimiento con el Frente Amplio, o sea, ellos mismos se declaran socialistas. Espero que no siga la tesis que tuvieron de reemplazar al PS. Esto se alentó en un momento, surgió con mucha fuerza, y creo que el tiempo ha ido colocando las cosas en su lugar. No quiere decir esto que no compitamos en las elecciones futuras, pero sin perder el sentido de partidos cercanos con propósitos comunes. En lo táctico, en el corto plazo, nuestra alianza debe ser lo más amplia posible, incluidos los comunistas en cuanto a la agenda legislativa.
¿La tesis del reemplazo de la que usted habla ha ido debilitándose con el tiempo?
Hay lugares del país en donde actores políticos de nuestro sector han reflejado en el gobierno pasado que se sentían acorralados u hostilizados por conductas locales de gente del mundo del Frente Amplio. Pero yo creo que eso, a seis meses del nuevo gobierno, se ha ido desvaneciendo.
La nueva presidenta del Frente Amplio ha planteado la necesidad de avanzar en una coalición. ¿Comparte esa idea?
No, falta todavía, faltan algunas temporadas de maduración, porque si no pudimos ser coalición hasta hace seis meses no se puede invocar eso ahora solo producto de que estamos en la trinchera de la oposición. Esto se va a poner a prueba necesariamente en dos años más, cuando venga el primer evento electoral, que es la elección de autoridades locales y regionales.
¿Qué falta para una coalición de la centroizquierda?
Ojalá que en eso haya un sentido yo diría de humildad y de aprendizaje. La suma de las marcas no dio resultado. O sea, no se puede pensar que la unidad es por las siglas que se aglutinan y que dan por efecto el éxito. Para lo que viene es más indispensable que nunca que las alternativas de liderazgo partan de la base de que el Socialismo Democrático tiene que llevar carta presidencial.
¿No es el expresidente Gabriel Boric el candidato natural de la izquierda?
No hay candidato natural ni de derecha ni de izquierda a seis meses de iniciado el actual gobierno. Esto está todo por verse. Nos equivocamos el 2017 con Alejandro Guillier, nos equivocamos el 2021, primero con Paula Narváez y luego con Yasna Provoste, y luego con Jeannette Jara el 2025. Aquí se requiere un giro, una inflexión en la política que permita que el mundo socialista se visibilice, tome fuerza en su liderazgo y lleve candidatura presidencial propia al 2029.
Hay una parte del PS que sostiene que el gobierno de José Antonio Kast es un gobierno de ultraderecha con el cual no hay que conversar. ¿Cuál es su postura?
Que es de ultraderecha, lo es. Eso está claro y el Foro Madrid lo demostró. Pero otra cosa es negarse a hablar, porque hablar no significa entregarse ni venderse, significa conversar si hay puntos en común, porque si no, no tiene sentido que exista el Parlamento. Tener una postura negacionista a priori no contribuye a generar propuestas ni alternativas que la gente espera del mundo socialista. Ser oposición no es una condena a rechazar el diálogo con el gobierno, esa es una obligación política que la gente espera que surja para levantar alternativas de cómo solucionar sus problemas.
Un sector del PS demanda una postura más confrontacional con el gobierno…
La tesis de negar todo y no conversar nada no es satisfactoria para la ciudadanía. La ciudadanía no premia al que solo se opone, sino a quienes teniendo fuerza para oponerse en lo que corresponde, que son muchas cosas con lo malo que lo ha hecho el gobierno, tenga capacidad de diálogo y al menos de buscar si es que existen grados de acuerdo posible. El PS es capaz de armonizar esto. El PS no está dividido entre duros y blandos.
Cuando usted trató de conversar con el gobierno por la megarreforma, la oposición interna fue fuerte y clara de parte de un sector del PS que logró imponerse…
Lo vi de otra manera. Se demostró que el PS tiene voluntad de conversar, pero no de transar aspectos que son de sus convicciones más íntimas, y eso es natural. Nadie en un diálogo está obligado a tener que entregar nada que no corresponda a un bien superior.
La oposición no ha capitalizado en estos seis meses respaldo ciudadano y los retrocesos del gobierno se han originado más bien en errores propios…
Llevamos seis meses de gobierno, no más, tampoco hay que entusiasmarse con esto de que se dé vuelta la tortilla. A la oposición hay que darle un poquito de tiempo para que se vaya rearmando y lograr perfilar, probablemente de aquí al próximo año, propuestas que permitan estar a tono con este desafío.
Para las futuras elecciones del PS parece estarse gestando un consenso en torno al nombre del exministro Álvaro Elizalde. ¿Cómo ve usted el escenario interno?
La elección del PS está abierta. Lo más importante es la pregunta ¿para dónde queremos llevar al PS? Creo que al PS hay que llevarlo a una visibilización de su proyecto, a una alianza y entendimiento con el Socialismo Democrático y el Frente Amplio, y a tener una candidatura presidencial propia.
¿Y Elizalde da garantía de esos tres factores que plantea?
Hay muchos liderazgos que pueden dar las mismas garantías.
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