Un año sin Malú Urriola: los últimos meses de la poeta rockera (que vuelve con poemas inéditos)

Un año sin Malú Urriola: los últimos meses de la poeta rockera (que vuelve con poemas inéditos)

En julio del 2023, la destacada poeta y guionista nacional falleció a los 56 años. Dejó un legado como una de las importantes autoras nacionales de la generación de los 80, con libros inolvidables como Piedras rodantes. Hoy una antología -de Lumen- rescata su obra y recupera algunos poemas inéditos, escritos poco antes de su muerte. Acá, sus cercanos recuerdan su carácter alegre y generoso con Culto.


Hacia fines de julio del 2023, el cáncer había debilitado la salud de la poeta Malú Urriola. Por entonces, ya se encontraba en su casa, esperando el instante de pasar al otro lado de la verja. Sin embargo, su pulsión por la escritura la mantuvo intacta y siguió haciéndolo incluso cuando ya no tenía fuerzas. Esas últimas semanas todavía las recuerda con mucha claridad Isadora Arenas Urriola, su hija, en conversación con Culto. “Cuando no podía escribir, grababa audios con sus poemas. Mientras ella pudo, escribió”, señala algo emocionada.

Ella era muy organizada, muy ordenada. No tenía como un método, siempre estaba escribiendo. Si no era en su computador, era en una libreta, o si no, en su mente. En su computador tenía una carpeta de trabajos que estaban Work in progress. Era impresionante. En su última semana, ella dejó todo al día. Dejó todo pagado, ¡hasta sus contribuciones!”.

El librero Sergio Parra, de Metales Pesados, fue un gran amigo de la poeta, y también recuerda esos momentos con Culto. “Fueron duros, para ella y para su entorno más cercano, porque fue todo imprevisto. Fue en un viaje a Estados Unidos cuando tuvo unas complicaciones de salud, regresó a Chile, se hizo los exámenes y salió todo esto. Fue muy rápido. Pude verla en sus últimos días y estar con ella. Seguía escribiendo. Como 15 días antes que falleciera fuimos a la playa Quintay juntos, y con Paz Errázuriz. Nos sacamos fotos, bailamos. Después la vine a ver a su departamento para despedirme”.

La enfermedad nos cambió todo en 180 grados -recuerda Isadora Arenas-. No era algo que sabíamos, nos pilló de sorpresa. La Malú se enfermó, la llevamos a urgencias y luego a la casa. Fue muy repentino, no tuvimos tiempo de planificar nada, solo el poder sacarla de la Clínica. Nos dijeron que no había vuelta atrás. Yo dejé mi vida en pausa porque cada minuto era oro”.

Una de las grandes amigas de Malú Urriola fue la escritora nacional Diamela Eltit, quien también la recuerda a Culto: “Tuve y mantuve una poderosa amistad con Malú a lo largo de 36 años, hasta su muerte. A partir de los 90 la vi de manera permanente en mi entorno familiar junto a su hija Isadora. Cuando se enfermó, cuando supimos la gravedad de su estado, desde luego, la visité en la clínica y en su departamento. Lo que me pareció poético fue cómo sus amigas la acompañaron tan rigurosamente, viajaron incluso algunas desde Argentina. Sus amigas estaban allí, se turnaban, reinaba la armonía, la música suave, el calor del cobertor que la cubría. La visité hasta su muerte. Fue tan irreal. Injusto”.

Malú Urriola falleció el 21 de julio de 2023, a unos jóvenes 56 años. Nombre fundamental de la poesía chilena, fue también guionista y académica. Comenzó a publicar en 1988 con el poemario Piedras rodantes, justo en unos años donde la poesía nacional vio surgir a una generación especialmente inquieta, con nombres importantes como Rodrigo Lira, Erik Pohlhammer, Soledad Fariña, Carmen Berenguer o Elvira Hernández.

La dictadura militar influyó mucho. Además yo me juntaba mucho con gente muy inteligente, como el escultor Lautaro Labbé, Aristóteles España, con gente que yo conocí chica, con Toño Cadima, gente que era como muy movida en la cosa artística en la época de la dictadura. Yo llegué chica, junto con una de mis mejores amigas que era Maggie Labbé, que era hija de Lautaro Labbé. Y yo entré en este mundillo adolescente, claro publiqué a los 21 cuando ya estaba bastante segura de lo que quería publicar”, declaró la misma Urriola en una entrevista posterior.

En su trayectoria creativa, tuvo importantes hitos. En el 2013 fue invitada por la Universidad de Harvard al Seminario A Latin American Poetry Lab at Harvard Woodberry Poetry Room. En el 2015, expuso en la Bienal de Venecia el trabajo La Luz que me ciega, un multimedial de fotografía, video y poesía, realizado junto a la fotógrafa Paz Errázuriz. En el 2018, fue invitada por las Universidades de Princeton, Georgetown, Washington y Maryland a dar conferencias y a leer su poesía. Y en sus últimos años, Urriola ejerció como tallerista en la Fundación Pablo Neruda, de la cual ella misma fue becada, en 1986.

