Por Constanza PalmaMaría Rosa García, psicóloga y madre singular por donación: “Los niños no necesitan un papá y una mamá, necesitan cuidado y amor”
Hace unas semanas, en nuestro Consultorio Legal abordamos la realidad que enfrentan las mujeres que deciden convertirse en madres recurriendo a tratamientos de reproducción asistida con donante de esperma. Muchas de ustedes nos comentaron que querían leer más sobre el tema, no solo desde la perspectiva jurídica. Por eso en esta entrevista abordamos la dimensión psicológica de ser madre singular por donación.

Cada vez más mujeres eligen la maternidad singular mediante reproducción asistida para formar una familia y, quienes lo hacen, enfrentan diversos desafíos. Algunos legales (como vimos en nuestro Consultorio Legal de la semana pasada), pero también mitos, desinformación y, sobre todo, prejuicios. María Rosa García lo sabe por experiencia propia. Psicóloga de la Universidad Católica, especialista en infertilidad y reproducción asistida, se convirtió en madre por donación en 2020, justo cuando comenzaba la pandemia.
“Cuando yo inicié este camino lo hice bastante desinformada y muy sola. En ese momento me costó mucho encontrar información sobre la maternidad por donación, en específico también sobre la maternidad sin pareja, que es mi caso. No conocía otras mujeres que lo hubieran hecho ni lograba encontrar referentes de cómo podía vivir esa experiencia”, cuenta. Por eso decidió crear la cuenta de Instagram @maternidades.por.donacion, un espacio donde comparte información basada en evidencia, acompaña a mujeres y familias que transitan este proceso, y contribuye a visibilizar una forma de maternidad que aún permanece poco representada en la conversación pública.
“Mi motor inicial era intentar que otras mujeres lo vivieran con más información, más acompañamiento, con alguna referencia de otras mujeres que también lo han vivido. Luego, con el tiempo, se fue juntando con la idea de que la población general conozca que existen distintos tipos de familias”, dice.
Conversamos con ella sobre los desafíos emocionales de la maternidad por donación, los estigmas que aún persisten y la importancia de construir nuevos relatos en torno a las familias que nacen gracias a la reproducción asistida.
- Durante mucho tiempo la idea de familia estuvo asociada a la presencia de un padre y una madre. ¿Qué efectos psicológicos tiene ese mandato cultural en las mujeres que deciden ser madres singulares?
Tiene un efecto bastante fuerte, en el sentido de que la mayoría de las mamás singulares que a mí me toca acompañar, incluida yo misma, nunca nos imaginamos que íbamos a ser familia de esta manera. La mayoría crecimos en un entorno donde las familias que vimos eran de mamá y papá, y de alguna manera ese mandato de construir una familia así, hace que a muchas mujeres les pese que en la suya no exista un papá. Eso puede asociarse a un dolor, porque a veces en la experiencia propia está el hecho de haber tenido una buena relación con un papá, entonces duele que el propio hijo no vaya a poder tener esa experiencia, o que otros niños sí la tengan.
Sin embargo, ese dolor viene asociado a este mandato cultural. Muchas veces creemos que lo que los niños necesitan es la figura de un papá y una mamá, y se nos olvida que, en realidad, lo que necesitan para ser felices y estar bien es cuidado, amor, recreación, educación y salud. Eso no necesariamente tiene que venir de una figura masculina y una femenina que viven con el niño, sino que puede ser entregado por distintos tipos de figuras.
Al momento de entrar en una familia singular, de alguna manera te ves enfrentada a derrumbar esa concepción más tradicional y abrirte a mirar que efectivamente hay otras posibilidades que no son peores ni mejores, simplemente son distintas.
- ¿Por qué socialmente sigue costando tanto comprender y aceptar una maternidad elegida sin una figura paterna?
Yo diría que por varios motivos. Primero, porque históricamente se ha tenido la idea de que la familia tiene que estar formada por un hombre y una mujer. Este prejuicio no lo viven solamente las madres singulares, también lo han vivido en Chile las parejas homosexuales. De alguna manera, todo responde a la necesidad de sostener este modelo de la familia tradicional.
Por otro lado, creo que esto también cuestiona a idea de que un hombre es indispensable para formar una familia. Las mujeres que acceden a esta maternidad, en general, son profesionales y tienen un sustento económico suficiente como para pensar en traer un hijo al mundo y criarlo. Son mujeres que han desarrollado una independencia y una autonomía, tanto personal como profesional, para moverse en el mundo sin depender de otra persona. De alguna manera, acceder a esta posibilidad cuestiona ese rol tradicional.
– ¿Cuáles son los prejuicios que siguen pesando sobre las madres singulares?
