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Tierras raras en Chile: los proyectos que podrían llamar la atención de EE.UU.

La declaración suscrita el jueves por el gobierno chileno y el estadounidense apunta a la seguridad de suministro de estos elementos químicos, indispensables para las nuevas tecnologías. Chile cuenta con tierras raras, aunque sus reservas hasta ahora son acotadas. Pero hay iniciativas en marcha para explotarlas o para desarrollar maneras de recuperarlas de los relaves mineros.

©franciscasantamariaphoto Francisca Isidora Santamaría Wi

En medio de la guerra comercial y tecnológica que mantienen los gobiernos de EE.UU. y China desde la primera administración Trump, uno de los factores que ha saltado al centro de esta disputa es el acceso a los recursos llamados críticos. Estos son aquellos insumos esenciales para la defensa, la transición energética y las tecnologías avanzadas, pero cuyo suministro enfrenta riesgos de escasez, concentración geográfica o de eventuales interrupciones.

En noviembre pasado, Washington declaró públicamente una lista de 60 recursos críticos, todos ellos minerales, entre los cuales destacan el cobre, litio, cobalto, plata, uranio, galio y germanio. Pero el que encabeza el listado son las denominadas “tierras raras” o rare earth elements, un grupo de 17 elementos químicos que se ha hecho indispensable para el avance tecnológico.

Chile posee tierras raras, pero hasta ahora no existe oficialmente un catastro de recursos a nivel nacional como para afirmar si podría o no ser un participante relevante en este mercado. Es más, hasta ahora sólo existen dos proyectos asociados a estos recursos de tamaño pequeño a mediano, o como se autodenominan: modulares.

Pese a su importancia en otros recursos críticos como el cobre o el litio, llamó la atención entonces que Chile suscribiera un documento con EE.UU. esta semana, referido a estos minerales. Titulado “Declaración Conjunta para el Establecimiento de Consultas sobre Minerales Críticos y Tierras Raras”, fue firmado este jueves 12 de marzo por el ministro de Relaciones Exteriores de Chile, Francisco Pérez Mackenna, y el vicesecretario de Estado de EE.UU., Christopher Landau.

La declaración plantea la realización de consultas en las próximas dos semanas para suscribir un acuerdo sobre la materia al cabo de ese plazo.

“Las consultas buscarán abordar el desarrollo de mecanismos que fortalezcan las cadenas de suministro de minerales críticos y tierras raras; la identificación conjunta de proyectos de interés para abordar brechas en las cadenas de suministro prioritarias; gestionar la chatarra de minerales críticos y tierras raras, con el fin de apoyar la diversificación de las mismas; y explorar mecanismos de financiamiento, tanto privados como estatales, para proyectos de inversión en minerales críticos”, dijo un comunicado sobre el documento.

Aunque la declaración deja abierta la conversación bilateral sobre cuáles otros minerales críticos se realizarán las consultas -se podría hablar también de cobre y litio, por ejemplo-, es explícito respecto al interés por las tierras raras.

Hay, pero no tanto...

Las tierras raras son relativamente abundantes en la corteza terrestre, pero las concentraciones explotables son menos comunes que la mayoría de los demás minerales. Y la producción del mineral utilizable es desafiante técnica y ambientalmente.

En el mundo hay 85 millones de toneladas en reservas de tierras raras y se producen 390 mil toneladas al año.

China posee, por lejos, las mayores reservas del mundo, con 44 millones, seguida con distancia por Brasil, con depósitos por 21 millones de toneladas, Australia (6,3 millones), Rusia (3,8 millones), Vietnam (3,5 millones) y Estados Unidos (1,9 millones), según el United States Geological Service (USGS).

En producción también domina China, con 270 mil toneladas, y segunda es la nación norteamericana, con sólo 51 mil toneladas.

Chile hoy no produce ni un gramo de tierras raras. Consultadas grandes empresas mineras, dicen que no tienen proyectos al respecto. Y un especialista en minería asegura que no se han detectado recursos de tierras raras que al menos se conozca en la industria, salvo en la Región de Biobío.

