José Maza: "Sin tener una bola de cristal, mi pronóstico es que en 15 años el hombre visitará Marte"

Crédito: Marcelo Segura

En 2033, la Tierra y Marte estarán a su menor distancia. Ideal para dar el salto. Maza lo tiene en la cabeza: un viaje organizado por privados y agencias espaciales, astronautas orbitando el planeta rojo y, luego, levantar allí una ciudad. Todo eso le encanta y es el tema de su próximo libro, que espera lanzar en julio.




Esta es una historia que me emociona".

Antes de hablar de planetas y atmósferas, antes de desplegar láminas de colores que muestran órbitas cósmicas y fechas históricas para la carrera espacial, José María Maza (70 años, astrónomo, bestseller con su libro Polvo de estrellas), dice eso:

-Esta es una historia que me emociona.

Entonces toma aire y lanza una segunda frase cargada a la emoción:

-A mí todo esto me hace soñar.

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Maza está sobre un escenario en la antigua estación de ferrocarriles de Antofagasta. Como siempre, viste formal. Es uno de los expositores del Festival Puerto de Ideas en esta ciudad. Todas las sillas de los espectadores están ocupadas. Muchos están de pie en los costados y el fondo de la carpa. Todos con la vista al frente, atentos a las palabras de este profesor de la U. de Chile que aquí tiene trato de rockstar. Antofagasta tiene hasta un colegio con su nombre completo: José María Maza Sacho.

La Tierra tiene tres vecinos cósmicos más cercanos, dice Maza. De menor a mayor distancia son: la Luna, Venus y Marte. "Si la Luna estuviera a un metro nuestro, Venus estaría a 110 y Marte a 200", grafica. Teniéndolos al lado, es tentador visitarlos. En julio de 1969 se logró llegar a la Luna con tres astronautas norteamericanos a bordo del Apolo 11. El siguiente destino debería ser Venus, pero el asunto es complicado. "Tiene una temperatura de 450 grados o más sobre la superficie. Tiene una presión equivalente a 90 atmósferas: si en la Tierra la atmósfera aprieta con un kilo por centímetro cuadrado, en Venus es de 90 kilos por centímetro cuadrado. Quedaríamos planchados como una piel de león en el suelo. La atmósfera es tan gruesa que no permite ver la superficie, tampoco las estrellas. No se ve un planeta muy apetitoso. Don Sata debe vivir feliz en Venus", explica el profesor, que siempre mezcla el dato duro con el humor.

Así las cosas, el candidato natural para una visita es el tercer vecino.

O como resume José Maza, en la frase que le da el título a esta conferencia, es "Marte, la próxima frontera".

Por eso, durante una hora, mientras en Antofagasta hace calor pero corre una leve brisa, Maza habla con emoción de ese planeta a millones de kilómetros de aquí y dice cosas como éstas: que Marte es un poco más fresco que la Tierra, que tiene el 53% de su tamaño, que es dos veces más grande que la Luna, que también tiene dos polos, que hay poco aire, que su presión atmosférica es tan baja que -sin precauciones- el hombre se inflaría como un globo, que sufre tormentas de arena, que hay dunas hermosas, que un año marciano dura 687 días, que su volcán Monte Olimpo -de 25 kilómetros de altura- es el más grande del Sistema Solar, que se parece al norte chileno, y que cada 15 años alcanza la menor distancia con la Tierra: menos de 60 millones de kilómetros. Y que es ahí, justamente ahí, cuando existe la oportunidad de dar el salto.

"Así ocurrió el 2003. Así ocurrirá el próximo 27 de julio de 2018. Y así pasará también en 2033. Por eso, sin tener una bola de cristal, mi pronóstico es que en 15 años más el hombre va a visitar Marte", dice, frente a un público que queda boquiabierto.

Al día siguiente, en una entrevista frente al mar nortino, Maza dará más detalles. Aún con la emoción intacta.

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-Profesor, el hombre llegó a la Luna hace ya 50 años, ¿por qué nos hemos demorado tanto en llegar a Marte?, ¿hemos fallado?

-No, yo creo que se ha progresado en un trabajo mucho más silencioso: se han instalado estaciones espaciales orbitales, donde se ha ido aprendiendo del comportamiento del hombre frente a situaciones de ingravidez, estando relativamente fuera de la atmósfera. La Estación Espacial Internacional está a 400 kilómetros de altura, pero igual está más expuesta a la radiación cósmica, al viento solar. En estos años se aprendieron muchas cosas, desde cómo germinan las semillas y crece un árbol sin gravedad. Esto no ha parado.