Además, entre otros premios, Malú Urriola recibió la Mención honrosa del Premio Municipal de Literatura de Santiago 1995 por Dame tu sucio amor, además del Premio Municipal de Literatura de Santiago 2004, en la categoría Poesía, por Nada; además del Premio del Consejo Nacional del Libro y la Lectura 2004 en la categoría Mejores Obras Editadas por Nada.

Como decíamos, Malú Urriola también fue guionista. Participó en los equipos de trabajo de reconocidas series nacionales, entre otras: Los Venegas, Mea Culpa, El cuento del tío, Cárcel de mujeres, El día menos pensado, o El reemplazante. “Ella veía muchas series, aunque dependía del género en que se encontraba trabajando -recuerda Isadora Arenas-. Tenía su horario laboral, reuniones para los guiones con los equipos de trabajo, y entremedio escribía poesía. Pero pasaba todo el día escribiendo”.

“Las ideas para las series las iba armando en las reuniones con el equipo, por supuesto que habían cosas de nosotros entremedio (ríe). Aunque cuando hizo Cárcel de mujeres fue terrible, porque ahí no había mucha comedia que ponerle. O Mea Culpa, donde no tenía mucho que inventar. Eso era denso, me acuerdo que tenía que ver los VHS de las entrevistas. Ese trabajo era más tedioso, más documental. Pero en lo que era netamente ficción, mi mamá lo pasaba regio inventando tonteras. Le encantaba”.

Recordando a Malú

¿Cómo era Malú Urriola en la fibra íntima? Su hija la recuerda así: “Era la persona más chistosa que te puedas imaginar en el mundo. Súper alegre. Crítica, muy crítica. Muy culta, extremadamente culta, del libro que le preguntaras ella ya lo había leído o sabía algo. Yo no sé en qué momento leía tanto, impresionante. Muy amante de su pasión. Muy conectada con su poesía, con su escritura”.

Tenía una biblioteca muy grande, aunque en un momento la fue reduciendo. En un momento la Malú se fue a estudiar a España, a hacer un magíster, y ahí regaló y donó muchos libros, entonces su biblioteca se hizo cada vez más chica. Pero en su casa siempre habían libros y cuadros, además de los típicos chiches de señora, las figuritas, las cositas”.

Diamela Eltit también comenta: “Malú fue genial. Inteligente, mordaz, socialista, lesbiana, madre, con gran sentido del humor, nocturna, estudiosa. Lo que me resulta más valioso o muy valioso es su espíritu comunitario, su transcurso cultural y personal respetando a los diferentes grupos que generaba y transitaba, lo hacía con una gran consideración y apego a cada una y a cada uno. Fue solidaria”.

Por su parte, Sergio Parra agrega: “La conozco de muy joven, de un taller de poesía en La Pincoya, en el 83 o 84. Se juntaban varios poetas ahí, y entre todos estaba ella. Leyó uno de sus poemas y quedé muy sorprendido. Aún tengo muy nítida esa lectura que hizo. La invitamos a que se acercara a la Sociedad de Escritores de Chile donde nos juntábamos todos, con Lemebel, la Carmen Berenguer. Ahí nos hicimos amigos. De hecho, la primera beca que dio la Fundación Neruda la ganamos juntos con la Malú”.

Malú era una inteligencia nerviosa. Muy inteligente, y nunca podía estar sin hacer un movimiento, de las manos, el rostro. Tenía mucho humor, un humor negro. Muy cariñosa, muy amiga de sus amigas, muy fiel en la amistad. Fuerte, rockera, callejera”. De hecho, a propósito de su gusto por el rock, Parra cuenta una anécdota: “Fuimos a Buenos Aires en 1989 y ella no quería conocer tanto a la poesía argentina, sino a Celeste Carballo, una gran rockera y poeta. ¡Hasta que lo conoció!, y se hizo amiga de ella”.

Unos jóvenes Sergio Parra y Malú Urriola, en Buenos Aires, 1989. Cortesía Sergio Parra.

La destacada fotógrafa Paz Errázuriz también fue una gran amiga de Malú Urriola, y la recuerda a Culto: “Fue una querida amiga, hicimos un trabajo juntas que se llama La luz que me ciega. Fue un FONDART en que trabajamos el tema de la cromatopsia. La recuerdo con cariño. Era de una generosidad tremenda, aparte de su simpatía. Era muy solidaria, y con gente de todas las edades”.

Era muy despierta siempre. Tuvimos largas conversaciones por teléfono durante la pandemia cuando ella estaba en Madrid. Era maravilloso compartir el encierro, y ella le sacó partido a ese tiempo, porque hizo poemas, e incluso unos pequeños videos. Estuvimos juntas hasta los últimos momentos”.

