Santiago Posteguillo, bestseller español: “Somos hijos de Julio César, él es quien construye Occidente”
Tras agotar el Teatro Oriente esta semana, el referente de la novela histórica conversa con Culto sobre Los tres mundos. Una charla sobre el carisma de César, la irrupción de Cleopatra y por qué la política actual sigue repitiendo los mismos vicios de hace dos milenios.
Un viaje relámpago es que Santiago Posteguillo, el bestseller español de novela histórica realizó en Chile. Desde Buenos Aires, donde participó en la Feria del Libro de la ciudad, presentando su último volumen, Los Tres Mundos (Ediciones B), la tercera parte (de seis) de su saga de novelas sobre Julio César, acaso el personaje más relevante de la antigua Roma.
Si en las dos primeras (Roma soy yo, 2022 y Maldita Roma, 2023) se vio la juventud y el ascenso de César, en Los Tres Mundos vemos a un Julio César maduro, ya gobernando la República en el llamado Primer Triunvirato (junto a Cneo Pompeyo Magno y Marco Licinio Craso). Pero, además de las rencillas políticas dignas de un juego de tronos, César recibe un inesperado llamado, el de tribus de la Galia céltica que le solicitan que los ayude a detener la invasión del rey germano Ariovisto, en el 58 a.C. Con este casus belli, Roma interviene en las actuales Francia, Suiza y Bélgica, y aprovechando la superioridad de su fuerza, comienza a anexar la región para Roma, lo cual no todos los galos aceptarán de buena manera. Uno de ellos, el belga Ambiórix, desatará una gran rebelión.
Como si fuera poco, a Roma llegó exiliado el faraón Ptolomeo XII, quien fue depuesto por su hija mayor, Berenice, y arribó a la ciudad en busca de aliados que le ayuden a sentarse nuevamente en el trono. Le acompañaba su hija menor de 12 años,Cleopatra, quien dará que hablar por su notable inteligencia y habilidad, pues a su corta edad ya tiene plena conciencia del lugar que ocupa. Por ello, la Galia, Roma y Egipto son los ejes centrales de esta novela. De ella, Posteguillo habla con Culto en una tarde otoñal en Santiago. Es su tercera visita al país, y agotó las localidades del Teatro Oriente donde presentó el libro el pasado martes 12, prueba del arrastre entre los lectores nacionales.
- ¿Qué es lo que más le sorprendió de Julio César en esta tercera entrega?
-Aquí vemos su ascenso militar. En la antigua Roma, lo político y lo militar iban de la mano; hoy los tenemos separados. Lo que más admiro es confirmar que ese carisma atribuido a César se forja con acciones, no solo con oratoria. Él se gana el respeto de sus tropas no abandonándolas nunca. He dado conferencias en academias militares sobre esto. En la batalla del río Sambre, cuando dos legiones quedaron rodeadas, sus oficiales le sugirieron retirarse. Él se negó, tomó un caballo, fue a la primera línea y organizó la defensa. Esa simbiosis fue clave: cuando cruzó el Rubicón y fue declarado enemigo de la República, sus soldados no lo abandonaron porque él jamás los dejó a ellos.
- Es un poco como Napoleón en la Batalla del Puente de Arcole, en la que él mismo portando la bandera cargó con sus soldados, y lo bautizaron como el “Pequeño cabo”...
-Sí, solo que Napoleón terminó rompiendo esa conexión por perder la perspectiva de la realidad, como en la desastrosa campaña rusa por errores logísticos. César no los cometía; su logística se sigue estudiando en las academias de EE.UU. En la campaña contra el rey germano Ariovisto, César prefiere replegarse o construir campamentos antes que arriesgar sus líneas de abastecimiento.
-¿Cree que la conquista de las Galias fue fundamental no solo para César, sino para forjar lo que hoy entendemos como Occidente?
-Absolutamente. En esos años César anexionó lo que hoy es Francia, Bélgica, Holanda, Suiza, el sur de Alemania e Inglaterra. Es la construcción de Europa occidental. Podrá debatirse si ha sido bueno o malo para la historia, pero es incuestionable que él la construye. Somos sus hijos, nos guste nuestro padre o no. De hecho, valoré “La forja de Occidente” como título, pero apareció Cleopatra. No se podía hablar de la política romana de la época sin Egipto; Pompeyo necesitaba su grano y Craso quería su control. Por eso elegí Los tres mundos.
