Por Gonzalo ValdiviaEl fenómeno Backrooms en Chile y el mundo: a fondo en el éxito de terror que ha destrozado todas las expectativas
La película de Kane Parsons ha arrasado en las salas del mundo, incluyendo Chile, donde suma más de 250 mil espectadores en menos de dos semanas. Un director reconocido por la Generación Z y que entiende las ansiedades de esta época, el respaldo de un estudio y cineastas consolidados de la industria, y la expansión de una franquicia que nació en internet son algunas de las claves que cruzan su impresionante arrastre en la pantalla grande.

Los grandes éxitos de Hollywood ya no provienen únicamente de los cómics, los videojuegos o las novelas. Ahora también se originan en internet, en raras teorías que han acechado a los cibernautas durante años y que jóvenes creadores han decidido transformar en historias que apelan a miedos propios de nuestra época.
A inicios de 2023, cuando tenía apenas 17 años, el director Kane Parsons se lanzó a trabajar en un largometraje basado en una serie de videos que subió a YouTube y que acumularon miles de visualizaciones. Con el aval de A24, la compañía de cine independiente que se ha abierto camino en el mainstream, el realizador pudo materializar su objetivo. Y ya es un éxito rotundo.

Backrooms cosechó el estreno más taquillero de A24 en Estados Unidos –con US$ 81 millones, triplicando a Guerra civil (2024)– y este pasado fin de semana se convirtió en la cinta del estudio con mejores números de todos los tiempos, por sobre Marty Supremo (2025). En tanto, en salas de Chile ya suma más de 259 mil espectadores (entre el jueves 28 de mayo y el martes 9 de junio), posicionándose inmediatamente como uno de los grandes hits comerciales del año.
¿Cómo se explica tal nivel de convocatoria? ¿Qué impacto puede tener en el futuro de la industria y en la carrera de su prometedor director?
Uno de los puntos que ha acaparado atención es la composición de la audiencia: un 88% de las personas que la vieron durante su primer fin de semana en Estados Unidos tenía menos de 35 años. Es decir, gran parte del público del filme creció con internet y –tal vez– incluso antes de comprar su entrada ya estaba familiarizado con aquella amarillenta fotografía de una tienda de Wisconsin que circuló a partir de 2019, y que dio origen al concepto original, o con la popular webserie que Kane Parsons creó en 2022.

Con éxitos como los de Backrooms gana sustento aquel reciente estudio de Fandango, la conocida plataforma de venta de entradas de Norteamerica. Según el informe, el grupo demográfico que actualmente más asiste al cine es la Generación Z, superando a otros grupos en películas vistas por año, preferencia por pantallas premium y gasto destinado a confitería.
Si los nacidos entre 1996 y 2012 están sosteniendo a un negocio que aún no vuelve a los volúmenes de asistentes previos a la pandemia, ¿por qué no empezar a hacer producciones que satisfagan directamente sus intereses y que, además, sean lideradas por figuras que reconocen gracias a YouTube u otras plataformas? A24 no sólo entendió eso antes que otros gigantes, sino que confió plenamente en Parsons.
Porque la mentalidad tradicional de Hollywood habría comprado los derechos de la webserie y habría fichado a alguien más para que tomara las riendas del proceso creativo, seguramente relegando al realizador a un rol de asesor y productor ejecutivo. En cambio, el estudio decidió respaldarlo y darle un presupuesto de US$ 10 millones, una cifra relativamente baja para los estándares de la industria, pero que sigue siendo alta para un título de terror no perteneciente a una saga cinematográfica (siempre que consideremos que el largometraje no es parte de una franquicia que ya está en expansión).
No es disparatado pensar que la compañía se sintió más cómoda gracias a la reunión de talentos consolidados que respaldaron al joven cineasta: James Wan (El conjuro) y Shawn Levy (Stranger things) son productores ejecutivos, mientras que Osgood Perkins (Longlegs: Coleccionista de almas) es el mentor de Parsons.

“Cuando empezamos la producción en Vancouver, trabajaba muy de cerca con Osgood Perkins, literalmente en la misma oficina. Por lon tanto, ha sido un gran mentor en muchos sentidos. En gran medida, se trata del equipo que él y Chris Ferguson formaron a lo largo de los años. Por eso creo que he podido contar con muchos recursos de segunda mano mientras trabajaba en esto”, explicó recientemente.
Espacios liminales
Inspirado en parte en la visualidad de la serie Mr. Robot, Backrooms es una inmersión en una mente perturbada, la de Clark (Chiwetel Ejiofor), un vendedor de muebles que aún está molesto con su exesposa. Así se lo transmite a su terapeuta, Mary (Renate Reinsve), en intensas sesiones que parecen girar siempre en torno al mismo punto.
Un día, por azar, Clark cruza la pared del sótano de su tienda e ingresa a un espacio que parece una extensión del edificio, pero en verdad no lo es: las sillas y muebles están apilados de manera caótica, hay una radio que reproduce una grabación en diferentes idiomas y hay un disco PARE al revés.

Es un espacio liminal, el nombre con el que se conoce a lugares de transición que pueden ser desde pasillos hasta áreas de descanso. Un lugar que, despoblado de personas, despierta la ansiedad de las personas. Aunque incorpora influencias que van desde el género found footage hasta Alicia en el país de las maravillas, la película se sustenta en el miedo que producen esos espacios que han proliferado en la era de internet. Un hallazgo que siempre causa una sensación muy particular en Kane Parsons.
“En realidad es un punto de fascinación para mí porque muchas de estas fotos parecen no tener autor. Quizás provienen de anuncios inmobiliarios o de discos duros antiguos de hace décadas. Es muy fácil proyectar nuestras propias ideas en estas imágenes. Para mí satisface la misma necesidad que obsesionarse con un recuerdo de la infancia que está desconectado del contexto. No sabes cuál era el contexto, y es solo un destello visual”, indicó a The Interview.
Una secuela en camino
La idea de hacer una secuela de Backrooms no es algo que Kane Parsons considere un disparate. De hecho, se están trazando las primeras líneas sobre nuevas historias que giren en torno al mismo concepto.

“Definitivamente no he terminado con Backrooms. Tengo cosas muy específicas en las que estoy trabajando, proyectos en marcha de los que estoy ansioso por poder hablar, pero, por el momento, aún se mantienen en secreto”, adelantó a Variety en la antesala a su estreno, días antes de que su caudal del público hiciera inevitable pensar en una continuación.
De pasó, el director confirmó que no desea bajo ningún punto de vista abandonar YouTube. Una mentalidad propia de una nueva generación de creadores formados en la era de internet y que parecen empezar a reclamar su espacio.
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