-Decía ayer que cada 15 años Marte y la Tierra están a la menor distancia.

-Lo que pasa es que la órbita de Marte es bastante más alargada que la de la Tierra. Entonces, las oposiciones (cuando un planeta se enfrenta a otro, sin el Sol en medio) se producen cada dos años. En algunas de ellas, las distancias son bastante largas, como 100 millones de kilómetros. En otras, la distancia mínima es como 58 millones de kilómetros. Esto último ocurre cada 15 años. Ocurrirá en el 2018; luego en el 2033. Yo creo que por esa lógica de las órbitas, el hombre debe apuntar a Marte ese año. Ahí tiene que mandar las cosas, probar los cohetes, la tecnología, todo.

-¿Enviar humanos también?

-Yo creo que van a ir por lo menos a orbitar Marte y después devolverse. No sé si se pueden bajar como lo hicieron en la Luna hace casi 50 años.

-Eso parece complejo.

-Claro, porque se necesita una nave grande, hay que bajar y la bajada no es trivial, todo tiene un pro y un contra. Por ejemplo, en la Luna no hay atmósfera, entonces uno puede bajar a la velocidad que le dé la gana y no hay problema. En Marte hay atmósfera tenue, y si uno quiere bajar como piedra, se calentará como diablo por el roce de la atmósfera; entonces hay que tener un paracaídas enorme para sostenerlo. O se puede bajar con retropropulsores, como se hizo con el Curiosity en 2012, pero eso levanta mucho polvo y la nave queda como un berlín… Además, si bien el Curiosity no era una nave tan chica, no sé de qué porte sería la que traslade gente.

-Lo más seguro entonces será orbitar a Marte con tripulación humana.

-Creo que seguro van a ir astronautas a orbitar Marte y mirar desde ahí. Desde la Tierra cualquier orden a Marte tiene un retardo de 3 minutos. En cambio, si están orbitando Marte, los astronautas podrían tener un robot andando en el planeta y de su nave a la superficie hay un retardo de menos de un segundo. Podrían operarlo en tiempo real.

-¿Cuánto tiempo tomará ese viaje a Marte?

-Las sondas se han demorado como 9 meses. Bueno, dicen que ahora pueden llegar a 7 meses. Elon Musk, dueño de SpaceX, habla de que podría llegar a Marte en 3 meses. Tiene un sistema en que la nave despega con muy poco combustible y otra nave, que lo único que lleva es combustible, la encuentra a la salida de la Tierra y la recarga. Eso la hace mucho más liviana y mucho más fácil que los cohetes impulsores la levanten. Eso hay que probarlo, deberían hacer un viaje no tripulado y probar estas cuestiones.

-¿Por qué está tan seguro de que en 15 años llegaremos hasta allá?

-Los chinos acaban de decir que van a ir a la Luna y que van a plantar papas; ¿para qué?: porque obviamente quieren poner una colonia humana en la Luna o en Marte. La India mandó a poner una nave en la órbita marciana para saber qué está pasando con la atmósfera allá. Si la India se mete, si se mete China, reacciona el orgullo norteamericano. Por eso Trump firmó esas órdenes ejecutivas que quiere que el hombre vaya a Marte.

-Y están también los privados, como Musk.

-El dueño de SpaceX tiene el sueño de que el hombre tiene que ir a Marte y que la civilización tiene que ser biplanetaria. Entonces creo que la testarudez o el empuje de Elon Musk van a prevalecer y tal vez podría asociarse con la NASA, que no se quiera quedar fuera. También está Jeff Bezos, el dueño de Amazon, que también tiene una empresa espacial, una billetera amplia y también quiere ir para allá. Esto es inscribir su nombre en la Historia. Entonces creo que va a ser una mezcla de grandes emprendedores con visión de futuro y países que tienen esta propuesta de desarrollar la ciencia del espacio.

***

Maza sueña con una ciudad en Marte. No es tarea fácil -hay menos gravedad, casi no hay aire, hay alta radiación cósmica-, pero es un desafío, explica.