- Ahondemos un poco en eso, ¿de qué manera Julio César es el padre de Occidente?
- Es el Padre de Occidente porque unifica todos estos territorios, que son la génesis del occidente de Europa y el occidente del mundo. Y además yo diría que deja unas semillas que pueden ser consideradas críticamente en unas semillas de imperialismo, también de expansión que ciertamente luego ese occidente de Europa extenderá en el tiempo con desarrollos imperiales de la propia Francia, del Imperio Británico, del Imperio Español. Luego se puede hacer una reflexión sobre si el occidente ha sido bueno o malo, pero es verdad que de esta forma se crea el propio Occidente. Por eso creo que tenemos que trazar nuestro origen hasta Julio César y por eso creo que es tan interesante conocerlo porque lo veamos desde una forma constructiva o crítica, está muy bien saber de dónde venimos, para poder aprender lo que pudo hacerse bien y lo que pudo hacerse mal para evitarlo.
- ¿Considera que esa es como la clave de la Historia? ¿Saber bien de dónde venimos?
- Es vital. Si desconocemos el pasado estamos condenados a repetirlo. Me preocupa que las élites políticas del siglo XXI desconozcan la historia; eso solo lleva a repetir estrategias que ya terminaron mal. Por eso me interesa la novela histórica: tiene un objetivo de entretenimiento, pero también una dosis necesaria de didáctica.
La novela histórica
- ¿Qué es lo que le gusta de escribir novelas históricas?, ¿cuál es el margen que le permite la ficción?
- La novela histórica lo que te permite es precisamente combinar en mi caso mis tres pasiones. Fíjate, una pasión literaria primordial de narrar relatos, una secundaria de un interés muy grande por la historia y una terciaria que sería una vocación docente. Yo he estado más de 30 años impartiendo clases en la universidad, de tal forma que en una novela histórica yo puedo generar literatura, porque genero literatura tomando varias decisiones. ¿Cómo te lo voy a contar?, es una decisión literaria. De hecho, es una decisión literaria rellenar los vacíos de la historia con hipótesis probables. Es una decisión literaria la creación de todos los diálogos porque los diálogos no han quedado. Y luego puedo satisfacer la pasión por la historia porque me permite divulgar unos hechos históricos que considero importantes y finalmente me permite introducir un componente de enseñanza que no perturbe lo primordial que es la literatura y el entretenimiento pero que puede estar esa dosis de aprendizaje o de enseñanza y por eso me gusta tanto el género de la novela histórica.
- ¿Qué es lo más difícil de escribir novela histórica?
- Bueno, el novelista histórico choca con algunos problemas. Puedes chocar con sobredocumentación, con personajes como César hay muchísimo escrito, tanto de fuentes de la época como posteriores y tienes que seleccionar para no abrumar al lector con un montón de datos. Puedes encontrarte con el problema opuesto. En algunos momentos o aspectos de la vida de los personajes hay vacíos históricos y entonces eso te obliga a reconstruir esa época o esos vacíos de una forma verosímil. Luego tenemos el problema de la inverosimilitud cuando a veces los datos históricos que conocemos son increíbles, pero la realidad histórica se permite ser increíble. Es decir, si yo el verano del 2001 le hubiera entregado en una editorial una novela sobre un atentado terrorista en Nueva York donde los terroristas chocan aviones contra los rascacielos de Nueva York y en la sede del Pentágono, en el ejército más poderoso del mundo, pues a lo mejor suponiendo que la hubiera escrito bien, mi editora me habría dicho: “Mira, Santiago el libro está muy escrito, pero es inverosímil”. Esto no puede ocurrir. ¿Cómo va a permitir al ejército norteamericano que le caiga un avión en el pentágono? Eso no va a ocurrir, va a ocurrir. Luego llega la realidad y hace lo que le da la gana. Entonces hay veces que te encuentras datos que son inverosímiles, entonces tienes que decidir qué hago. Los cuento, no los cuento, si los cuento tengo que explicar mucho contexto para que se entienda que esto ocurrió. En fin, es un problema a veces. Y el otro problema que se presenta en la novela histórica puede ser las contradicciones. Es decir, cuando distintas fuentes te dan versiones opuestas y entonces tienes que dirimir pues según Dion Casio esto ocurrió de esta forma, según Plutarco parece que ocurrió de esta otra forma distinta y según Apiano todo totalmente diferente. Bueno, yo no puedo decirte ahora te voy a contar esto pero hay tres posibilidades, tengo que tomar una decisión y ahí pues es complicado a veces evaluar las fuentes y valorar cuál es la que tú crees que tiene más sentido con el resto de datos que se conocen. Entonces estos serían los cuatro problemas o dificultades que yo veo: la inverosimilitud a veces, las contradicciones, la sobredocumentación y los vacíos históricos.
