Economía chilena retrocede en primer trimestre y expertos reafirman un PIB bajo 2% en 2026
De acuerdo al Banco Central, en el primer trimestre el Producto Interno Bruto (PIB) cayó 0,5%, su primera caída desde el segundo trimestre del 2023. Asimismo, la inversión anotó una fuerte desaceleración.
La actividad económica este 2026 comenzó definitivamente con viento en contra. Si al conocer el Imacec de marzo de -0,1% el primer trimestre caía 0,3%, ahora, al conocer el informe de Cuentas Nacionales del Banco Central, ese registro se amplió a una contracción del Producto Interno Bruto (PIB) de 0,5%, su peor cifra para un enero-marzo desde 2009, en plena crisis subprime.
De acuerdo al Banco Central, este resultado se explicó en gran parte por el comercio exterior, el cual registró una disminución de las exportaciones y un aumento de las importaciones.
La demanda interna, en cambio, aumentó 2,1% en línea con el crecimiento del consumo de los hogares y la formación bruta de capital fijo. El primer trimestre registró el mismo número de días hábiles que el año anterior, con un efecto calendario nulo para el período.
Así, en el detalle, el consumo de los hogares aumentó 2,5%. La principal contribución al resultado fue un mayor consumo de servicios, en particular de salud, transporte y restaurantes y hoteles. Adicionalmente, este resultado se vio incidido positivamente por el gasto en turismo.
En menor medida, tanto el gasto en bienes no durables como durables también aportaron positivamente. En el primero, destacaron las compras de alimentos y vestuario y, en el segundo, el gasto en automóviles.
El consumo de gobierno, por su parte, creció 3,0% como consecuencia de un mayor gasto en salud.
La inversión creció 3,2% mostrando una desaceleración en comparación a los trimestres anteriores y es, además, el menor registro desde el primer trimestre del 2025. En el desglose de esta variable, el desempeño de la inversión en maquinaria y equipo tuvo un alza de 10,1%, mientras que construcción y otras obras cayó 0,9% reflejo de una caída en la edificación. Adicionalmente, el período registró una menor acumulación de existencias, las que alcanzaron un ratio anual de -0,2% del PIB.
Respecto del comercio exterior, las exportaciones de bienes y servicios retrocedieron 4,9%, mientras que las importaciones aumentaron 2%, ambas con un efecto negativo en la actividad económica. Asimismo, las exportaciones de bienes decrecieron como resultado de menores envíos frutícolas y de cobre. Compensaron en parte lo anterior, los envíos industriales de alimentos y químicos. En tanto, las exportaciones de servicios cayeron, incididas principalmente por el gasto en turismo. Por otro lado, las importaciones de bienes crecieron por mayores internaciones de aparatos eléctricos y electrónicos, de equipos de transporte y de petróleo crudo. Las importaciones de servicios también aumentaron, destacando el gasto en turismo.
El ingreso nacional bruto disponible real presentó un crecimiento de 4,3%, resultado que fue mayor al exhibido por el PIB, lo que se explicó por el efecto positivo de los términos de intercambio.
Mientras que el ahorro bruto total ascendió a 22,5% del PIB en términos nominales, compuesto por una tasa de ahorro nacional de 24,5% del PIB y de un ahorro externo de -1,9% del PIB, correspondiente al superávit en cuenta corriente de la Balanza de Pagos.
Por sector económico
Las principales actividades que contribuyeron al menor nivel del PIB fueron agropecuario-silvícola, minería, industria manufacturera y pesca. En cambio, al alza lo hicieron, principalmente, los servicios personales .
Así, la caída de 5,4% de la actividad agropecuario-silvícola se explicó, principalmente, por una menor producción frutícola; el resto de las actividades también disminuyeron, con la excepción de la ganadería. Descontada la estacionalidad, la actividad presentó una desaceleración en el primer trimestre.
La actividad agrícola retrocedió en línea con la producción de cultivos anuales, en particular de papas y cereales. El desempeño de la fruticultura reflejó una menor producción de uva de mesa, la que obedeció a factores climáticos adversos. La producción de manzanas y carozos también disminuyó, acentuando el resultado de la actividad. La ganadería aumentó marginalmente, registrando resultados contrapuestos. La producción de leche y huevos aumentó, mientras que la de aves y bovinos se redujo.
