Culto

Miguel Tapia: “Me han dicho que escriba un libro de Los Prisioneros, pero no tendría éxito: mi libro no tiraría mala onda”

El exbaterista del trío estuvo en el programa Viernes de Culto adelantando el show con el que celebrará los 40 años del esencial Pateando Piedras. Dice que ve difícil invitar a Jorge González al evento, pero que su relación actual con él es buena. También repasa algunas historias del trío: su carácter de pitoniso en la banda -"vi las traiciones del grupo", dice- y lo preocupados de la realidad chilena que eran desde niños con sus excompañeros. "En palabras chilenas, éramos súper pajeros", bromea.

01-08-2026 MIGUEL TAPIA FOTO: PEDRO RODRIGUEZ PEDRO RODRIGUEZ

Miguel Tapia (62) cuenta que debía esconderse. Refugiarse en su pieza bajo el arco y las esponjas de esos rudimentarios audífonos ochenteros que disparaban la música del dúo británico Yazoo, aquellos de hits como Only you o Don’t go. “Esos bombos, esos bajos comprimidos… me encantaban”, admite.

Pero era un gusto inconfesable. Una emoción que lo avergonzaba. Un placer culpable antes de que existiera ese término funesto: con sus camaradas en Los Prisioneros ultimaban su debut, La voz de los 80 (1984), caracterizado por las guitarras frontales, las baterías urgentes y un sonido mucho más esquelético. Ahí, el atuendo electrónico de Yazoo era un convidado de piedra. “No lo compartía con mis compañeros porque sentía que me iban a criticar por estar escuchando música con máquinas programadas mientras grabábamos un disco súper punketa”, recuerda.

Pero el tiempo se encargaría de sepultar pudores y de poner al frente secretos musicales que parecían bochornosos. Para el siguiente disco, Pateando piedras (1986), el trío sanmiguelino se inclinaría precisamente por esas texturas más sintéticas de bandas como Yazoo, incorporando teclados, sintetizadores, cajas de ritmo y baterías electrónicas, aunque sin marginar las guitarras de sus orígenes. Tapia, junto a Jorge González, darían rienda suelta a su amor cada vez más creciente por nombres como Depeche Mode, New Order, Bronski Beat o Soft Cell, incluyendo además los flamantes recursos artísticos en sus shows.

Aunque Claudio Narea nunca estuvo cómodo con los nuevos tiempos, la agrupación experimentaba uno de sus más profundos cambios internos y demostraban un estado creativo voraz, desplegado en algunas de las mayores canciones de su catálogo, como Muevan las industrias, Quieren dinero, Independencia cultural o El baile de los que sobran.

Tapia sigue: “Ya llegado este segundo disco quedó más clara la influencia que teníamos de estos grupos, canciones como Muevan las industrias tienen mucho de ese sonido más Depeche Mode. Nosotros sampleamos los balones de gas y le bajamos la afinación, y quedaron sonando como fierro. Empezamos a descubrir los samplers, los teclados, las secuencias y fue otro mundo, muy jugado. Estaba súper claro lo que estábamos escuchando en ese momento y a Claudio no le atraía mucho, porque él siempre ha sido mucho más de guitarra, más rocanrolero, más rockabilly. A él no le agradaba tanto el disco y mucho menos tocarlo en vivo. Los teclados le incomodaban y era como una pequeña lucha que teníamos al tocar este disco, al presentarlo. Y todo era muy precario, porque la verdad que ahora ha cambiado tremendamente lo que es tocar en vivo, todo lo que es la infraestructura, los escenarios, el sonido, la iluminación”.

40 años después, ya no será tan precario repasar en vivo el cancionero de Pateando piedras. Ni menos resultará incómodo.

Como una vuelta de mano con uno de los títulos más inventivos de la música popular chilena, Tapia revivirá el disco en el festejo por los 40 años de su lanzamiento, con un concierto agendado para el 15 de septiembre a las 20.30 horas en el Teatro Caupolicán (entradas en Puntoticket). En la previa, el músico ha debido ensayar no sólo sus temas más significativos, sino que también algunos que se han mantenido desplazados.

