Culto

Víctor Jara en la revista Ritmo del 11 de septiembre de 1973: la última nota antes de su asesinato

El número 419 de la revista juvenil apareció en los kioscos el mismo día del golpe de Estado. En sus páginas, una breve nota repasaba el viaje del cantautor a Perú y anunciaba un nuevo disco que esperaba publicar antes de fin de mes.

La mañana del primaveral martes 11 de septiembre de 1973, mientras las fuerzas armadas y de orden se movilizaban contra el gobierno del presidente Salvador Allende, algunos kioscos lucían las novedades. Entre estas, la nueva edición de la revista Ritmo.

Fundada en 1965, la publicación era una de las más destacadas en cuanto a difusión musical. Orientada al público juvenil, incluía entrevistas, reseñas de discos, notas de tendencias e incluso entrevistas internacionales. En sus páginas figuraron notas con nombres de todo el espectro, desde el “Pollo” Fuentes y Luz Eliana a otros como Quilapayún y Víctor Jara.

Precisamente, en ese aciago martes 11, el número 419 de la revista Ritmo traía entre sus páginas una breve nota dedicada al cantautor. Junto con la entrevista que la revista Ramona publicó ese mismo día, es de las últimas referencias de prensa en que figuró el nombre del artista antes de su arresto y posterior asesinato, días después.

Víctor Jara Archivo Histórico / Cedoc Copesa

En la nota de la revista Ritmo se daba cuenta del viaje de Jara al Perú, a fines de julio en ese mismo año. “Una gira de treinta días por las ciudades peruanas de Lima, Arequipa, Trujillo, Chiclayo y Cuzco, efectuó el folklorista Víctor Jara, quien fue invitado por el Instituto Nacional de Cultura del Perú”, decía la breve.

En tono informativo muy clásico, se resumía el paso del célebre cantautor por el país vecino. “En la capital peruana dio varios recitales en el Teatro Municipal de Lima, pero —según nos dijo—, lo que más le impactó del viaje, fueron las ruinas de Machu Picchu, que por primera vez tenía oportunidad de visitar”.

Jara fue invitado al Perú por su amigo, el poeta peruano Arturo Corcuera, a nombre del Instituto Nacional de Cultura. Efectivamente se presentó en el Teatro Municipal de Lima. Allí conoció al pianista chileno Roberto Bravo, quien en esos mismos días se encontraba ofreciendo presentaciones. “Lo conocí en Lima -rememoró a Culto-.Yo tenía que tocar con la sinfónica de allá en el Teatro Municipal y me contaron que un artista chileno iba a cantar la noche anterior. Entonces yo fui a conocer el Teatro y me encuentro con Víctor solo en el escenario, con su poncho negro, cantando Luchín. Me emocionó profundamente su voz y la ternura con la que cantaba”.

Al rato, Bravo logró colarse hasta los camarines. Allí le estrechó la mano a Jara, quien estaba rodeado de estudiantes que lo habían esperado para saludarlo. “Él se iba al día siguiente a Machu Picchu, así que nos pusimos de acuerdo para vernos en Santiago porque yo tenía un concierto en el Instituto de la República Democrática Alemana”.

Víctor Jara Foto: Hans Ehrmann.

En los testimonios posteriores, Jara detalló que tuvo una intensa actividad en el país y que recibió muchas invitaciones a las que no pudo atender por estar copado de solicitudes. También, estando allá, se enteró del frustrado “Tanquetazo” el primer intento de golpe de estado que un grupo de oficiales del Ejército intentó contra el gobierno del presidente Salvador Allende.

En la nota de Ritmo, además se proyectaban las actividades que esperaban al cantautor, claro, suponiendo que el golpe y su posterior muerte no hubiesen ocurrido. “Actualmente, hay un disco de Jara editado en Perú, y se espera que pronto salga un LP antes del término de septiembre”.

Entre canto y teatro

Víctor Jara tuvo presencia en la revista Ritmo desde sus inicios. Ya en el número 51, de agosto de 1966, aparece una entrevista a propósito de sus primeros sencillos (de hecho, por error indica que uno se llama Liando el cigarrito) y anticipa que estaba trabajando en los temas de su primer disco homónimo “que calculo quedara listo a comienzos de noviembre”, señaló.

Por esos años, Jara destacaba como director teatral, había dejado atrás su etapa en el conjunto Cuncumén a la vez que dictaba talleres de folklore en la casa de la cultura de Ñuñoa. La nota lo presentaba como un hombre de teatro que incursionaba en la música. “La Maña y La Remolienda, dos obras presentadas con gran éxito de público y crítica, por el ITUCH, fueron dirigidas por él y le significaron obtener el Laurel de Oro 1965 y el Premio de la Crítica del mismo año”.

En esa entrevista se le preguntó como alternaba entre su trabajo en el teatro con su incipiente trabajo como cantautor. “Las dos [teatro y canto] llenan una necesidad en mi vida, ya que ella gira alrededor de tres elementos imprescindibles para mí: la familia, el teatro y el canto. Cualquiera de ellos que me faltara, me produciría un vacío”. Así, al inicio y al final de su carrera musical, Jara tuvo presencia en una de las publicaciones más importantes de su época.

Lee también:

Más sobre:Música CultoMúsicaVíctor Jara11 de septiembreRevista RitmoRevista RamonaTeatroMacchu PicchuPerúRoberto Bravo

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE