Mujeres lideran en la feria científica escolar más importante del país

De los 172 estudiantes que representa a 70 equipos provenientes de todo el país en el Congreso Nacional Escolar de Ciencia y Tecnología Explora Conicyt, el 61% son mujeres.


La Escuela Básica Fronteriza de Tarapacá está literalmente en el límite con Bolivia. Enfrentados al problema de la escasez de áreas verdes en la zona, sus alumnos decidieron crear un sistema de huertos en su propio colegio. Ante la falta de espacio y de suelo apto, crearon una plantación vertical que puede instalarse fácilmente en cualquier parte. El proyecto es 100% ecológico y tiene un doble impacto: además de permitir cultivos en espacios reducidos y reutilizar el agua, hace posible abordar el problema del plástico, ya que se eligieron botellas de este material para poner las plantas.

Los huertos verticales. Foto: Explora

Los alumnos son parte de los 172 estudiantes que representa a 70 equipos provenientes de todo el país que participaron del XIX Congreso Nacional Escolar de Ciencia y Tecnología Explora Conicyt, que se desarrolló en la U. de Concepción, en la capital de la Octava Región.

La versión estuvo marcada por la alta participación de mujeres, que alcanzó el 61% de los equipos en competencia. La directora del Programa Explora de Conicyt, Natalia Mackenzie dice que uno de los lineamientos estratégicos del congreso fue la equidad de género. “Eso significa asegurar que niños y niñas tengan las mismas posibilidades de acceder a los eventos y actividades que realizamos. Haber sobrepasado el 50%, es un logro”, señala.

“Las niñas pueden y quieren ser científicas. Las hemos visto empoderadas con sus proyectos, investigando realidades que forman parte de su cotidianidad como la equidad de género, pero también realizando estudios en áreas como ciencias naturales, ingeniería y tecnología. Con esto estamos demostrando que la ciencia y la tecnología ya no es para unos pocos, ni tampoco prerrogativa de un género específico: este congreso destaca precisamente por eso, por la participación femenina”.

Hojas antioxidantes

Entre los participantes destaca el equipo de la Escuela Manuel Blanco Encalada de Los Ángeles, que desarrollaron una solución aprovechando las bondades del maqui. Aunque el maqui ha sido ampliamente estudiando por su capacidad antioxidante, son sus frutos el principal insumo, utilizado tanto por la industria cosmética como farmacéutica. Por su gran abundancia los escolares de esta escuela decidieron investigar si las hojas de la planta eran una fuente significativa de antioxidantes. Tras varias pruebas de laboratorio, en las que compararon la concentración de estas moléculas en frutos y hojas, descubrieron que estas últimas presentaban niveles superiores, llegando al 57%, versus el 21% que obtuvieron de los extractos de frutos. Concluyen, entonces, que las hojas pueden ser utilizadas como alternativa, en especial para fines no comestibles.

Alumnas de la Escuela Blanco Encalada de Los Ángeles. Foto: Explora

 

Bombillas de algas

Preocupadas por el problema de la contaminación por plástico, un grupo de alumnas del Colegio El Bosque de Puente Alto se preguntó si era posible crear una alternativa a las pajillas que muchos estudiantes usan en el colegio. Buscando materiales biodegradables, llegaron al Agar agar, una sustancia gelatinosa que se crea a partir de varias especies de algas. Tras diseñar un prototipo, comprobaron que tiene la resistencia y flexibilidad suficiente como para resistir en el agua. No solo eso: en las pruebas que realizaron, al paso de una semana, las bombillas se biodegradaron de manera natural.

De cerveza a hueso

¿Qué pensaría si le dicen que se puede hacer una prótesis con, nada menos, que la cerveza? Es exactamente lo que hicieron dos alumnas del Instituto Inmaculada Concepción, de Valdivia, quienes elaboraron un material que mezcla polímeros y uno de los residuos de la elaboración de cerveza (bagazo), que obtuvieron de productores artesanales locales. Utilizando una bioimpresora 3D, las alumnas imprimieron el prototipo de injerto que, en una segunda etapa, deberá ser sometido a pruebas de compatibilidad, para asegurar que las células óseas sean capaces de migrar a la nueva estructura, consiguiendo un injerto de bajo costo y que, además, utiliza un residuo presente en abundancia en la región.

Alumnas del Instituto Inmaculada Concepción, de Valdivia. Foto: Explora

 



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