Política

“¡Qué desastre!“: la cadena de errores que enredó al proyecto de Sala Cuna e hizo fracasar el plan para ganar con un voto

Un viaje al exterior al que no se le cursó debidamente un permiso constitucional y una ida al baño de un senador se tradujeron en un revés legislativo del ministro del Trabajo, Tomás Rau. De hecho, se rechazó la fórmula de financiamiento, que era el corazón de su propuesta. A juicio de algunos senadores del oficialismo, el gobierno debe repensar su estrategia de tratar de ganar con los votos justos.

Los ministros Tomás Rau, María Paz Arzola y José García Ruminot. Dedvi Missene

A pesar de que el ministro del Trabajo, Tomás Rau, dijo anoche en términos metafóricos que prefería ver “un jardín de flores” y “no la maleza”, al analizar la discusión del Senado sobre el proyecto de Sala Cuna Universal, un mal sabor quedó en el oficialismo tras la sesión.

Si bien la Cámara Alta logró dar un paso histórico al despachar al siguiente trámite una iniciativa que llevaba años estancada, la oposición -que se ciñó a una estrategia liderada por la senadora Yasna Provoste (DC)- le propinó un par de golpes duros al texto promovido por Rau.

En primer lugar, gracias a descolgados y errores del oficialismo, se aprobó una indicación de Provoste, resistida por el ministro, que le concedía la titularidad del derecho de sala cuna a los menores de edad, en vez de sus padres trabajadores.

Claudio Cavalieri

No obstante, el principal golpe fue el rechazo a la fórmula de financiamiento del Fondo de Sala Cuna con cargo al seguro de cesantía. El mecanismo, a juicio del secretario de Estado, evitaba generar más cargas a las empresas para la contratación de mano de obra.

Aunque el Ejecutivo contaba con una mayoría hipotética para aprobar este artículo, por una descoordinación dentro del oficialismo, no se cursó debidamente un permiso constitucional del senador Sebastián Keitel (Evópoli), lo que habría bajado el quórum de aprobación. Por ello, en la votación separada solicitada por la misma senadora DC, la norma se cayó al no lograr los 26 respaldos en el hemiciclo.

Tras la sesión, Provoste apuntó directamente contra Rau, ya que su estrategia de aprobar los artículos con los votos justos fracasó.

“El resultado de esta tramitación muestra también la falta de oficio del propio ministro del Trabajo, que durante todo este tiempo no fue capaz de allanarse, de conversar, de dialogar, sino que lo que quiso fue imponer permanentemente un mal proyecto a este Senado”, dijo la legisladora falangista.

El punto restregado por Provoste caló en el oficialismo, donde varios senadores vienen sosteniendo hace meses que la estrategia de “pasar máquina”, según la jerga política, tiene un alto riesgo y puede terminar pasándole la cuenta al Ejecutivo, ya que por un imprevisto, una ausencia no alertada o incluso un senador que vaya al baño en un mal momento, puede incidir en un revés legislativo.

Una de las que ha advertido este riesgo es la misma presidenta del Senado, Paulina Núñez (RN), quien en su momento convenció al ministro de Hacienda, Jorge Quiroz, quien era el principal promotor de la estrategia de ganar por un voto, de que se sentara al menos a conversar para ver ajustes para la megarreforma.

Al reflexionar por lo ocurrido este martes, Núñez insistió en su punto. “Un acuerdo amplio es lo único que permite que no dependamos de un voto y las normas se aprueben”, dijo.

Agregó que siempre un acuerdo será mejor que el rechazo de la norma producto de un “error o una descoordinación”.

A juicio del senador Gustavo Sanhueza (UDI), presidente de la Comisión de Educación, dijo que “las votaciones que perdimos son por errores no forzados nuestros”. En esa línea, con cierto espíritu deportivo, elogió el rol como adversaria de Provoste. “Ella está dirigiendo la oposición y lo está haciendo muy bien, tiene ordenado a su sector y también al Socialismo Democrático, a quienes está dirigiendo en las votaciones. Ella mantuvo alineado a todo el sector de la oposición con un gran liderazgo”, señaló.

El permiso mal cursado

En el caso del rechazo al financiamiento, algunos senadores oficialistas apuntaban al papel del Ministerio Secretaría General de la Presidencia, que dirige José García Ruminot (RN), ya que su cartera es la encargada de contar los votos.