Foto: Bastián Pizarro (Cedida - Prensa Miguel Tapia)

“Yo no soy muy romántico ni tampoco nostálgico”, aclara. “Pero me gustó estar trabajando en las canciones de ese disco para presentarlo. He estado chequeando las pistas que grabamos en su oportunidad y se me ha hecho bien agradable encontrarme con nuestra interpretación e incluso con el sonido de la guitarra de Claudio en temas como Estar solo, que tiene mucha influencia de The Cure, exactamente del disco Pornography. Aparte de las conocidas, ahora también nos vamos a abrir a tocar Estar solo o Por favor. Ha sido muy entretenido recordar las influencias que teníamos en ese tiempo, en particular Jorge y yo, por las máquinas”.

“En ese momento empezamos a tocar con una batería electrónica, la Simmons. La compramos y era muy incómoda de tocar. Nunca fue un placer tocarla, porque era casi como tocar esta mesa. No tiene ese rico golpe del parche natural de la batería. Yo sacrifiqué ese placer de tocar la batería durante muchos años por tratar de optimizar el sonido en vivo. Porque nosotros no sonábamos tan bien en vivo. Y nunca fue agradable esa batería. No era como Phil Collins tocando en Londres”, continúa el artista, sentado en el programa Viernes de Culto que se emite a través de La Tercera.

Un auto para Myriam Hernández

Pero Pateando piedras no sólo significó una mayor riqueza en el sonido de la banda; también amplificó su alcance popular hasta consolidarlos como el grupo más importante del país, con cifras que reportaban un álbum que despachó cinco mil copias en sus primeros diez días en tiendas, dos fechas en el en ese entonces Estadio Chile repletas con cerca de 10 mil personas y una prensa que los tomaba cada vez más en serio, admitiendo que eran una competencia indudable para los grupos argentinos que por esos días copaban los medios.

Aunque resultaba lógico que en 1987 estuvieran sobre el escenario del Festival de Viña, finalmente la mirada recelosa de la dictadura militar no les permitió saltar a la vitrina más convocante del país.

“Siempre hubo una energía mala onda con Los Prisioneros. Siempre fue cuesta arriba. Siempre fue antagónico. Y principalmente por los medios, no por el público. Fue sanador cuando en los 90 me encontraba con mucha gente que iba de vacaciones a Perú, Ecuador o al Caribe y regresaban y me decían: ¡oye allá ustedes son súper famosos! Pero en Chile sentíamos frustración, frustración. Sobre todo había mala onda con Jorge”.

Para ejemplificarlo, Tapia narra una anécdota: cuando volvían a Santiago tras las multitudinarias presentaciones que protagonizaban en los países de la costa Pacifico, nadie del sello EMI llegaba a Pudahuel para recibirlos, pese a ser uno de los artistas más vendedores del país. “Pero un día llegamos en la tarde y veo en el aeropuerto a un chofer de la EMI. Ahí dije: wow, al fin se pegaron la ‘cachá’ y nos mandaron a buscar para llevarnos a nuestras casas. Le hablo a este chofer y le digo ‘don Mario, qué bueno que nos vino a buscar’. Él me responde: ‘no Miguelito, vine a dejar a la Myriam Hernández’”.

Después retoma: “Yo estuve con Jorge un tiempo atrás y le dije que yo me alegraba mucho por él, porque Jorge recibió mucho odio. Por lo que fuera, por su personalidad, por lo que decía. Y le comentaba qué bueno que ahora la gente te está demostrando mucho su cariño. Le han reconocido su labor como compositor y todo eso. Yo cuando viajo también estoy sintiendo lo mismo”.