Y fue en esos últimos instantes, 3 días antes de su partida, cuando Sergio Parra le avisó a Malú Urriola de una noticia. Su obra sería compilada en una antología a través del prestigioso sello Lumen, nada menor considerando que Urriola siempre publicó con editoriales independientes. “Cuando fui a despedirme de ella conversamos largo, cosas personales, y una cosa que le preocupaba era que su poesía se perdiera. Yo le dije que eso no iba a suceder jamás”, recuerda. Luego, Parra habló con el editor Vicente Undurraga, a quien le sugirió realizar una antología de la poeta. “Lo aceptó encantado, de ahí llamé a Malú y se lo conté”.

La antología

Fue Vicente Undurraga, entonces, quien recopiló y seleccionó poemas de todos los libros de Malú Urriola, ordenándolos desde el más reciente hasta los primeros, en orden decreciente ¿Por qué? Undurraga comenta a Culto: “Porque su poesía final, contando los poemas póstumos incluidos, me resulta excepcionalmente lúcida y conmovedora y, por lo mismo, me pareció que podía ser una mejor manera de entrar a su escritura y abrir el viaje, tanto para quienes ya la conozcan y la revisiten como para quienes por primera vez se le acerquen. Además, creo que ese tono final, más sereno, ese estilo tardío lleno de poemas entrañables prepara muy bien el oído para los versos más punkies y ‘rodantes’ de sus primeros años”. Así, le dio vida a la antología La música de la fiebre, que ya está disponible en librerías.

Sergio Parra caracteriza la poesía de Malú Urriola: “Es una de las mejores poetas de fines de los 80, Piedras rodantes es un libro que marcó a una generación, porque tiene una escritura muy particular. Ya era reconocida en vida, no estemos hablando de que no la conocía nadie. Era apreciada tanto en Chile como en América Latina, y en Estados Unidos estaba circulando muy bien su poesía”.

Por su lado, Undurraga agrega: “Destacaría la capacidad de su escritura de cambiar de piel, de formas y asuntos, una y otra vez, manteniendo siempre un fuerte carácter propio. Es una escritura ágilmente reflexiva, una desafiante observación del mundo y una sostenida meditación sobre la propia palabra, una poesía que se eleva en sus fugas, en sus mudanzas de estilo. Temeraria, arrojada, emocionante”.

Diamela Eltit también se anima a hablar sobre la poesía de Malú Urriola. “A partir de Piedras rodantes, inscribió una poética intensa que alteraba los presupuestos convencionales mediante imágenes urbanas o nocturnas o desoladas que denunciaban el acto de vivir bajo los ejes de un conjunto de dominaciones. Desde allí, sus libros siempre interrogaron, cuestionaron y, lo crucial, pensaron vías poéticas en el interior de espacios que marcaban el desborde de las identidades”.

¿Qué hizo diferente a Malú Urriola de otros poetas? Responde Undurraga: “Con palabras suyas, diría que la distingue su ‘estrecha e incalculable relación / entre ferocidad y dulzura’”. Diamela Eltit también da su perspectiva: “Pienso que el primer libro de Malú, Piedras rodantes, fue determinante para la consolidación de una emergencia, la suya, en el panorama literario local en la medida que irrumpió una voz disidente que puso en evidencia el deseo y una nueva forma de habitar nunca dócil, lúcida, necesariamente arrogante”.

Pero la Antología no solo compiló lo ya publicado. También incluye 4 poemas inéditos de la autora, incluso, uno de ellos es un audio de Whattsapp que la poeta realizó poco antes de fallecer. Se trata del poema que está en la página 79 de la antología, el que comienza con un verso conmovedor: “La belleza existe cuando hallas…”.

Para poder publicar este material inédito, fue crucial el papel de Isadora Arenas, quien los facilitó. “La Malú dejó muchas cosas sin publicar, entonces esto es solo una pequeña parte de los inéditos. Con Vicente (Undurraga) hicimos una selección, la idea era entregar un pequeño regalito. Para la Antología me puse a revisar en sus archivos, encontré sus últimos dos libros en PDF, más una carpeta de inéditos, y era inevitable no leer los de los últimos meses”.

“Antes de enterarnos de su enfermedad, la Malú dejó un libro listo, y lo iba a lanzar en octubre del 2023, pero no lo pudimos hacer. Eso todavía está pendiente. Es un sueño que salga esta antología con Lumen, aunque me hubiera gustado que hubiese sido con ella en vida”.

Sergio Parra nos comparte una última mirada: “Malú se fue sin rabia. No se fue enojada. Estaba feliz por todo lo que había hecho, por su hija, que estaba teniendo su vida. Eso la ayudó a partir”.

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