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Kane Parsons y el fenómeno de Backrooms: “En un momento adopté una forma de pensar casi psicótica”

Formado en YouTube, el director estadounidense de 21 años es el responsable de uno de los principales éxitos de 2026. En una conferencia a la que asistió Culto, habla del impacto de su ópera prima, de su relación con la arquitectura y de las comparaciones con Obsesión. “Cualquier cosa que tengan en común probablemente provenga del contexto externo –cómo se hicieron– más que de los filmes en sí”, opina.

Kane Parsons y el éxito de Backrooms: “En un momento adopté una forma de pensar casi psicótica”

El meteórico ascenso de Kane Parsons es un caso digno de estudio. Empezó a crear contenido para internet a los diez años, a los 16 subió a YouTube su webserie de terror Backrooms y a los 19 firmó un acuerdo con el reputado estudio A24 para dirigir un largometraje basado en ese mismo concepto.

Nacido en Petaluma (California) en junio de 2005, el realizador estadounidense es una de las figuras que aparecerá en todas las futuras revisiones sobre los mayores hitos cinematográficos de 2026. Su película Backrooms –filmada con un presupuesto de US$ 10 millones– triunfó en la taquilla mundial y ocupa, a la fecha, la 11° posición entre las cintas más taquilleras del año (en Chile, donde continúa con algunas funciones, ya la han visto cerca de 450 mil espectadores). Parsons y Curry Barker, el director de Obsesión, asoman como los principales representantes de una generación que ha irrumpido en Hollywood siguiendo una trayectoria no convencional, enseñando una alternativa a una industria necesitada de voces nuevas.

Foto: @WENDIGOON

Él se toma todo ese revuelo a su alrededor con bastante calma. En una conferencia realizada durante la última semana de julio –en la que participa Culto–, el cineasta de 21 años habla en detalle de su proceso creativo, de su relación con la arquitectura y de sus siguientes pasos (la información que circula desde hace semanas es que A24 ha puesto sobre la mesa una millonaria cifra para seguir trabajando con él).

Reunido con la prensa internacional a través de Zoom, el director comparte sus definiciones. “Nunca pensé en la película dentro del género de terror. Sabía que se percibiría y promocionaría como tal, pero no la veo como una película de terror, porque el objetivo no es asustar ni aterrorizar, sino que provocar introspección: cuestionar ciertas relaciones entre las personas y el mundo exterior. Cada quien extrae lo que quiere de ella, y sin duda tiene sus momentos de miedo”, señala.

Ambientada en los años 90, Backrooms gira en torno a Clark (Chiwetel Ejiofor), un vendedor de muebles que aún le guarda resentimiento a su exesposa. Esos reproches tiñen su rutina y rebrotan en particular durante las sesiones que mantiene con su terapeuta, Mary (Renate Reinsve), una mujer con sus propias tribulaciones. Un día Clark cruza la pared del sótano de su tienda e ingresa a un espacio que luce como una extensión del edificio, pero en verdad no lo es. ¿Es un mundo paralelo? ¿Un pasadizo a otra realidad? ¿Una dimensión ligada estrictamente a lo psicológico?

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“Funciona como una especie de dispositivo para viajar en el tiempo: una puerta que invita a regresar a una época más sencilla y tangible de tu vida. Para alguien que ha chocado con callejones sin salida, abre muchas posibilidades para regresar o para encontrar cosas perdidas hace mucho tiempo”, indica, enfatizando que el filme plasma su predilección por la ambigüedad.

“Con una construcción de ciencia ficción tan salvaje como la de Backrooms, resulta simplista pensar que vas a obtener una comprensión precisa que vaya más allá de la que tienen los personajes. Por eso, lo que busco son conjeturas sólidas y bien fundamentadas, en lugar de respuestas concretas”, plantea.

Parsons no ha ocultado que su debut como director tiene un fuerte componente personal. Pero eso no quiere decir que quiera adentrarse en especificaciones. Consultado sobre la manera en que la cinta se aproxima a temas como la memoria, el duelo y el trauma, responde con cautela.

