Más mujeres en áreas como ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas impactan a la sociedad positivamente




Si bien 2020 el ingreso de mujeres a la educación superior fue de un 53,9%, solo el 20,3% decidió estudiar carreras relacionadas con ciencia, tecnología, ingeniería o matemáticas (STEM), mientras que sólo 7 de cada 100 mujeres se titularon el 2019 en estas áreas, la cifra más baja entre los países de la OCDE.

Diversos estudios han tratado de identificar los factores que desmotivan a las mujeres a estudiar programas STEM. Entre ellos, destacan los estereotipos de género arraigados en Latinoamérica en los planos sociales, familiares y culturales. Otro factor influyente tiene relación con estereotipos relacionados a una menor habilidad matemática y tecnológica,

Asimismo, se agrega la ausencia de referentes femeninos y una formación docente poco neutral en cuanto a género, lo que desencadena en un desencanto de las mujeres en estas áreas, proceso denominado “sentido de pertenencia al sistema” el cual está relacionado con el sentimiento subjetivo de encajar, ser incluido y ser considerado como un miembro valioso del sistema.

Al analizar el ámbito profesional de las mujeres en STEM, el escenario no es más alentador. Una encuesta realizada a 140 empresas de tecnología muestra que el 81,4% de las empresas cuenta con menos del 40% de mujeres y que el gran porcentaje de ellas se encuentran en cargos iniciales. El 57% de estas empresas señalan que menos de 4% de los cargos gerenciales son ocupados por mujeres.

Entre los factores asociados a esta realidad adversa para las mujeres, destacan la ausencia de políticas de igualdad de género en el reclutamiento, selección y seguimiento de la experiencia laboral, el “techo de cristal” que es la menor posibilidad de ascender dentro de las organizaciones, las escasas políticas de género dentro de las organizaciones y utilización de lenguaje no neutral al comunicar puestos de trabajo.

Es relevante comprender que esta desigualdad no solo impacta a mujeres, también impacta en la economía del país. Según diversos estudios afirman que tener al menos el 30% de mujeres en posiciones de liderazgo permite obtener un margen de beneficio neto en las empresas de más de un 7%. Según la consultora McKinsey, las empresas con mayor diversidad de género en su plana ejecutiva tiene una probabilidad mayor de alcanzar márgenes operacionales superiores al promedio.

Dado estos antecedentes, es transcendental que la academia, el Estado y las empresas sean agentes de cambios reales para lograr una sociedad menos masculinizada, más equitativa e inclusiva.

*Directora Ing. Civil Informática e Ing. en Computación Informática UNAB, sede Viña del Mar

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