Emmanuel Carrère: un viaje de la ficción a la verdad

Fuera de juego, la cuarta novela de Carrère, acaba de llegar a Chile y muestra a su autor cuando aún era escritor de ficción. En sus páginas narra la historia de decadencia de una ludópata. Pero ese poder de observación de la vida ajena también lo muestra en V13, su nueva novela en francés, sobre los atentados del 2015 en París. Aquí mostramos una ruta para entender dos polos de una escritura imperdible.



Una noche, de curiosa, la joven Frédérique acepta la invitación de su cuñado Claude para visitar un casino. Tímidamente se atreve a jugar a la ruleta, y pone su fe en el número de su edad, 36. Inesperadamente, termina ganando. La adrenalina del momento es tal que a la hora de marcharse Claude prácticamente tiene que ir a arrancarla de la mesa.

Desde ahí, Frédérique empieza a crear una vida paralela y ludópata como jugadora de casino. Pasar el tiempo entre fichas y croupiers se le hace mucho más emocionante y adictivo que su realidad abúlica de profesora de colegio y mujer separada. Inventando cualquier pretexto, se arranca por las noches a jugar, dilapida sus ahorros, y sin darse cuenta va dejando de lado a su pequeño hijo Quentin. Luego, conoce a otro jugador con quien inicia un peregrinaje autodestructivo por los casinos del país.

Esa es la trama de Fuera de juego, una novela de 1988 del periodista y escritor francés Emmanuel Carrère que hasta ahora, no estaba disponible en castellano. Pero acaba de llegar a Chile en su primera edición en nuestro idioma, vía Anagrama. La casa catalana que ha publicado la mayor parte de su obra en Hispanoamérica.

Se trata de la cuarta novela del parisino, cuando aún era un escritor de ficción, años antes de que diera el gran golpe con la no-ficción y publicara El adversario, en 2000. Para un lector habitual de Carrère, puede sorprender que esté escrita en tercera persona, diferente al “yo” que suele usar.

Aún así, Carrère se dio maña para añadir una nota final en la que puso el pie en su gusto por lo estrictamente verídico. Aclara que si bien la novela es “de inspiración realista”, creyó necesario puntualizar unos detalles. “El casino de Forges-les-Eaux no solo existe sino que, en dicho establecimiento, hay un jefe de sala, solo uno, que espero que me perdonará por haber permitido que un personaje pomposo, muy diferente a como es él en realidad, haya usurpado sus funciones en el capítulo XVIII”.

Y agrega: “Solo las tiránicas leyes del relato me han obligado a cambiar las fechas del festival de Avioraz, desplazándolo algunas semanas…,y a insinuar, sin razón válida, que el cajero automático del Crédit du Nord situado en la plaza de la República de Forges-les-Eaux no funcionaba durante la noche del 15 al 16 de noviembre de 1986″.

Es que Carrère lleva en su sangre escribir sobre lo verídico. “Como escritor me siento totalmente atraído por la verdad. A la verdad absoluta no tenemos acceso, pero al menos podemos llegar a la veracidad, y eso es lo que yo busco. En todo caso, no tengo ninguna hostilidad ideológica respecto de la ficción. No digo que la novela esté muerta ni nada por el estilo. Amo las novelas, soy un lector de ellas, y si en algún momento tengo alguna idea de novela de ficción, estaré muy contento de escribirla”, explicó en diciembre de 2015 en nuestro país, cuando vino invitado al ciclo La Ciudad y las Palabras, que organizan la Universidad Católica y La Tercera.

Si bien, el Carrère ficcional no es el que más brilla en su obra, o el que más le gusta a él, ahí se pueden encontrar ciertas resonancias con sus libros de no ficción. Lo cree así la periodista Evelyn Erlij, editora de la revista cultural Palabra Pública, y quien tuvo la oportunidad de entrevistar al francés en su casa en París, el viernes 13 de noviembre de 2015. Curiosamente, horas antes de que una serie de atentados terroristas sembrara el pánico en la Ciudad Luz.

“Creo que es más interesante pensar en las semejanzas: a Carrère le fascina la vulnerabilidad de sus personajes —entendiendo que también se construye a sí mismo como personaje en su no ficción—; le obsesiona la fragilidad humana y el lado más vergonzoso, retorcido, oscuro y hasta patético de sus protagonistas. Por eso, creo, en sus libros de ficción y no ficción hay tanta autodestrucción, depresión y crisis existenciales; situaciones humillantes, criminales o víctimas de patologías psiquiátricas. Cuesta pensar en diferencias porque Carrère piensa la no ficción como ficción: el “yo” también se construye, aunque la diferencia, diría, es que tiene más talento como narrador cuando el personaje principal es él mismo. Eso, quizás, lo arrastra del periodismo: su poder de observación —de sí y de los otros— es alucinante”.

Ese poder de observación es el que Carrère plasma en su nuevo libro, donde trata los mencionado atentados en París que el 2015 ejecutara –y se adjudicara– el Estado Islámico. En Francia, la casa editorial P.O.L. acaba de publicar V13, donde el escritor se pone el traje de reportero judicial y narra los juicios a los 20 acusados por los hechos, en que resultaron 130 muertos y 350 heridos. El autor de Yoga fue a todas las audiencias, y semanalmente se encargó de registrarlas en columnas publicadas en medios europeos como L’Obs en Francia, El País en España, La Repubblica en Italia, Le Temps en Suiza. V13 reúne todas las crónicas escritas por Carrère “releídas y aumentadas”, según se especifica en el sitio de la casa editora. Por ahora, solo se encuentra en francés, habrá que quedar a la espera de poder leerlo en castellano.

Con V13 vuelve el Carrère de no ficción, ese que le gusta tanto a la gente. ¿Cuál es la clave de ese fenómeno? Erlij asegura: “Diría que el ‘yo’ de Carrère no es solo ego: ese ‘yo’ también es un ‘nosotros’, que es lo que muchos autores olvidan al escribir en primera persona. Cuando él se expone y hasta se humilla —incluso hasta provocar vergüenza ajena—, también está hablando de las debilidades y bajezas que todos tenemos: el ser humano es falible, errático, torpe, y eso, creo, genera una empatía inmediata. Hay escenas inolvidables, como cuando entrevista a Herzog o a Catherine Deneuve y lo dejan en ridículo; o cuando habla sin ningún límite de sus experiencias sexuales. También está el morbo, por supuesto: para muchos, ver a alguien desollándose en público es una adicción”.

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