“No me gusta definir con demasiado detalle cuál era el propósito de todo esto para mí. Tengo mis propias interpretaciones, pero prefiero guardármelas. No la llamaría una ‘película sobre el trauma’; nunca fue mi intención, aunque hoy en día muchas películas se rotulan bajo esa etiqueta. Para mí fue una forma de procesar las excusas que ponemos como piezas individuales de los sistemas abstractos que construimos, tanto cultural como socialmente”, apunta. Luego añade: “Es una reflexión sobre lo que postergamos y a lo que renunciamos frente a los sistemas en los que vivimos”.

Foto: Courtesy of A24

-Mencionó que su objetivo consistía en provocar cierta introspección en los espectadores. A un nivel más personal, ¿cómo lo cambió o impactó la experiencia de hacer esta película?

Aunque yo no escribí la película, el guión fue muy maleable en todo momento y fue (un proceso) colaborativo. Pero hubo ocasiones en que llegué muy lejos en ciertas “madrigueras de conejo” intentando provocar un sentimiento específico. Disfruto meterme en el trabajo; si uso mi cerebro como motor que produce el contenido del filme, quiero asegurarme de tener una mentalidad muy específica. Durante la postproducción, cuando estábamos haciendo refilmaciones, necesitaba entrar en un espacio mental particular durante unos días. Siempre he sentido una fuerte personalidad proveniente de los edificios, los espacios y la arquitectura; por alguna razón, siempre he atribuido erróneamente cualidades humanas a los espacios inanimados.

“Entonces, al pensar en la madre de Mary y en la lógica que podría estar sucediendo allí –una especie de sistema de dopamina dañado que aplica excesivamente significado y valor a las cosas–, también me puse a imaginar cómo se sentiría realmente que estos espacios estuvieran vivos, casi como un extraño parásito que vive entre la humanidad. Es una forma de pensar muy extravagante, casi psicótica, pero la acepté durante unos días. Fue extraño, pero saqué algunas cosas interesantes de ello. Me gusta activamente observar cómo el trabajo puede alejar mi pensamiento de la norma, de una manera que contribuya significativamente a crear algo único”.

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Siguientes pasos

Parsons tiene la humildad para reconocer que no ha visto tantas películas como otros contemporáneos y que creció “consumiendo principalmente proyectos cinematográficos en línea (online film projects)”. Eso no ha sido impedimento para que Osgood Perkins (Longlegs: Coleccionista de almas) lo haya apadrinado o para que James Wan (El conjuro) y Shawn Levy (Stranger things) se involucraran como productores ejecutivos de su primer largometraje como director.

Sensato, toma con pinzas las comparaciones con Obsesión, actualmente el noveno filme más millonario de 2026. “Cualquier cosa que tengan en común probablemente provenga del contexto externo –cómo se hicieron– más que de los filmes en sí”, expresa, advirtiendo que la producción de Curry Barker tuvo un presupuesto de US$ 750 mil, menos de una décima parte que lo que costó su ópera prima.

“Creo que Obsesión es una gran película”, declara, para luego argumentar que posee “una comprensión de las sutiles microsensibilidades de las personas que se sienten un poco hambrientas de material original en los cines. Parecía que en realidad estaba en la longitud de onda de las personas que crecieron a principios de la década de 2000. Pero no he descubierto el único factor que las vincula (con Backrooms)”.

Foto: Courtesy of A24

¿Y qué le depara su futuro? “Tengo un montón de proyectos hipotéticos en mente”, cuenta. Si bien adelanta que “hay uno o dos proyectos de televisión que quiero desarrollar”, que desea seguir trabajando con YouTube (“probablemente lo usaré como campo de pruebas experimental”, dice) y que incluso está abierto a incursionar en el mundo de los videojuegos, insiste en que su foco principal está en el cine.

“No cierro ninguna puerta; quiero experimentar con todos los medios, y creo que se comunican cada vez más entre sí. Pero ahora mismo lo que más me entusiasma son los largometrajes. Seguro que pronto habrá anuncios”, promete.

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