Política

Manuel Antonio Garretón: “Tiene que haber una transformación muy profunda de la izquierda”

El sociólogo y premio nacional de Humanidades es enfático al señalar que el progresismo no tiene modelo ni proyecto político de futuro, porque sigue anclado en una visión de sociedad posindustrial que ya no existe, y que sin una refundación total no hay destino para la izquierda.

29/04/2026 - MANUEL ANTONIO GARRETON. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

A casi dos meses del término del gobierno de Gabriel Boric, el sociólogo, politólogo y premio nacional de Humanidades Manuel Antonio Garretón hace un balance positivo de la gestión del exmandatario, pese a la férrea oposición que, a su juicio, enfrentó desde un inicio y que incluso lo hizo recordar en cierta forma a la que enfrentó Allende al principio de su mandato.

Para él, el principal problema del progresismo es otro. “Más allá de lo que haya hecho o dejado de hacer la izquierda en su paso por el gobierno, el principal desafío que enfrenta el mundo progresista es tener la capacidad de resolver los problemas de manera muy práctica, pero no convertirlos en pura cuestión de política pública, sino que tienen que estar orientados hacia un horizonte que sea capaz de darle sentido más allá de las medidas concretas que se van tomando, que le dé un sentido a la gente”, asevera.

Por eso, advierte, es indispensable y urgente una refundación total de la izquierda.

Desde la perspectiva del desafío para la izquierda de construir un nuevo proyecto político, ¿qué impacto tuvieron los cuatro años del gobierno de Boric?

El problema no es tanto de políticas públicas, esas existen. Lo que no existe es la idea de juntar, como en otra época, emociones, subjetividades, necesidades y horizontes, de manera relativamente organizada y que se expresen en decisiones políticas, en las urnas, en el caso de la democracia. Lo que hay es un problema de proyecto político. Habría que partir preguntándose qué son hoy los proyectos progresistas. Ahí hay un problema muy grande y es que estamos en presencia de algo enteramente distinto. Estamos en el comienzo de nuevas formas civilizatorias a las cuales todavía no estamos acostumbrados, porque todavía vivimos con los esquemas de la sociedad anterior que ya no existe como tal. A esta nueva sociedad posindustrial globalizada ya le han dado algunos nombres: sociedad digital, de la informática, otros la llaman la sociedad del cansancio, otros la sociedad líquida. Otra cosa es que el modelo de desarrollo todavía predominante sea el capitalismo. Pero el modo de producción ya no es el mismo. Es una nueva sociedad, con patrones distintos, básicamente sin instituciones, con un componente de horizontalidad enorme, que hace que todo lo que sea principio de autoridad tienda a diluirse. A esto se suma que todavía están los problemas de la sociedad industrial que conocíamos: pobreza, desigualdad, los problemas de la democracia, acentuados con el quiebre de la relación que existía entre Estado, partidos, movimiento social y ciudadanía. En ese sentido, ¿desde dónde se constituye hoy un proyecto político?

En estos días ha sido evidente la disyuntiva que vive el progresismo, con un oficialismo a pocos votos de alcanzar la mayoría en el Congreso, por lo que puede avanzar sin requerir a la izquierda. ¿Qué actitud se debe tomar: atrincherarse en los principios a riesgo de caer en la irrelevancia o buscar acuerdos con el gobierno para tratar de incidir?

Estamos en presencia de una derecha claramente distinta y que ha adoptado la posición más dura, pero que ha estado siempre presente desde la dictadura y que, fundamentalmente, plantea como resolución política el tratamiento de shock. Como no le va a resultar totalmente, lo que va a empezar a aparecer son las tendencias más autoritarias que estuvieron ocultas durante la campaña de Kast. En cada una de las distintas medidas que están en esto que se llama la megarreforma hay una deriva autoritaria. Frente a eso, la cuestión central para las oposiciones es constituirse en un proyecto que plantee una crítica a las actuales cuestiones que se están haciendo desde la derecha, pero que, sobre todo, se proyecte. Que ofrezca no solo respuesta, sino también un relato que enlace con las emociones de la ciudadanía. Lo que tiene que hacer el progresismo es darle un sentido al conjunto de medidas que propone y, al mismo tiempo, mostrar que eso no es posible sin un horizonte. Y eso es lo que ha fallado.

¿Y por qué ese relato fue perdiendo terreno?

Porque seguimos pensando en los términos tradicionales. Estamos en una sociedad en que ese relato ya no da cuenta de los problemas. Porque no es la sociedad capitalista industrial en la cual estaba claro el tema fundamental del trabajo, estaba claro el problema fundamental de las clases sociales, de las desigualdades. Hoy día tenemos, insisto, una sociedad muy distinta.

La oposición sigue apelando a un relato que ya no existe. ¿Cuánto, por ejemplo, puede calar el discurso de que la megarreforma presentada por el gobierno favorece a los más ricos?

Ahí hay un problema. La derecha no tiene otro proyecto que ese. Los problemas que enfrenta la sociedad, la derecha tiende a resolverlos por las vías más autoritarias posibles. Por ejemplo, el tema de la migración. Ese discurso de la extrema derecha sí caló en la ciudadanía. Y caló porque acudió fundamentalmente al tema de la incertidumbre y el miedo. En el caso de la izquierda, todavía no se ha desarrollado el discurso que cale, es decir, que junte un horizonte con las nuevas emociones. Tiene que haber una transformación muy profunda de la izquierda. Por el momento, no le queda otra que oponerse, y yo creo que tiene por delante dos años sin elecciones, en que la izquierda tiene que hacer oposición a los proyectos del gobierno que no calcen con las ideas permanentes que ha tenido la izquierda, y no tiene mayoría, pero puede proponer cosas. Pero lo importante es que no se quede ahí, sino que construya su propio proyecto, su propia visión. En otra época era el desarrollo con igualdad, el socialismo, después fue la democracia solamente. Hoy día lo que falta es ese horizonte.

