Paula

¿Team dormir con mascotas o cada uno en su cama?

Para muchos, no hay mejor forma de terminar el día que acurrucarse junto a sus mascotas. Perros y gatos se han convertido en compañeros inseparables, incluso a la hora de dormir. Conversamos con especialistas para entender cómo esta costumbre se relaciona con el descanso de las personas y el bienestar de los propios animales.

Hay quienes no conciben una noche de invierno sin su perro acurrucado a los pies de la cama o un gato adueñándose de la almohada. Pero también están quienes prefieren mantener la habitación y, sobre todo el colchón, libre de patas y pelos. Independientemente de qué team seamos, ¿compartir la cama con nuestras mascotas favorece el descanso o, en realidad, puede perjudicarlo?

Según datos entregados por el SERNAC basado en la encuesta Cadem “El Chile que Viene”, el 63% de las personas duerme siempre o a veces con su mascota, e incluso un tercio de ellas duerme dentro de la cama. Y no sorprende. Hoy, perros y gatos son un integrante más de la familia, y la compañía, el calor y la sensación de contención que entregan hacen difícil imaginar la hora de dormir sin ellos.

Algunos lo hacen por su calorcito, porque es verdad que un perro o un gato puede tener el mismo afecto que un guatero; otros lo hacen porque su compañía genera tranquilidad, disminuye la sensación de soledad y puede ayudar a relajarse antes de dormir. No es solo una percepción. Se ha demostrado que interactuar con perros y gatos favorece la liberación de oxitocina, la llamada “hormona del apego”, y ayuda a disminuir los niveles de cortisol, asociado al estrés.

En otras palabras, para quienes llegan a la cama con la cabeza llena de pendientes, un perro acurrucado a los pies o un gato sobre las piernas puede convertirse en un pequeño ritual de calma. La doctora Larisa Fabres, neuróloga del programa Medicina del Sueño de Clínica Universidad de los Andes, señala que “la sensación de compañía, seguridad y tranquilidad que entrega un perro o gato puede favorecer una mayor sensación de bienestar al momento de dormir, especialmente en quienes viven solos o encuentran en su mascota un apoyo emocional”. En estos casos, explica, “si la presencia del animal no interfiere con la continuidad del sueño, esta práctica puede ser percibida como positiva”.

Pero esto no siempre es recíproco. El doctor Claudio Galleguillos, director del Hospital Clínico Veterinario de la Universidad Andrés Bello, plantea que desde el punto de vista del animal “no siempre es una necesidad estricta, en muchos casos es una preferencia reforzada por el aprendizaje”. Sin embargo, destaca que tanto perros como gatos, en sus primeras etapas de vida, están acostumbrados a descansar junto a su camada, por lo que compartir la cama con su tutor “les proporciona calor, protección y una sensación de seguridad, ya que dormir acompañados es una conducta social y biológicamente familiar para ellos”.

¿Qué considerar?

Si bien es un tema que aún no se investiga a cabalidad, algunos estudios han sugerido que dormir junto a una mascota genera una peor calidad del sueño y mayor probabilidad de sufrir insomnio. En ese sentido, la doctora Fabres señala que, desde la medicina del sueño, una de las principales desventajas son “despertares durante la noche que dificultan mantener un sueño continuo y reparador”. Esto ocurre porque los animales tienen patrones de sueño diferentes a los de las personas y suelen moverse, cambiar de posición o despertarse varias veces durante la noche. “Esa fragmentación del descanso puede afectar la calidad del sueño y hacer que la persona no se sienta completamente recuperada al día siguiente”, añade. Por eso la especialista advierte que en personas que presentan trastornos del sueño compartir la cama con una mascota puede ser menos recomendable.

A esto se suma que compartir la cama con una mascota también implica una mayor exposición a microorganismos. Perros y gatos pueden transportar pulgas, garrapatas, parásitos y algunas bacterias que, aunque rara vez provocan enfermedades en personas sanas, sí representan un riesgo potencial, especialmente para quienes tienen el sistema inmunológico debilitado. Un artículo publicado por el New York Times plantea que estas situaciones son poco frecuentes y que el riesgo puede reducirse considerablemente manteniendo al día los controles veterinarios, la desparasitación y la prevención contra pulgas y garrapatas.

Sin embargo, Douglas Wallace, médico especialista en sueño y profesor de neurología clínica de la Facultad de Medicina Miller de la Universidad de Miami, explicó al medio estadounidense que el apoyo emocional asociado a dormir con una mascota podría hacer que sus tutores pasen por alto cualquier efecto negativo que esto tenga sobre la calidad del sueño.

El doctor Galleguillos destaca que también “es importante observar si el animal tiene la capacidad de descansar de manera autónoma y adaptarse a distintos contextos”. Añade que “podría existir un problema si solo logra conciliar el sueño en contacto con su tutor, si se angustia intensamente cuando no puede acceder a la cama o si presenta conductas como vocalización, rascado de puertas, inquietud o destrucción al quedar solo”. Además, recomienda tener en cuenta que el lugar de descanso también sea adecuado para el animal: “Es importante observar si la mascota puede cambiar de posición, bajar de la cama cuando lo desea y elegir otro lugar para descansar sin impedimentos”.

Si la convivencia nocturna está funcionando, no existe una razón para cambiarla solo porque sí. Pero si cada mañana despiertas más cansado que cuando te acostaste, quizás vale la pena revisar si tu compañero de cuatro patas está teniendo algo que ver. Si dormir juntos se transforma en un problema, una buena alternativa es que la mascota tenga su propia cama dentro de la habitación, permitiendo mantener la cercanía y compañía sin sacrificar el sueño de ninguno de los dos.

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