Multitasking, o ser bueno en todo (nada)

"Llevamos décadas donde el “all in one” ha sido una de las tendencias en el mundo de los negocios. Desde los relojes-agenda de los años 80 hemos terminado con dispositivos que prácticamente no tienen límites en sus funcionalidades".




No han sido pocas las veces en los últimos meses en que he escuchado que las empresas buscan personas que sean “multitasking”. Cuando traté de entender qué se entiende bajo ese concepto la explicación fue: “que sea bueno en todo”, que no es lo mismo que la capacidad de llevar a cabo distintas tareas de forma simultánea.

El neurocientífico del MIT, Earl Miller, quien ha investigado el tema por años, afirma que hacer muchas cosas a la vez es una falacia, y lo que realmente significa es que estás saltando de una a otra. Las consecuencias de aquello son preocupantes, ya que el poco tiempo dedicado a esa tarea específica impide que la persona recuerde y, por ende, aprenda de la experiencia y de los errores cometidos. En otras palabras, entra menos información al cerebro y, la poca que logra entrar, no se retiene.

Incluso, la búsqueda de este tipo de perfiles por parte de las empresas puede llegar representar una amenaza, según Miller. “No trates de ser multitasking. Arruina la productividad, aumenta la probabilidad de cometer errores e impide el pensamiento creativo. Los seres humanos tenemos una capacidad limitada de pensamientos simultáneos”, declaró en una entrevista.

Lo anterior afecta la capacidad de predecir eventos y utilizar experiencias anteriores. Es como hablar o chatear mientras uno va conduciendo: la atención disminuye y el riesgo de tener un accidente aumenta considerablemente.

El contexto actual en que se desenvuelven las organizaciones deja poco margen de error para los accidentes o errores no forzados, por lo que promover como cultura el multitasking puede convertirse en una amenaza que reste la importancia que tienen los espacios de reflexión.

Por el contrario, “ser bueno en todo” o tener múltiples capacidades permite a la persona resolver problemas y enfrentar desafíos de diversa índole, pero no necesariamente al mismo tiempo. Un tipo de inteligencia, sin duda, cada vez más valorada en el contexto actual de los negocios y que implica una serie de otros elementos más relacionales y técnicos de la persona.

Llevamos décadas donde el “all in one” ha sido una de las tendencias en el mundo de los negocios. Desde los relojes-agenda de los años 80 hemos terminado con dispositivos que prácticamente no tienen límites en sus funcionalidades. Mientras más funciones cumpla, más inteligente, una premisa que se aplica a los dispositivos, pero no a los seres humanos.

No caer en la tentación de “dispositivar” a los colaboradores, promoviendo las directrices y el entorno necesario para que tanto ellos como los líderes puedan priorizar y enfocarse en lo importante y no en lo accesorio. De lo contrario existe el riesgo de terminar dirigiendo a la organización con la técnica del malabarismo.

** La autora es socia directora de Humanitas/ Cornerstone International Group

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