¿Ve en la izquierda un esfuerzo de reflexión genuino para salir del atolladero en el que están?

En estos dos primeros años lo menos importante es empezar por la autocrítica. Para eso hay tiempo. Lo realmente importante en este primer momento es concentrarse en definir cuál es tu rol como oposición. Y, luego, junto con la autocrítica, concentrarse en repensar la forma de los partidos, las relaciones que se establecen con los territorios, el hecho de que haya dos o tres almas en el sector. Por qué tiene que ser así, son almas heredadas, pero no necesariamente son las del futuro.

29/04/2026 - MANUEL ANTONIO GARRETON. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Usted dice que a la oposición ya no le basta con ser contestataria y con endurecer el tono de rechazo frente a las iniciativas del gobierno, sino que requiere de un proyecto propio…

Esto, a mi juicio, es central. Ya se está produciendo un encuentro, que es complicado, porque cada uno tiene su propia personalidad, de todos los centros de pensamiento del mundo progresista. Por qué no va a ser posible avanzar en eso, si la derecha lo hizo, creó su propio ecosistema.

¿Por qué la izquierda no ha podido hacer eso?

Porque la izquierda, te insisto, todavía no ha asumido el hecho de que no estamos en la sociedad industrial, que estamos en otra sociedad, en la cual las cosas tienen otro tipo de complejidades.

Y frente a una sociedad que es distinta a la que estábamos acostumbrados, ¿tiene sentido reivindicar a estas alturas la figura de Lenin como lo acaba de hacer el Partido Comunista?

Mira, yo creo que es un error. Porque, incluso, lo que ellos han dicho es que básicamente no están en la cuestión de la dictadura del proletariado. Sino en la forma de pensar la política. Pero eso no es algo central. Supongo que ya no piensan en la revolución. Lo paradójico es que revoluciones están ocurriendo día a día. Aquí hubo una revolución digital, hubo una revolución tecnológica, hubo una revolución en la sociedad, pero sin el método revolucionario. Entonces, lo que tú tienes que pensar es ¿cómo manejas eso? ¿Cómo controlas componentes de transformación muy profunda que no vienen de la política y tienen su dinámica propia? Ese es el gran desafío.

29/04/2026 - MANUEL ANTONIO GARRETON. Foto: Mario Tellez MARIO TELLEZ

Hoy día el progresismo está apostando sus fichas a mantenerse lo más unido posible, pero sin hacer el esfuerzo por replantear un proyecto político, ¿ve viable ese camino?

Tiene que mantener la unidad. La unidad para enfrentar actualmente al gobierno. Pero al mismo tiempo tiene que tener una actividad que no es estrictamente de oposición, sino que es el rol de construcción de una nueva alternativa para Chile. Aquí el problema es que no basta con la respuesta política del día a día. Tienes que hacerla, es fundamental, porque es una manera de ligarte, además, a la gente. Pero también tienes que ir pensando en formas a futuro, como lo ha hecho la derecha.

El PS, como partido socialdemócrata, ¿está jugando una apuesta que es riesgosa al mantenerse unido al PC y al FA?

No lo veo así. Creo que van a encontrar caminos comunes. No los han encontrado totalmente ahora, pero se han planteado eso como meta y eso es súper importante. Además, entendamos bien, qué partido hoy, del mundo de la izquierda, no es socialdemócrata. Algunos pueden ser más radicales, otros menos. Unos más gradualistas, otros menos. Pero la diferencia, lo que hacía distinta a la socialdemocracia de lo que era, digamos, la izquierda más radical, era básicamente la idea de revolución. Y en la medida en que tú no tienes idea de revolución y la democracia pasa a ser la base ya no tienes esa diferencia.

Trump, Milei y otros líderes de la derecha más dura en el mundo hablan sin tapujos de la urgencia de ganar la batalla cultural, ¿por qué en el progresismo chileno pareciera no ser prioridad?

En el caso chileno tengo la impresión de que durante mucho tiempo la izquierda pensó que no era algo necesario. ¿Por qué ibas a dar una batalla cultural? Si la cultura chilena era de centroizquierda. Ahora tú te das cuenta de que lo que uno podría llamar el ecosistema cultural es, en el mundo y en Chile, de derecha. Entonces, lo que la izquierda debe plantear fuera del rechazo, de la crítica a eso, es cuáles son los valores y cómo se introducen esos valores nuevos en una sociedad que ya no quiere cosas codificadas, normalizadas, sino que prefiere la pasión de la subjetividad, de los intereses personales. Para eso, la izquierda no estaba preparada.

La izquierda tiene que dar cuenta de los cuatro o cinco millones de votantes que se incorporó en forma obligatoria y que, probablemente, hubiera votado por un centro político si este existiera. De hecho, ahí radica la importancia de lo que hizo Parisi. Una izquierda que no tiene centro político con el cual pueda desarrollar su proyecto propio, con la que pueda negociar, no sirve. Y si no hay un centro político, es la izquierda la que tiene que hablar en un lenguaje que le llegue a esa gente, y eso significa que tiene que decir algo muy distinto a lo que siempre dijo. Eso significa la refundación de la izquierda.

¿Cree que con la última presidencial la izquierda chilena aprendió la lección?

No sé si se aprendió. Pero si no se ha aprendido, no hay destino para la izquierda.

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