Allí existe un proyecto perteneciente a Aclara Resources, que posee un terreno de 600 hectáreas en medio de un bosque, que se quemó en el reciente incendio de Penco. De llevarse adelante, “Módulo Penco” produciría 811 toneladas anuales de óxidos de tierras raras. Esta inversión de US$175 millones está a la espera de su licencia ambiental, proceso que le ha sido dificultoso. Entre 2016 y 2023 pasó por cinco tramitaciones. Y tras reingresar su Estudio de Impacto Ambiental (EIA), hoy está en manos del Servicio de Evaluación Ambiental (SEA).

El propio director ejecutivo de Aclara, Ramón Barúa, señaló, eso sí, el 13 de enero, que confiaban en recibir “mucho apoyo” del gobierno entrante. Y esto fue ratificado el 22 de enero por el propio, en ese entonces, presidente electo José Antonio Kast, al visitar la zona incendiada: “Si este hubiese sido un proyecto viable en su momento, a lo mejor aquí podría haber habido mil o 2 mil fuentes de trabajo”, reclamó. El 30 de diciembre, el gerente general había asegurado que las obras del proyecto comenzarán a fines de 2026 de lograr su permiso ambiental.

Aclara es una empresa que cotiza en la Bolsa de Toronto, pero cuya propiedad es controlada por el grupo peruano Hochschild (55,9%) y un 10,1% es de la chilena CAP. Tiene proyectos en Brasil y Chile, y está construyendo una planta de separación de tierras raras en Louisiana, Estados Unidos, que debería ser abastecida por el mineral de Chile y Brasil. Sus acciones han subido casi siete veces desde inicios de 2025, cuando cotizaba en 0,5 dólares canadienses, hasta su máximo de 4 dólares al día siguiente de las declaraciones de Kast. Este viernes transaba en 3,34 dólares canadienses.

...Pero podría haber más

La otra iniciativa, en etapas aún más iniciales que la anterior, es la que pretende llevar adelante la empresa NeoRe -propiedad de los chilenos Fernando Sáenz (50%), Arturo Albornoz (25%), Sebastián Briones (14%), Gonzalo Camiruaga (9%) y Juan Pablo González (1,5%)- junto con la estadounidense Chilean Cobalt Corp., cuyo principal activo es un proyecto de cobalto (otro de los minerales considerados críticos por EE.UU.) llamado La Cobaltera, en la Región de Atacama.

La iniciativa, conocida originalmente como “La Marigen”, también se presenta como un proyecto modular. NeoRe cubre una zona de 22.800 hectáreas situada entre las playas de Cobquecura y Buchupureo y la comuna de Chanco, entre las regiones de Ñuble y Biobío. Allí ha estado realizando exploraciones en una superficie de 2.100 hectáreas, con perforaciones de 192 metros que “arrojan concentraciones de tierras raras de hasta 1060 ppm de Elementos de Tierras Raras Totales (“TREE”), y varias muestras de superficie que superan las 800 ppm”, aseguró Chilean Cobalt Corp en un comunicado hace una semana.

El 20 de enero, el embajador estadounidense en Chile, Brandon Judd, se reunió con los ejecutivos de Chilean Cobalt Corp, calificando sus proyectos como un eslabón vital para asegurar “cadenas de suministro seguras” hacia EE.UU.

También hay otros intentos de desarrollo de tierras raras, a los que se les dio el puntapié inicial en enero pasado.

Corfo adjudicó tres proyectos para el desarrollo de tecnologías que permitan extraer tierras raras y cobalto de relaves mineros. Chile cuenta con 795 depósitos de relaves con más de 1.000 millones de toneladas de residuos donde se hallaría este tipo de elementos químicos.

Para la indagación de tierras raras en relaves, Corfo adjudicó el proyecto “Pilotaje y desarrollo de tecnologías para la recuperación sustentable” a dos consorcios que operarán de forma complementaria: uno liderado por la misma empresa NeoRe, con participación de Enami, donde la corporación estatal aporta US$4 millones y el consorcio US$1 millón; y otro encabezado por el Centro Nacional de Pilotaje (CNP, una corporación privada sin fines de lucro integrada por universidades), con participación de Enami y la filial de CAP Compañía Minera del Pacífico, con un aporte de Corfo de US$ 3,985 millones y US$1,255 millones de la contraparte.

Para la recuperación de cobalto, el consorcio lo integran la U. Andrés Bello, Enami, Baltum -filial de la norteamericana Chilean Cobalt Corp- y Pucobre, la empresa del grupo Hurtado Vicuña, donde Corfo pondrá US$3 millones y el conglomerado, US$950 mil.

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