"Yo creo que se puede. Lo que es bonito, aunque dicen que va a tomar 100 o tal vez 500 años, es instalar un escudo magnético orbitando el Sol y que proteja a Marte, como una donut por donde circule una corriente eléctrica y que desvíe el viento solar que hoy le pega a este planeta y ha ido arrasando su atmósfera. Con eso, su atmósfera se estabilizaría, dejaría de perderse. Uno podría aprender a hacer agricultura allá, no sólo trigo y papa, sino pasto y árboles; y la agricultura va generando oxígeno que alimenta la atmósfera. Se cree que entre 100 y 500 años, la atmósfera de Marte podría tener una presión equivalente a la mitad de la presión atmosférica de la Tierra, que sería como vivir acá a 5 mil metros de altura. Pero para eso habría que hacer ingeniería planetaria. No se puede improvisar.

-¿Por qué si se puede colonizar Marte, no se ha intentado primero con la Luna?

-En la Luna no hay atmósfera y fabricarle una es muy difícil. La aceleración de gravedad en la Luna es 6 veces menor que la de la Tierra. En cambio en Marte, la aceleración de gravedad es un 40% de la de acá. Entonces Marte tiene la posibilidad de mantener capturada la atmósfera porque nunca se calienta tanto, tiene una temperatura que rara vez pasa de los 10 ó 20 grados y en la noche puede ser 50 ó 60 bajo cero. Marte tiene un día que es de 24 horas y media; mientras que el de la Luna es complicado para el ciclo circadiano: el Sol está arriba por 14 días seguidos -con temperaturas de 140 grados-, y otros 14 son noche, con 150 grados bajo cero. En la Luna no hay agua, en Marte sí: congelada en sus polos; y además se cree que puede haber en forma subterránea. La Luna es un espacio interesantísimo como para poner una base para que vaya a trabajar gente tres o seis meses. Pero una colonia para vivir es mucho más atractivo Marte. Ahí podría vivir un millón de personas.

-¿Cómo sería esa colonia?

-Pienso en el hotel de Paranal. Uno ve puro desierto afuera, pero uno entra allí y es como si estuviera en Brasil. Una atmósfera artificial, una humedad artificial, un ambiente controlado como en un iglú. Si ese hotel estuviera conectado por un pasillo de un kilómetro de largo con otro espacio parecido y con otro y otro; creo sería como una ciudad en Marte: un módulo presurizado unido con un túnel con otro módulo igual y así.

-Una red de módulos y túneles.

-Claro, como los centros comerciales. Yo viví en Toronto y la estación de metro se metía al centro comercial y de éste uno bajaba y se metía a otro. Porque en la calle había 20 grados bajo cero y nieve. En Marte tendría que ser lo mismo, y para salir uno tendría que ponerse un traje especial y toda una parafernalia.

Maza no se detiene. Tiene esa ciudad dibujada perfecta en su cabeza. "Cuando lleguen las primeras 10 ó 12 personas deben construir un habitáculo, pueden partir llenándolo con cosas inflables que funcionan bien y así pueden vivir con cierta comodidad. De ahí tienen que pensar en construcciones más definitivas para ellos y para los que van a llegar dos años después. Los primeros en irse tienen que ser ingenieros, constructores, técnicos. A la primera no pueden irse los poetas".

-Ha dicho que desde Marte, por la escasa atmósfera, la contemplación de la Vía Láctea debe ser maravillosa. Eso es para un poeta.

-Cierto. Sentarse un rato allá y mirar la Vía Láctea debe ser para quedar loco.

Maza queda pensativo.

"Espero estar vivo para alcanzar a ver una colonia en Marte", dice.

Mientras espera confiado en que ese deseo se le cumpla, no pierde el tiempo: en estos meses escribió un libro sobre el planeta rojo. Ya le pasó un primer borrador a su editor en el sello Planeta, el mismo por el cual lanzó Polvo de Estrellas, que lleva 52 semanas entre los libros más vendidos de no ficción. Él propuso como título el mismo de la charla que acaba de dar en Antofagasta -"Marte, la próxima frontera"- y espera que aparezca a fines de julio. En sus páginas desarrolla esta idea que lo emociona: cómo ir a Marte y colonizarlo sería un golpe. Un cambio absoluto. Como el viaje de Colón, dice.

-Sí, como cuando Colón llegó a América, con las patas y el buche, pensando que iba a la India.

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