Columna de Gabriel Cavada: Covid19, ¿un invierno menos aciago?

FOTO: LUKAS SOLIS/AGENCIAUNO



Por Gabriel Cavada, Epidemiólogo y académico de la Escuela de Salud Pública de la U. de Chile

Los días previos a las olas de invierno durante la pandemia de Covid19 en Chile durante el gris año 2020, el amargo 2021 y el enigmático 2022 tienen una constante: la comunicación y la educación del riesgo pandémico ha sido débil y confusa, aunque estas características se han hecho más evidentes este año. Durante el 2020 se sabía poco y sólo habían dos elementos de protección: la actitud personal y el autocuidado, por una parte, y las perspectivas de los más severos confinamientos o cuarentenas, que probablemente ningún chileno haya vivido antes. Este año hubo sólo una falaz esperanza: “La epidemia duraría de cuatro a seis meses”. Pero aquí estamos en lo mismo, dos años y tres meses después.

Una luz certera se situó cuando en febrero de 2021 comenzó la vacunación masiva de la población. Sin embargo, poco se dijo que las vacunas prevenían enfermedades graves y muertes con cerca de 90% de eficacia y sólo entre 60% y 70% para prevenir contagios. La población entonces se creyó libre del virus a todo evento, lo que implicó tener una inesperada ola de verano.

Sabíamos que la solución para amortiguar los brotes era tener más del 80% de la población vacunada en forma rauda: las primeras estimaciones nos hacían suponer que el objetivo se cumpliría a finales de junio de 2021. Con este fin se instauró el pase de movilidad, que descomprimiría la rutina cotidiana. Pero la enconada lucha política lo catalogó de “criminal”, el gobierno cedió a la presión y el objetivo sólo se logró con seis meses de retraso. Así, el 2021 fue mucho más cruento que el 2020: 64% más de contagios y 13% más de fallecidos.

Con estos datos centelleando en nuestras retinas, aparece el 2022 y la cepa Omicron, con vacunas disponibles y la percepción de riesgo disipada casi por completo. Para las nuevas autoridades las cifran importaban poco. Se habló de educación pandémica y su socialización, pero ésta no llegó. Una curva epidémica en constante baja nos instaló la idea que la pandemia estaba terminando, las tasas de vacunación cayeron a niveles dramáticos y de este sueño despertamos el 9 de mayo con una expansión de casos del 30% por semana, augurio de invierno malo, con una ola de contagios desatada y las mascarillas oficialmente olvidadas. No hay tiempo de educar ni de advertir, sino retomar los mejores ritmos de vacunación con incentivos creativos, para tener esperanza cierta que el invierno de 2022 será menos aciago.

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