Hay personas que creen que este tipo de familias les genera un daño a los niños, que el donante es, de todas formas, el padre, o que no crecer con una figura paterna necesariamente les va a afectar. También está la idea de que es una decisión egoísta, porque la madre estaría pensando solo en su propio deseo y no en el bienestar de sus hijos. Por eso también hago este trabajo en redes sociales: para aportar información que permita derribar esos prejuicios o, al menos, empezar a transformarlos poco a poco.
- Y respecto de esta creencia de que “a un niño le hace falta un padre”. Desde la psicología, ¿qué dice la evidencia sobre el desarrollo emocional de niños concebidos mediante donación y criados por una madre singular?
Hay muchos estudios importantes que se han realizado con familias diversas, entre ellas las conformadas por madres singulares. Algunos, quizás los más significativos, son estudios longitudinales, es decir, han seguido a estas familias desde que los hijos nacen hasta que ya son grandes. Así han podido evaluar distintos indicadores psicológicos y emocionales, comparándolos con niños que crecen en familias de mamá y papá.
Lo que muestran, una y otra vez, es que no existen diferencias en el desarrollo emocional y psicológico de los niños. Su ajuste emocional es el mismo: no presentan más trastornos, más dificultades, más problemas escolares ni mayores experiencias de discriminación o bullying por el tipo de familia en que crecieron. Eso demuestra que esas diferencias no dependen del tipo de familia, sino de otros factores. No dependen de cuántos cuidadores hay ni de las características que tienen esos cuidadores.
Hablar del origen
Uno de los temores que más se repite entre las madres singulares –agrega García– no tiene que ver con la crianza cotidiana, sino con la historia que algún día deberán contar. Muchas se preguntan si a sus hijos les gustará haber nacido de esta manera, si en algún momento podrían reprocharles la decisión de formar una familia sin pareja o cómo acompañarlos cuando aparezcan las preguntas sobre su origen.
- En ese sentido, ¿cuándo es recomendable empezar a hablar con los niños sobre su origen?
La evidencia muestra que es importante que los niños tengan acceso a la información sobre su origen lo más temprano posible. Cuando conocen esa historia desde pequeños, pueden empezar a construir conceptos iniciales sobre este tipo de familia y la integran con mucha naturalidad, porque es algo que han sabido desde siempre. De hecho, cuando esto ocurre antes de los siete años, los niños ni siquiera recuerdan el momento en que se les contó, porque esa información siempre estuvo presente.
En el caso de las madres singulares es algo bastante evidente para los niños. Siempre han vivido con su mamá y nunca han visto otra figura parental, por lo que saben que en su familia no hay un papá. Pero muchas veces, cuando entran al colegio, empiezan a darse cuenta de que sus compañeros sí tienen uno y ahí comienzan las preguntas.
Desde algunas corrientes de la psicología también se recomienda no esperar a que los niños pregunten, sino aprovechar situaciones cotidianas para ir hablando del tema de manera espontánea y natural. La historia familiar aparece todo el tiempo en conversaciones, cuentos o experiencias, y esos momentos pueden transformarse en oportunidades para explicarla.
- ¿Qué puede ocurrir si esa información se oculta durante años?
Lo que han mostrado los estudios es que, cuando esta información se entrega tarde, los niños muchas veces lo viven con dolor y con la sensación de haber sido traicionados, porque figuras muy significativas para ellos no les transmitieron una información importante sobre su origen. Esa sensación de traición puede generar consecuencias a nivel psicológico, especialmente en la confianza y en la forma de vincularse con otros. De alguna manera, sienten que quienes eran sus vínculos más importantes les ocultaron algo fundamental y, a partir de esa herida, empiezan a relacionarse desde un lugar de mayor desconfianza.
– Si una mujer está considerando ser madre singular, ¿qué crees que debería preguntarse antes de tomar esa decisión?
Por un lado, que esté segura de querer avanzar hacia una maternidad que va a ser distinta, que esté tranquila y confiada de que la va a poder sobrellevar en las distintas circunstancias y momentos de la vida, entendiendo que asumir esta enorme responsabilidad sola es más pesado que hacerlo de a dos.
En general, todas las madres necesitan redes de apoyo para criar, pero aún más si lo van a hacer en singular. El resto de las personas puede acompañar y apoyar, pero cuando hay que tomar decisiones sobre un hijo, esa responsabilidad es solo tuya. Por eso, antes de dar este paso, es importante tener muy claro lo que esa transformación va a implicar a nivel personal.
Otro aspecto importante tiene que ver con elaborar el duelo por no haber podido formar una familia en pareja y por construir una familia diversa, sin un papá, si ese había sido el proyecto que imaginabas. Cuando esos duelos no se resuelven, se arrastran en el tiempo. Por eso es importante trabajarlos internamente, incluso en un proceso terapéutico si es necesario, para que no terminen afectando el vínculo con tu hijo.
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