¿Y dónde está la inflación?
Por Felipe Ruiz Saldivia. Los precios de activos anticipan que este escenario de baja inflación perduraría por un tiempo prolongado.
Corría marzo de este año, y las proyecciones de consenso y del Banco Central apuntaban a una inflación a diciembre de 2017 en torno a 3%. Hoy las estimaciones más optimistas no superan el 1,8% y los precios de activos incorporan una inflación bajo 1,5% para este año. ¿Qué pasó en el camino? Hubo factores predecibles, entre ellos, la caída en el tipo de cambio y la evolución en precios de bienes.
Lo impredecible o sorpresivo, sin embargo, ha sido el comportamiento en precios de alimentos. Los precios de frutas y verduras, por ejemplo, muestran un comportamiento contrario a lo habitual, principalmente a partir del segundo trimestre. En promedio, los precios de alimentos aportan un 1% a la variación anual de la inflación. Actualmente ese aporte es 0%, el menor nivel en la actual década.
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En una ocasión anterior, ya advertimos sobre la elevada ponderación de la división de alimentos en la canasta del IPC en comparación a economías desarrolladas. Ello genera un mayor riesgo de error en la proyección, dada la volatilidad y la dificultad de monitorear estos precios. Esta brecha comenzaría a disminuir en la medida que los patrones de consumo se acerquen a aquellas economías de PIB per cápitas mayores. Más allá de consideraciones metodológicas, la inflación ha mostrado un descenso marcadamente superior a lo previsto durante este año.
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En respuesta, los precios de activos anticipan que este escenario de baja inflación perduraría por un tiempo prolongado. Ello podría abrir oportunidades en las curvas reales, ante la posibilidad de reversión de la tendencia inflacionaria hacia el próximo año. En 2018, la trayectoria prevista apunta a una variación anual de la inflación bajo el 2% en la primera mitad del año, pero luego comenzaría a elevarse rápidamente hacia el segundo semestre. Si bien surge algún espacio de recorte en la tasa de política monetaria en el corto plazo, ello sería de carácter breve y el proceso de normalización monetaria comenzaría antes de lo incorporado en precios de activos.
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Coherente con un escenario de mayor dinamismo económico, las brechas de capacidad de la economía comenzarían a cerrarse hacia la segunda mitad del 2018, en línea con el repunte inflacionario previsto. Si bien existen escenarios de riesgo, quizás es la oportunidad para atreverse nuevamente con la renta fija local, luego de un año de altas sorpresas en la inflación y en la conducción monetaria.
*El autor es economista de BCI Estudios.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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