Los 274 días de Gonzalo Blumel en Interior

Gonzalo Blumel

Ell exministro del Interior, Gonzalo Blumel. (Foto: Agencia Uno)

Llegó a ser jefe de gabinete casi por casualidad, después de que el Presidente Piñera descartara al menos a cuatro nombres el 28 de octubre de 2019, buscando caras nuevas y dialogantes. Ahora -después de que el Mandatario le ofreciera "lo que quisiera" dentro del gobierno-, el ingeniero Evópoli sale de la esfera pública, con difíciles 8 meses a cuestas en los que enfrentó desde acusaciones de violaciones a los DD.HH. por parte de Carabineros, hasta el "fuego amigo" de la UDI y RN en medio de la pandemia.




Fueron exactos nueve meses al frente de un cargo que no buscó. La accidentada forma en la que Gonzalo Blumel Mac-Iver (42) accedió a la cabeza del ministerio del Interior fue, quizás, un preámbulo de los difíciles 274 días que se le vendrían por delante.

Ese 28 de octubre, en un dramático ajuste en el que partió Andrés Chadwick en medio de acusaciones de violaciones a los DD.HH. tras el estallido social y político que había comenzado diez días antes, quien ocuparía la cartera sería Felipe Ward, defendido por el saliente ministro. Pero la filtración de su nombre y la aparición de antiguas declaraciones respecto de los DD.HH., hizo que ese nombramiento se cayera antes de tiempo. Finalmente fue Blumel quien asumió, en un cambio que buscaba -según se planteaba en ese entonces desde La Moneda- traer caras nuevas y un enfoque dialogante en medio de la crisis.

¿Cumplió o no con ese objetivo? En su equipo no se demoran en aseverar que sí lo hizo aunque reconocen que partió incómodo y que con el tiempo logró amoldarse al cargo con todo lo que ello implicaba: altos costos por el grave problema en torno a la seguridad pública que enfrentó al entrar y, luego, la descomposición de las filas de Chile Vamos.

Nueve meses después de ello, Blumel no quería renunciar al cargo, pero -según afirman sus cercanos- le planteó al Presidente Piñera que consideraba imposible recomponer su relación con los partidos oficialistas, desde donde venían las peores críticas por su manejo político. En esa posición, las mismas fuentes aseguran que fue uno de los principales impulsores del cambio de gabinete de hoy desde que la Cámara de Diputados aprobó por primera vez el proyecto de retiro del 10% de los ahorros previsionales. La distancia entre Blumel y el “establishment” de la derecha -afirman en su exequipo- no tenía arreglo: los elementos que creen “imperdonables” eran el estar por el “apruebo” a la nueva Constitución y su cercanía con sectores de la oposición.

En las tratativas para el nuevo gabinete, Piñera, comentan en La Moneda, le ofreció “lo que quisiera” al saliente titular de Interior. Y el trato deferente se destacó en que fue el único que dio un discurso a su salida de Palacio. Igual como lo hizo Jaime Mañalich al dejar el Ministerio de Salud el 13 de junio. Blumel, hasta ahora, optaría por salir de la esfera pública pues está cansado.

El ingeniero civil -que fue despedido hoy con un largo aplauso- logró meterse en el círculo de confianza del Presidente a fines de su primer gobierno, cuando pasó de la Secretaría General de la Presidencia -donde fue jefe de gabinete de Cristián Larroulet, entonces ministro, y luego jefe de la división de Estudios- al Segundo Piso, para encabezar la asesoría presidencial tras la salida de la abogada María Luisa Brahm.

En 2005 había trabajado como secretario de planificación de la Municipalidad de Futrono y, años después, como investigador del Instituto Libertad y Desarrollo. Pero la cercanía con Piñera terminó de fraguarse al salir del gobierno, cuando fue nombrado director ejecutivo de la Fundación Avanza Chile, desde donde se coordinó la nueva apuesta del Mandatario por La Moneda. Ahí, Blumel -en una tríada que conformó con Chadwick y Cecilia Pérez- encabezó el área de políticas públicas y propuestas, las que finalmente se consolidaron en el programa de gobierno que él dirigió e impulsó durante la campaña electoral.

Con ese bagaje, era claro que en 2017 Piñera optaría por él para algún cargo de confianza. Siendo militante de Evópoli, a la cercanía con el Mandatario se sumó que representaba al naciente tercer partido de Chile Vamos. Una cuadratura perfecta para su comité político: Blumel entró, entonces, como ministro de la Segpres.