Pese a la conquista de otras plazas de la región donde hasta hoy suena su obra, Tapia aclara que siempre pensaron en local. Volverse universales fue una hazaña fuera de su control. “Nosotros pensábamos en Chile, nada más. Muevan las industrias es una canción que tiene que ver con el momento en que mi padre quedó cesante en la fábrica que trabajaba. El baile de los que sobran tiene que ver con el colegio, con nuestra historia. Nosotros en el colegio éramos seis amigos muy inquietos, muy atentos a lo que pasaba en Chile. Nos interesaba mucho lo que venía. En palabras simples y chilenas, éramos súper pajeros”.

01-08-2026 MIGUEL TAPIA FOTO: PEDRO RODRIGUEZ PEDRO RODRIGUEZ

Pese a estar constantemente descifrando la historia de Los Prisioneros -y en rigor, su propia historia-, el instrumentista asegura que nunca ha tenido interés en leer los varios libros que existen acerca del trío. Es más: subraya que tampoco escribiría uno, a diferencia de lo que ha acontecido con González y Narea.

“Yo no he leído los libros de Los Prisioneros. Ninguno. Me imagino que alguno habrá contado las historias del liceo. Me pasa que cuando muchas veces me han leído algunas partes, como que en realidad digo ‘no fue así’. Cada uno tiene su mirada. Me han dicho que escriba algún libro, pero no creo que tenga mucho éxito: mi libro no tiraría mala onda. Yo contaría la parte buena, entretenida, divertida y creativa de Los Prisioneros, que es con la que yo me he quedado. Entonces, no tendría mucho éxito. Pero sí me han ofrecido escribir mi historia”.

-¿Cómo es su relación actual con Jorge González?

Con Jorge estuvimos en las buenas y en las malas de Los Prisioneros, siempre. Además tenemos una conexión familiar, mi hermana es casada con su hermano. Tenemos una sobrina en común que es enfermera y lo cuida. Entonces, mi relación con él siempre va a ser de cariño. De dos tipos que estuvieron juntos en la tirada de micrófonos, en la carta, en momentos tensos e incómodos, aunque también en dos Estadio Nacional llenos. Y yo he sido bastante cable a tierra. Hacíamos una buena combinación. Yo le iba diciendo las cosas que pasaban. Yo fui bien pitoniso con muchas cosas de Los Prisioneros.

-¿Cómo cuales?

Traiciones dentro de la banda. Fui muy pitoniso. Y sé que en un libro Jorge lo cuenta, en ese libro Maldito sudaca cuenta algo de eso, de como yo veía un poco antes las cosas que podían pasar. Entonces, tengo una buena conexión con él.

01-08-2026 MIGUEL TAPIA FOTO: PEDRO RODRIGUEZ PEDRO RODRIGUEZ

-¿Con Claudio Narea la relación ya está sepultada?

Es que siempre fui muy distinto con Claudio. O sea, es cosa de quien nos conozca personalmente va a descubrir que somos personalidades muy diferentes. Entonces no, con Claudio no tengo contacto. No es una distancia que me duela, soy súper poco nostálgico.

“O sea, hay personas que pasan por la vida de uno y se van, o sea uno tiene parejas, madres de tus hijos, y se van. No, no tiene mayor importancia. Yo siempre he intentado hablar de la buena historia de Los Prisioneros, porque siempre se está hablando de o penca. Nunca me gustó, siempre me dio lata. A Carlos Fonseca, nuestro mánager y que fue nuestro primer fan de Los Prisioneros, también le daba una lata tremenda. Era muy desagradable cuando había cosas internas de la banda que se ventilaban”.

-¿Ha gestionado que para el show en el Caupolicán estén Jorge o Claudio?

Yo tengo mi escuela de rock y cuando se cumplieron los 40 años de La voz de los 80 hicimos un concierto sinfónico. La sinfónica de La Granja, puros niños y jóvenes de octavo a cuarto medio, hicimos una versión sinfónica de La voz de los 80. Ahí lo invité a Jorge. Pero me dijo que no sale, que no sale casi nada. Y se entiende. Así que probablemente también le va a llegar algún mensaje, pero lo veo difícil, porque ya no está saliendo. De hecho, me han comentado que lo van a visitar más que él.

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