El Deportivo

Con un ritual en la malla y dos penales atajados: la dulce revancha de Omar Carabalí que clasifica a O’Higgins ante Bahía

El arquero de 28 años, quien fue criticado por un error el fin de semana ante Colo Colo, fue determinante para que el elenco de Rancagua se clasificara a la fase 3 de la Copa Libertadores en Brasil.

Foto: captura ESPN.

Antes de comenzar la serie de penales, el portero Omar Carabalí se colocó en cuclillas dentro del arco y de espaldas a la cancha, agarró con fuerza una de las mallas del Arena Fonte Nova y empezó a rezar, y luego a darse gritos de arenga. El meta de 28 años sabía que en sus manos estaba la clasificación de O’Higgins ante Bahía, en el duelo que ambos elencos sostuvieron por la fase 2 de la Copa Libertadores.

No habían sido días fáciles para el nacido en Guayaquil. El sábado, en el partido contra Colo Colo, un rebote suyo luego del remate de Joaquín Sosa produjo que Claudio Aquino anotara el único gol con que los albos vencieron en El Teniente. Las críticas por ese tanto fueron duras.

Momento del rebote. Claudio Aquino aprovecha para anotar ante O'Higgins. Foto: Photosport

Este miércoles, ante Bahía, atajó un dudoso penal a Willian José, pero el rebote le cayó al mismo delantero, en uno de los dos goles que le convirtieron para el 2-1 final con el que la serie acabó igualada producto del triunfo celeste en Rancagua la semana pasada.

En cada penal, repitió una y otra vez el mismo ritual: en cuclillas dentro del arco, agarrado a la malla, dándose aliento y rezando ante los abucheos e insultos de la parcialidad brasileña.

Así, con la advertencia del árbitro Maximiliano Ramírez por demorarse en cada ejecución al hacer su ritual, Carabalí fue determinante para que su equipo igualara la serie de definición en el tercer lanzamiento, en el que se estiró rápido a su derecha, para atajar un fuerte disparo del artillero Dell.

En el cuarto remate, el juez Ramírez se aburrió de su ritual y le colocó amarilla al portero de 28 años, quien tuvo que soportar cómo Rodrigo Néstor le gritó un gol en la cara y le lanzó un pelotazo luego de marcarle. Ahí, de manera insólita, el árbitro se fue contra el portero nacionalizado chileno para evitar un conflicto.

Hasta que llegó el quinto penal. El experimentado Éverton Ribeiro, capitán del equipo y dos veces campeón de la Copa Libertadores con Flamengo estaba al frente, con la misión de igualar la serie. Pero, a pesar de sus 36 años, cedió a la infantil tentación de picar la pelota. Carabalí reaccionó con maestría, atajó el penal y desató el festejo de los 10 jugadores celestes que estaban abrazados en la mitad de la cancha... y de toda una ciudad que a esta hora festeja la clasificación a la fase 3 de la Copa Libertadores.

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