Culto

Paul McCartney está vivo, aún

Volviendo al inicio (como McCartney vuelve a los suyos en The boys of Dungeon Lane, su próximo disco): ¿Está Paul despidiéndose? Quizás está comenzando a hacerlo. Quizás también sea este un plan a largo plazo.

Paul McCartney está vivo, aún

Tenemos que hablar. Hay un asunto del cual tenemos que hacernos cargo. En algún momento no tan lejano, Paul McCartney va a morir. Aunque se vea todavía sano y jovial, aunque sepamos de sus décadas de alimentación saludable y no le conozcamos vicios, aunque hace sólo un par de semanas haya lanzado el single que adelanta su nuevo álbum, aunque los productores de Saturday Night Live lo hayan anunciado como invitado del programa del 16 de mayo y aunque la gente de la localidad de Bensalem, Pennsylvania pueda esperar con relativa confianza que el genio esté ahí el 20 de junio -su próximo concierto-, 83 años son 83 años.

No pensar en eso se hizo un poco más difícil después de escuchar Days we left behind, su última canción, un tema donde la nostalgia se rebalsa entre las cuerdas de su guitarra y su piano, acompañando una voz frágil que anuncia que nada puede borrar los días que dejamos atrás, que nada se mantiene igual y nadie necesita llorar. Es cierto que McCartney viene cantándole al ayer desde que tenía 22 años, pero es muy difícil escuchar Days… sin preguntarse si se está empezando a despedir.

Tendría sentido. El músico vivo más importante del mundo lleva unos años poniendo sus asuntos en orden. Y eso tiene que ver con su legado, con su imagen, con su lugar en la historia. Fustigado con dureza por sus propios compañeros en los años finales de los Beatles, McCartney parece haber emprendido un camino de reivindicación verdaderamente canonizador cuya consistencia hoy, en perspectiva, luce contundente. Desde el proyecto original de Anthology a mediados de los 90, con un John Lennon resucitado en Free as a bird y Real love -y la imprescindible bendición de Yoko Ono que lo hizo posible- hasta el recientemente estrenado documental Man on the run, McCartney no ha dejado verso sin cantar para sepultar la imagen del “greedy leader” al que George Harrison menciona en Beware of darkness y hacernos olvidar que el guitarrista acudió a la mansión de Lennon para grabar How do you sleep?.

En el camino, Paul recuperó al fin -recién en 2018- los derechos de la dupla Lennon-McCartney y, en 2021, con el documental Get back disfrutó de la reivindicación del amor fraternal que aún destilaban los Beatles cuando se juntaban a grabar (un sentimiento dolorosamente ausente en el documental Let it be, de 1970). Hace dos años incluso se permitió la proeza de reunirse con sus compañeros Ringo Starr, John Lennon (asesinado en 1980) y George Harrison (fallecido en 2001) para estrenar una nueva canción, Now and then.

Por cierto, esta no es una acusación de una estrategia maquiavélica; a dios lo que es de dios, que es lo mismo que decir “a McCartney lo que es de McCartney”. Cada uno de esos hitos, como cada uno de los discos de Paul en su carrera solista (con su peak incontestable en Chaos and creation in the backyard), y cada uno de sus conciertos han sido un recordatorio de la excepcionalidad de su genio.

Volviendo al inicio (como McCartney vuelve a los suyos en The boys of Dungeon Lane, su próximo disco): ¿Está Paul despidiéndose? Quizás está comenzando a hacerlo. Quizás también sea este un plan a largo plazo.

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