La deuda pública de los países de América Latina

La de Chile está en máximos desde 1991, pero es casi irrisoria en comparación a la de Japón o Venezuela.




Hasta hace un par de años, hablar de la deuda de Chile no era tema. Y no era tema básicamente porque no suponía un ningún tipo de problema y hasta era motivo de orgullo entre los expertos locales porque Chile se encontraba en una situación excepcional de acreedor neto.

Eran otros tiempos.

Pero ahora todo cambió y el tema sí importa a la luz de los mayores recursos fiscales para enfrentar la crisis del Covid y que se suman a las mayores demandas sociales surgidas a partir del 18 de octubre de 2019.

La deuda púbica de Chile ha ido aumentando progresivamente en los últimos años y se ubica en su nivel más alto desde 1991. Exactamente, de acuerdo al Banco Central, alcanza al 32,5% del Producto Interno Bruto y se compara con el mpinimo histórico de 3,9% que registró en 2007.

Solo en 2020, el gasto público se expandió a un ritmo de 10,5% respecto al 2019.

El tema de la deuda no es baladí ya que su aumento eleva la carga de los intereses que paga cada año el fisco y, paralelamente, afecta la clasificación de riesgo del país. Y a mayor riesgo, más caro le resulta a Chile financiarse en los mercados externos.

Y eso lo terminamos pagando todos los chilenos al final del día ya que suben las tasas de los créditos.

De ahí la preocupación.

La parte buena de todo esto es que la posición de Chile sigue siendo de privilegio frente a las principales economías del mundo y también de la región. La deuda local de 32,5% del PIB es casi irrisoria en comparación a la que tiene Japón (uno de los países más ricos del mundo) y que llega a 256% del PIB. O la de Venezuela, que asciende a 304% del PIB, siendo la más elevada de todo el mundo.

Entre nuestros vecinos, Chile tiene la deuda más baja, aunque es muy similar a la que tiene Perú y Paraguay. En América Latina y El Caribe, sólo Haití (25,1%) y Guatemala (31,7%) tienen niveles de deuda más bajos.

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