Octubre a enero: La sombra de Chadwick

“Él es como mi hijo”. Mucho antes de que Blumel asumiera en Interior, tuvo que lidiar con las dudas que despertaba su falta de oficio político. Esta frase entrecomillada se la escucharon decir el miércoles 4 de julio del 2018 a Chadwick cuando encabezaba esa cartera y el ingeniero Evópoli llevaba menos de cuatro meses como ministro de la Segpres.

Entonces, explicaban en La Moneda que su Número Dos estaba apuntalando políticamente al ministro encargado de las relaciones con el Parlamento, tratando de entablar relaciones con la oposición. Cuando en octubre pasado Blumel terminó sucediéndolo en Interior, la interrogante se reactivó: juró como la última de al menos cuatro opciones que tuvo el Presidente, y notificado apenas minutos antes.

Su cometido estuvo marcado casi desde el arranque por las complicaciones y el magro margen de maniobra de un puesto que está al mando de mantener el orden público, pero que ya tenía en contra el delicado asunto de las violaciones a los derechos humanos. La noche del 12 de noviembre, cuando los desmanes amenazaban con un colapso, fue uno de los ministros que no estuvo de acuerdo con volver a sacar a las Fuerzas Armadas a la calle. Junto con privilegiar las tratativas que personalmente llevaba con personeros de la oposición como Felipe Harboe y el expresidente del Senado, Jaime Quintana, en Palacio era vox populi que temía ser acusado o enfrentar juicios.

La otra función de Interior, la conducción política, entró a un callejón similar exactamente un mes después, cuando Chadwick perdió la primera mano de la acusación constitucional ante la Cámara de Diputados.

Ese 28 de noviembre Blumel no acompañó a su antecesor en el Congreso. Tampoco podía: la defensa de Chadwick se basó en parte en que no se le podía culpar por las violaciones a los DD.HH. de las que se le acusaba porque después de que había dejado Interior, “en este mes han seguido ocurriendo situaciones que son no solo complejas, sino que son reprochables”. Eso dijo su abogado y amigo Luis Hermosilla, solo en la testera del hemiciclo y sin ministros a su lado.

Ni los íntimos de Chadwick ni la UDI lo olvidaron; lo siguen contando en la factura hasta hoy. Se lo enrostraron esa vez la presidenta Jacqueline van Rysselberghe y diputados como Jaime Bellolio. El entonces subsecretario Rodrigo Ubilla solo siguió siendo su subalterno porque el mismo Presidente Piñera lo había disuadido de irse también el 28 de octubre.

Blumel sí fue al Congreso cuando el Senado selló el castigo político contra Chadwick, pero las relaciones con la UDI ya se habían deteriorado. Su alternativa para buscar sustento político tampoco le daba mucho margen con ese partido: apostó a hacer dupla con Ignacio Briones (Hacienda), que había entrado junto con él en octubre. Ya eran amigos y a veces se juntaban a jugar squash. Que ambos militaran en Evópoli no mejoró las cosas con el partido de JVR, que se sentía desplazado de Palacio y que solo tenía ahí a Ward (Segpres), con quien el jefe de Interior tampoco hizo buenas migas. Aunque sí tuvo un gran aliado gremialista: Claudio Alvarado, quien fue su subsecretario en la Segpres, luego en Interior y, en los últimos dos meses, par suyo como titular de la Segpres. Este último, según relatan en La Moneda, puso su cargo a disposición pues creía que no era justo atribuirle sólo a Blumel los problemas que había en la coalición.

Pero mientras tenía en contra a los críticos de ser una “paloma” junto a Briones, Blumel jugó sus cartas tratando de articular con la oposición el pacto que permitió el acuerdo constituyente del 15 de noviembre, base del plebiscito. Con el Presidente y el gobierno fuera de la foto, lo conversaron con Quintana, y senadores como Harboe en reuniones nocturnas en su casa.

Funcionó. La UDI de JVR fue la gran perdedora al resignarse a un hito que tuvo gusto a capitulación. Poco después, despuntando enero, Blumel y Briones le propusieron a Piñera una “hoja de ruta” de largo plazo para bajar la temperatura social antes del plebiscito, priorizando cambios previsionales y en salud.

