Por Felipe RetamalRosalía en Chile: una noche monumental e impactante que se anota entre los mejores shows del año
La estrella barcelonesa abrió su serie de shows en Chile con una apabullante presentación. Teatral, dramática y poderosa, se jugó por un espectáculo concentrado en su álbum Lux. Un montaje que potenció la música y tuvo a Francisca Valenzuela como invitada en el esperado momento del confesionario. Una noche que confirmó la comunión de la española con la fanaticada local.

Los velos, los vestidos blancos, abanicos y rosarios eran visibles desde la salida de la estación Parque O’Higgins. Siguiendo la tendencia actual de los conciertos, las fans de Rosalía no decepcionaron al preparar opciones de outfits inspiradas en el universo de Lux. Algunas hasta se tiñeron la breve aureola que la estrella luce en su cabello.
La presentación sold out de la noche del viernes en Movistar Arena, la primera de las 4 en el país, está concentrada alrededor del jugado disco que la artista lanzó en 2025. Un desafío en la cartelera pop. Llevó su habitual eclecticismo más lejos, cruces de estilos, varias lenguas y guiños religiosos que parecen fuera de época. Por ello, el misterio de la noche residía en cómo se articula ese concepto en el escenario y la respuesta del público.
Las cuatro fechas en Chile se explican por la intensa fanaticada que la barcelonesa tiene en Chile. Los datos de la plataforma Spotify revelan que Chile es el octavo país que más la escucha en el mundo, además del cuarto mercado con mayor intensidad de escucha por usuario a nivel global.
Más aún, desde el lanzamiento de Lux, la artista acumula más de 1.190 millones de streams globales, de los cuales, 43 millones vienen desde Chile. Además, Santiago es la tercera ciudad del mundo donde más se escucha a la artista en YouTube, con 5,98 millones de visualizaciones, solo por detrás de Ciudad de México y Buenos Aires.
La previa mantenía el espíritu poco convencional del disco. La música envasada pasó desde piezas de Beethoven y Grieg a dramáticas grabaciones de flamenco. Ya que habrá riesgo, que sea completo. De hecho, el número de apertura estuvo a cargo de la pianista chilena Amanda Naranjo, quien fue escuchada con atención y despedida con aplausos.
Tras 23 minutos de retraso, el show arrancó con el sonido de las cuerdas. La orquesta que acompaña en vivo, dirigida por la cubana Yudania Gómez Heredia, interpretó una obertura de inspiración española, mientras en el escenario se revelaba la escenografía. Rosalía apareció desde el interior de una estructura, como si fuera una ballerina de cajita de música. Comenzó a cantar Sexo, violencia y llantas, con una cuidada gestualidad. El coreo del respetable fue inmediato. Casi como si fuera una sola pieza siguió con Reliquia, mientras una pantalla instalada casi como una marquesina sobre el escenario proyectaba las letras en tiempo real. “Muchas gracias Santiago”, agradeció mientras posaba con una elegancia muy natural.
Tal como en la gira de MOTOMAMI, la artista se apoya con un cuerpo de baile y suelta pasitos de ballet. Con un sentido cinematográfico la cámara la toma desde arriba, mostrando una perspectiva diferente al público. Ese primer segmento lo cruza una puesta en escena que sugiere una textura delicada, la que se satura cada tanto con los arreglos de orquesta y los sonidos de electrónica. En Divinize suma a la coda algunas frases de Thank You, el clásico tema de Dido que arrancó una sonrisa a los sub 30 presentes.
“Bienvenidos al Lux Tour”, saludó la artista. “Aquí en Chile siempre me habéis respaldado”. El respetable le respondió con el clásico “mijita rica”. Sorprendida, tras descifrar el grito, la artista agradeció y prosiguió con Mío Cristo piange diamanti, que sonó con su aire a canción religiosa italiana. Un momento delicado, seguido en silencio que estalla en su coda celestial. Si Bach buscaba evocar la gloria de Dios en su música, la puesta de escena de Lux sugiere una experiencia cargada de dramatismo.
Seguro Bach hubiera estado orgulloso de la apertura del segundo acto. Las atronadoras cuerdas a lo Vivaldi resonaron en el Arena cuando arranca Berghain, con las partes grabadas de Björk y Yves Tumor. Se escuchó majestuoso y probablemente se comprendió mejor que en el álbum. Un número que muta de golpe hacia una rave electrónica a volumen alto. Funciona como transición. El bloque incluye temas de MOTOMAMI y marca un contraste con el segmento inicial. El martilleante beat de SAOKO invitó al baile. Siguió con la bachatera LA FAMA y LA COMBI VERSACE, que levantaron al público. Ahí insertó DE MADRUGÁ, cuya frase machacante de alguna forma dialoga con el material ecléctico y bailable de su disco anterior.

El tercer bloque es el de las sorpresas. Primero, por la inclusión de una versión del estándar Can’t take my eyes off you. Un momento que cantó tras un marco, como una Mona Lisa viviente, mientras los bailarines hacían el papel de turistas que tomaban fotografías con el teléfono. Un notable metarrelato del show mismo y de los tiempos virales. Un instante a medio camino entre el sketch y el teatro.
Luego siguió con un momento clásico de la gira, el confesionario. Un famoso/a cuenta una historia de romance, o una experiencia frustrada. La invitada esta noche fue Francisca Valenzuela, quien contó una historia de un romance de soltera “con un rockstar”...a quien luego sorprendió engañándola en plena fiesta. El publico bramó. Un “perla” como le llaman en España.
Por supuesto, sigue el momento de La Perla, la canción de despecho más original de los últimos años. La interpreta con una notable coreografía trazada por Dimitris Papaioannou, con referencias a la Venus de Milo, Rita Hayworth e imágenes de Virgen de Nuestra Señora de Lourdes. Tiene sentido que haya desplegado tal esfuerzo en la canción más popular del disco, de hecho, es la más reproducida en plataformas como Spotify y YouTube.
Una petición de matrimonio en pleno show funcionó como una pausa, y la cantante mostró su carisma para manejar la situación, para luego pasar a SAUVIGNON BLANC, cantando sentada sobre un piano blanco y una cinematográfica lluvia de confeti dorado cayendo suavemente.
El bloque final tuvo a la Rosalía haciendo la animada LA RUMBA DEL PERDON junto a la orquesta y un momento de fiesta electrónica al cantar CUUUUUUTE, mientras desde el cielo del Arena se movió una estructura de luces y humo, a medio camino entre la bola de disco y un incenciario. El bloque final mantuvo la energía con BIZCOCHITO y DESPECHÁ, antes de despedirse con una suave interpretación de Magnolias, sola en el escenario.
Pese a las casi dos horas, el show se sintió dinámico, con unos entretenidos intermedios. Y las dudas se despejaron, pues el público la acompañó y conocía muy bien el material de Lux. De todas sus presentaciones en el país hasta ahora, desde ese debut en Lollapalooza 2019, es probablemente su presentación más redonda y de mayor calado. Un espectáculo bien trabajado y lleno de momentos diferentes pero bien ensamblados. Estará, sin dudas, entre los mejores del año.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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