- Esta visita a Chile tiene agendada una presentación en el Teatro Oriente que se agotó. ¿Qué le pasa cuando piensa el interés que genera su novela y la novela histórica en general?
- Sí, esta es mi tercera visita a Chile y mi segunda vez en el Teatro Oriente y la verdad es que es muy emotivo cuando ves que tus novelas concitan un interés tan grande y que atrae a un público tan numeroso y en mi caso tendría que añadir diverso porque esto lo comento a veces con mis editores tanto a este lado como al otro del Atlántico: tengo lectores de toda condición, hombres, mujeres de más edad, de mediana edad, jóvenes y bueno pues eso es también curioso y es muy emocionante porque normalmente claro la labor del escritor es una labor fundamentalmente solitaria porque estás muchas horas en la soledad de un despacho haciendo algo que te gusta mucho pero que a veces tienes esa sensación de estar muy solo.
Y claro, cuando sales de promoción y te cruzas con eventos de este tipo muy donde hay mucha gente, mucho público, pues hombre eso te anima para cuando en un proyecto por ejemplo tan extenso como esta hexalogía de César, que son 12 años de trabajo y hay ciertos días de desfallecimiento. Madre mía, esto no lo voy a acabar nunca. Venga Santiago, que hay mucha gente esperando el siguiente libro. Y a mí eso me anima bastante.
- ¿Qué aspectos de nuestra época le parecen más “romanos”?
- Yo creo que múltiples similitudes y conexiones desde el idioma, en nuestro caso, en un país hispano, que hablábamos una derivación del latín, pero también las políticas de alianzas por intereses. En el Triunvirato, Craso y Pompeyo se odiaban, pero se aliaron por poder. Eso lo vemos hoy en cualquier país: pactos entre gente que no se aguanta. También los conflictos institucionales; el choque entre el Senado y los tribunos de la plebe es el mismo que vemos hoy entre el poder judicial y el político. Son cuestiones de naturaleza humana que perduran por milenios.
- De alguna forma siempre estamos volviendo a la antigüedad clásica, ¿no? Como la próxima película de Nolan de La Odisea, si bien son griegos, no romanos. ¿Por qué cree que resulta tan fascinante?
- La antigüedad clásica es el origen de la civilización occidental, hemos dicho que César forja Occidente. Habría que matizarlo digamos dentro del contexto no sólo latino, sino grecolatino y de hecho lo que hacen los romanos es asimilar la cultura griega. Claro el conjunto de autores latinos y autores griegos, filósofos, autores de literatura, de teatro etcétera, lo que nos produce es el nacimiento de la literatura occidental, que sería Homero. Ese es todo nuestro origen, en Homero en Aristófanes, Sófocles, Plauto, está la comedia, está la necesidad del ser humano de reírse, como decía Aristóteles, la capacidad de la risa de ayudarnos a superar a veces los problemas de la risa como elemento catártico, la tragedia también como catártica en el sentido de ver las tragedias de otros donde podemos encontrar la nuestra o contextualizar la nuestra. Todo eso está en este mundo clásico, es normal que podamos identificarnos con ellos y es como es nuestro origen. Yo creo que por eso nos llama mucho la atención y en concreto la civilización romana porque no deja de ser admirable una civilización dure milenios, porque si empezamos en la República, en la monarquía romana del 753 a.C. como fecha legendaria, hasta la caída de Constantinopla, Imperio Romano de Oriente de 1453, pues creo que tenemos más de dos milenios de historia. Entonces claro, una civilización que es capaz de extenderse sobre dos milenios de historia sólo la veo superada por Egipto y en ese sentido claro nos parece digna de admiración y al menos digna de despertar nuestra curiosidad.
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