El mejor de los canallas
<P>El escritor argentino Roberto Arlt fue un personaje único: a principios del siglo XX, sus novelas <I>El juguete rabioso</I> y <I>Los siete locos</I>, al igual que sus crónicas publicadas en la prensa, obligaron a redefinir las bases de la literatura en el Río de la Plata. Ya está en Chile un libro que recopila buena parte de la obra de uno de los más influyentes narradores transandinos. </P>
"El atorrante de Arlt. Gran escritor". Con estas breves pero elocuentes palabras, el director del diario El Mundo presentaba a quienes lo visitaban a su cronista estrella: Roberto Arlt. Corría el año 1928. Después de una breve incursión en el periodismo policial y tras publicar El juguete rabioso, su primera novela, Arlt era el responsable de escribir las Aguafuertes porteñas, una crónica diaria de 700 palabras que reflejaba sus estados de ánimo, sus fijaciones, la absoluta libertad con que escribía. Algunos títulos: El hombre del trombón, Corrientes ¡Por la noche!, Días de neblina, ¿Cómo se escribe una novela? o El placer de vagabundear. Crónicas tan dispersas como cautivantes, tan alegres como melancólicas, tan desprejuciadas como certeras, que Arlt publicó diariamente y casi sin interrupciones entre 1928 y 1933. En conjunto y por separado, las Aguafuertes porteñas son un perfecto reflejo de la imaginación arltiana y constituyen quizá la parte más importante de su obra. Pero no toda. Arlt incursionó en el cuento, la novela e incluso la dramaturgia.
Ahora está en nuestro país el volumen Arlt elemental. Lo primero que habría que decir, claro, es que cualquier intento por revisitar la obra de Arlt es digna de elogio. Sin embargo, la opción que toma este volumen es, al menos, discutible.
Gran aporte constituye la publicación de sus autobiografías. Textos breves, ágiles y graciosos, que funcionan como una nítida radiografía de la personalidad del autor. La selección de cuentos también es un acierto, al igual que la publicación de una de las 10 obras de teatro que escribió y que es la faceta menos conocida y difundida de su trabajo. La selección de Aguafuertes es igualmente variada y permite conocer además la curiosa metodología de trabajo de Arlt.
El problema tiene que ver con las novelas. En una decisión extraña, por llamarla de algún modo, los editores decidieron publicar fragmentos de sus cuatro novelas. Si la intención era acercar la obra del autor argentino a nuevos lectores, resulta contraproducente publicar fragmentos de una extraordinaria novela como El juguete rabioso, que por lo demás es breve y podría haberse incluido completa. Publicada en 1926 y con evidentes rasgos autobiográficos, cuenta la historia de Silvio Astier, un adolescente que junto a un grupo de muchachos forma un club de ladrones ilustrados. Esta obra supone un quiebre respecto de lo que se había venido escribiendo en Argentina y luego influiría en escritores como Juan Carlos Onetti, Juan José Saer y Ricardo Piglia. No sólo por la incorporación del habla de la calle, también porque el protagonista no responde al arquetipo del héroe tradicional. Por el contrario, es un traidor, un delator.
Ese rasgo se verá replicado en sus otras novelas: Los siete locos (1929), Los Lanzallamas (1931) y El amor brujo (1932) están poblados por chantajistas, extorsionadores, hipócritas y conspiradores, sujetos que Arlt disemina por la ciudad, para instalar, de paso, la problemática existencialista del hombre inmerso en una urbe moderna en permanente expansión.
Si bien en Los siete locos hay pasajes densos, en los que la lectura se vuelve lánguida, no es menos cierto que esos pasajes son también piezas esenciales del conjunto. Al presentar sólo algunos capítulos de esta y las otras tres novelas que Arlt publicó, queda una sensación de injustificada mutilación.
Inventándose una vida
"He nacido el 7 de abril del año 1900. He cursado las escuelas primarias hasta el tercer grado. Luego me echaron por inútil. Fui alumno de la Escuela de Mecánicos de la Armada. Me echaron por inútil. De los 15 a los 20 años pratiqué todos los oficios. Me echaron por inútil de todas partes". Así comienza una de las autobiografías que publicó en diversos medios en la década del 20. Sin embargo, los biógrafos de Arlt han comprobado que muchos datos fueron deliberadamente tergiversados por el autor. Partiendo por la fecha de nacimiento. En algunas ocasiones, Arlt afirma haber nacido el 7 de abril, cuando en realidad nació el 26 de ese mes. Se hacía llamar Roberto Godofredo Christophersen Arlt, pero sólo el primer nombre aparece en su partida de nacimiento. Y a diferencia de lo que afirma en reiteradas oportunidades, sí terminó la escuela primaria. A Arlt le gustaba ficcionar su vida, presentarse a sí mismo como un personaje más excéntrico de lo que ya era, un desadaptado, un vagabundo feliz, un escritor formado en la calle, que incorporaba a su obra la voz de la barriada, que merodeaba con plasticidad por bares y bulines, en busca de los temas y personajes que darían cuerpo y forma a sus historias. Según sus palabras, "entre las mujeres deshonestas, las vírgenes y entre el gremio de los canallas, los charlatanes, los hipócritas y los hombres honrados".
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