El segundo que más cayó fue la actividad minera que disminuyó 3,1%, en línea con una contracción de la producción cuprífera. En contraste, el resto de la minería creció, favorecida por la extracción de litio, oro y plata. En términos desestacionalizados, la actividad del primer trimestre cayó en el margen.
La industria manufacturera, a su vez, disminuyó 2%; la principal contribución al resultado fue la elaboración de alimentos. El resto de las actividades exhibió resultados contrapuestos; destacó el aumento de la industria de productos metálicos, maquinaria y equipos y la caída de la elaboración de minerales no metálicos y metálica básica Respecto del cuarto trimestre, la actividad disminuyó acorde a cifras con ajuste estacional.
Y la pesca decreció 18,6%, consistente con menores desembarques de peces; en cambio, la acuicultura aumentó, compensando en parte el resultado anterior. En términos desestacionalizados, la actividad disminuyó respecto al trimestre anterior. El retroceso de la pesca extractiva se explicó por una menor disponibilidad de recursos, en particular sardinas y jurel.
PIB bajo 2%
Dado este pobre inicio de año, las expectativas para el año son poco auspiciosas. Y ya el mercado asume que la economía ni siquiera llegará al 2%, ubicándose en la parte baja del rango del Banco Central que en marzo lo fijo entre 1,5% y 2,5%.
Para Santander, “las cifras apuntan a una economía más débil de lo anticipado, donde el deterioro continúa concentrándose, principalmente, en sectores asociados a la oferta y al comercio exterior, más que en una caída generalizada de la demanda interna. Sin embargo, estos resultados corresponden mayormente a un período previo al conflicto en Medio Oriente y a la escalada de precios internacionales”.
Mientras que Rodrigo Montero, decano de la Facultad de Administración y Negocios de la Universidad Autónoma, plantea que “la desaceleración de la inversión en el primer trimestre no es un fenómeno aislado ni sorpresivo. Responde a una combinación de factores que se han ido acumulando y que el contexto actual hace difícil revertir en el corto plazo. Por el lado de las razones puntuales, el escenario externo ha jugado un rol relevante.
“La contracción del PIB durante el primer trimestre de 2026 reduce significativamente la probabilidad de que la economía chilena crezca por sobre el 2% durante el año 2026, toda vez que se requeriría un crecimiento promedio superior a 2,8% anual durante los próximos tres trimestres del año. Por ende, esta cifra corrobora nuestra proyección de un crecimiento del PIB de 1,8% anual durante el año 2026”, afirma la economista del OCEC-UDP, Valentina Apablaza.
Misma visión entrega Felipe Alarcón, economista de Euroamerica, quien plantea que “dado estos resultados se corrige desde 1,7% a 1,5%. Tendría que venir una reaceleración muy potente como para pensar en un PIB más cerca de 2%”.
Nathan Pincheira, economista jefe de Fynsa, suma argumentos para pensar que el crecimiento este año estará bajo 2%. “No hay razones aún para pensar en un comportamiento muy distinto al visto, en promedio, a los últimos trimestres. Los indicadores adelantados no se han acelerado y si bien hay expectativas de mayor inversión, ésta no necesariamente se materializaría en 2026”, comentó.
De esta manera, plantea que “considerando la ratificación de las débiles cifras de inicio de año, incluso un par de décimas menor a lo que adelantaban los Imacec, la ajustamos desde 1,9% a 1,7%”.
Pavel Castillo, economista y gerente de Intelligence en Corpa, asevera que “lo que está pasando es un problema de fondo. Chile no crece por problemas estructurales que hace años varios economistas hemos advertido, como la rigidez del mercado del trabajo, altos costos de producción y energéticos, alza importante del costo de mano de obra, una política monetaria restrictiva y, en general, una visión de que el crecimiento está garantizado, cuando no es así. Por todo aquello se espera un PIB de 1,7%”.
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