Si bien la Segpres estaba informada desde temprano del viaje de Keitel, su ausencia era subsanable, ya que bastaba que ingresara un permiso constitucional por salida del país, con lo que el quórum de aprobación bajaba de 26 a 25 votos.

Según la versión que entregó el equipo del senador de Evópoli, el correo había sido enviado temprano, por lo que en el mismo oficialismo se confiaron en que el tema estaba resuelto.

Sin embargo, la presidenta del Senado no había sido alertada.

De hecho, antes de que comenzaran las votaciones de los artículos con quórum, la subsecretaria de la Segpres, Constanza Castillo (RN), hizo una consulta a la mesa de la Cámara Alta, donde se le comunicó que el documento no había llegado.

Ahí comenzó un proceso de revisión de cuentas institucionales, incluso de WhatsApp, pero el permiso no fue encontrado en los canales oficiales.

Solo una vez que se votó la norma sobre el financiamiento, se halló el correo perdido en una casilla, pero no tenía la formalidad requerida, por lo que se le pidió al equipo de Keitel que lo reingresara, a pesar de que ya era tarde para salvar la fórmula de financiamiento.

El problema es que antes del rechazo de la norma no saltaron las alertas. En primer lugar, el permiso no se puso en la cuenta que fue oída por todos los senadores y ministros presentes. Sin embargo, nadie se percató, por lo tanto, en el mismo gobierno y en el oficialismo creen que las responsabilidades son compartidas, desde el mismo equipo de Keitel, pasando por su bancada (Evópoli) y de las otras autoridades.

“Primero, acá la responsabilidad de estar en cada votación es de cada parlamentario. No es de un ministro. Acá cada uno sabe la responsabilidad que tiene... Yo desconozco, pero sin duda seguramente el senador Keitel debe tener algún motivo muy justificado para no haber estado el día de ayer. Pero lamentablemente, yo creo que ahí el ministro García también va a tener que evaluar cómo quizás robustecer su equipo”, comentó la senadora Camila Flores (RN).

“Lamentablemente, por circunstancias que voy a averiguar, llegó tarde la solicitud de permiso constitucional… Pero sabíamos nosotros que enfrentábamos esta dificultad y esperamos corregirla en la Cámara de Diputados”, dijo el ministro García el martes en la noche.

La salida al baño

El revés por financiamiento tuvo, además, otro incidente previo, también propiciado por la misma Provoste, quien logró que se aprobara su indicación para que los titulares del derecho a sala cuna fueran los menores.

“Los niños y niñas menores de dos años, hijos o hijas de personas trabajadoras, o respecto de quienes ejerzan el cuidado personal, tendrán derecho a acceder a salas cunas”, dice la propuesta de la legisladora falangista y de las senadoras Beatriz Sánchez (FA), Karol Cariola (PC) y Claudia Pascual (PC).

El ministro Rau se opuso a esa enmienda, ya que —a juicio del Ejecutivo— se inmiscuía en facultades exclusivas del Presidente de la República al generar un beneficio amplio, cuyo alcance fiscal no estaba debidamente calculado.

En respuesta, Provoste dijo que la indicación “no aumenta el universo de beneficiarios previstos en el proyecto”.

Tras la presentación de argumentos, se procedió a votar la admisibilidad de la enmienda, que mostró un sorpresivo apoyo del senador Andrés Longton (RN), cuya definición sobre la hora fue dirimente para que se aprobara por 24 votos a favor y 23 en contra. Sin embargo, se trataba de un error. Al iniciarse la votación, Longton volvía del baño y votó a favor, creyendo que apoyaba la postura de La Moneda.

Dado que aquella definición no se podía deshacer, se procedió a votar el fondo de la indicación. A mayor sorpresa de los presentes, la norma tuvo incluso más respaldos, con 25 a favor y 22 en contra. A pesar de que esta vez Longton votó en contra, alineado con el gobierno, en subsidio, la enmienda de Provoste sumó los respaldos de los senadores Matías Walker (indep. asociado a Evópoli) y Rojo Edwards (indep. RN).

Fue en ese episodio, al hacer una reserva de constitucionalidad, cuando al ministro Rau se le escuchó la frase: “¡Qué desastre!“. Él mismo lo definió como un exabrupto desafortunado, ya que no se percató de que el micrófono estaba abierto.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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