Pero ese verano el gobierno también daba por hecho que en marzo volverían con vigor las protestas. El titular de Interior convocó a una comisión para estudiar una reforma a Carabineros -que enfrentaba investigaciones por casos de violaciones a los DD.HH. tras el 18 de octubre-, cuyo resultado se conoció en marzo. Pero el propio Blumel también es objeto de al menos 20 querellas que se ventilan también en contra de Piñera en tribunales del país, todos por abusos policiales que se investigan. Tras su llegada a Interior, se dieron también los casos más emblemáticos, como los de Gustavo Gatica y Fabiola Campillai.

El 9 de enero, Blumel jugó una carta más. Le propuso a Piñera reestructurar por completo Interior, Segegob y Segpres; le planteaba disolver las dos últimas y crear la Oficina de la Presidencia, y dividir la primera en dos ministerios, uno de Interior y otro de Seguridad Pública. Él se quedaría solo a cargo de las tareas políticas y ya no del orden público. Cuatro días después, el Presidente notificó a Blumel que su idea se iba al congelador.

Los últimos meses

Los últimos tres meses, en plena pandemia, la gestión de Blumel en Interior tampoco fue tranquila. Tuvo que lidiar con proyectos de la oposición incómodos para La Moneda, conflictos con organizaciones de la sociedad civil y, los más difíciles, con su propia coalición.

Con un nuevo estado de excepción encima -esta vez, de catástrofe, por la pandemia del coronavirus- el jefe de gabinete de Piñera debió echar mano al diálogo para intentar amainar las críticas que provenían del Colegio Médico a la gestión de Mañalich. Es así como creó la mesa social Covid, donde incorporó a los principales detractores del titular de Salud -Izkia Siches y los alcaldes-, además de rectores y científicos. Pero la iniciativa no se libró de problemas. En mayo, Siches pidió la palabra y subiendo el tono, le reclamó a Blumel por varias cosas, entre las que destacó que no tenían una interlocución válida con el Ministerio de Salud.

La pandemia, aunque produjo un problema político grave con Mañalich, quien salió en junio, le dio una suerte de “aire” a Blumel. Incluso, hace dos meses se realizó un cambio de gabinete que lo reforzó en su cargo y encabezó las primeras conversaciones para lograr un acuerdo económico con la oposición. Sin embargo, las complicaciones llegaron de la mano del “fuego amigo”.

A comienzos de junio, a partir de las medidas económicas para paliar la crisis derivada de la pandemia, la UDI -que, junto a RN, criticaban las iniciativas de La Moneda- le dio una especie de estocada mortal.

La conducción política de este gobierno está bastante endeble”, señaló Van Rysselberghe a comienzos de mes luego de que Piñera promulgara la ley que limita la reelección de parlamentarios y alcaldes. Tanto el gremialismo como RN habían pedido un veto para permitir que decenas de alcaldes de Chile Vamos pudieran reelegirse en las elecciones municipales del próximo año.

Internamente, la UDI hizo ver que Blumel habría recomendado no vetar el proyecto para no perjudicar a su partido, Evópoli, colectividad que no tiene alcaldes que se verían afectados por la norma.

Pero las relaciones entre la UDI y Blumel venían mal desde el año pasado y el desaire de Van Rysselberghe en la ceremonia de promulgación del proceso constituyente fue el símbolo de una mala relación que nunca logró cuajar: la senadora ya no hablaba telefónicamente con el ministro desde hace semanas. La directiva de la UDI criticó constantemente en público y en privado, la falta de equilibrios en el comité político, el hecho de que Evópoli tuviera a dos importantes ministerios –Interior y Hacienda- algo que provocó que varias veces chocaran en las reuniones de La Moneda.

El corolario de esa complicada relación fue una declaración de la comisión política de la UDI que se filtró antes de tiempo y que no fue finalmente la oficial. En el primer borrador se pudo leer: “Hay una evidente falta de conducción política que se arrastra hace tiempo y que exhibe el ministro del Interior”. Sin embargo, la declaración final se moderó pero las críticas internas hacia Blumel no pararon.

“Creo que me ha tocado ejercer en los nueve meses más difíciles de los últimos 30 años”, comentó Blumel hace un par de semanas cuando nuevamente le llegaron esquirlas del fuego amigo en medio de la discusión por el retiro del 10% que terminó por dividir las aguas en Chile Vamos, propinándole una dura derrota al gobierno.

Hoy, el jefe de gabinete deja su cargo después de 274 días al mando y cuando varios de sus cercanos ya lo veían agotado y cansado. El segundo ministro del Interior más joven en asumir en el cargo desde el regreso de la democracia, después de Rodrigo Peñailillo, decidió submarinearse y decir adiós.

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