Mundo

Antonio Spadaro: “León XIV se ha convertido en un contrapeso de Trump, pero no por elección política”

Para el sacerdote jesuita, ex director de la revista Civiltà Cattolica y estrecho colaborador del Papa Francisco, a León XIV “le basta hablar de migrantes, derecho internacional y del uso instrumental de la fe”, para que se genere un contraste con el Presidente de Estados Unidos. Algo que se aprecia también en su encíclica Magnifica humanitas, que es, dice, “una reflexión sobre el poder”. “El Papa es perfectamente consciente de ello, no es ingenuo”, asegura.

Don Doll, S.J.

“Lo veo como a un hombre sereno, que escucha más de lo que habla”, dice Antonio Spadaro cuando se le pregunta cómo ve al Papa León XIV a poco más de un año de haber sido elegido. El ex director de la revista jesuita italiana Civiltà Cattolica y actual subsecretario del Dicasterio para la Cultura y la Educación es una de las voces más autorizadas para hablar de la Iglesia Católica y del Vaticano. Hombre cercano al Papa Francisco, asegura que el actual pontífice está consolidando procesos abiertos por su antecesor y dice desconfiar del término “restauración” usado por algunos tras la elección de León XIV. “Que haya recuperado la mozzetta o reabierto Castel Gandolfo es parte de su interpretación del ministerio petrino, no de una ideología”.

Para Spadaro, quien participará en el Seminario Internacional de Comunicaciones de la Iglesia, organizado por la Unversidad Católica, el 27 y 28 de julio, el actual pontificado sigue la línea de su antecesor en temas como “la sinolidad, la paz como línea no negociable, los pobres y los migrantes”. “Es una continuidad creativa”, dice, “no una fotocopia”. Y al momento de comprararlo con alguno de sus antecesores, más allá de León XIII, al que el propio Prevost ha hecho referencia, el sacerdote jesuita asegura que “por temperamento” y por esa “capacidad de mantener unida a una Iglesia en tensión sin que se rompa, a veces pienso en Pablo VI”. El actual Papa, asegura “es un timonel en tiempos difíciles, que gobierna con la calma de quien reza”.

El Papa León XIV llega al encuentro 'Tejer redes con el mundo de la cultura, la educación, la empresa y el deporte', el 6 de junio de 2026, en Madrid (España). Europa Press Ricardo Rubio / Europa Press

Cuando fue elegido, se habló mucho del papel que podría desempeñar como contrapeso a Donald Trump, sobre todo por ser estadounidense. ¿Cree que los cardenales tuvieron en cuenta eso al momento de elegirlo, cree que es visto hoy como la contracara de Trump?

Los cardenales no eligieron a un “anti-Trump”, eligieron a un pastor capaz de fomentar la comunión en una Iglesia herida y en un mundo hecho pedazos. Reducir un cónclave a una maniobra geopolítica significa no comprender lo que ocurre en la capilla Sixtina. Dicho esto, la biografía de Prevost es en sí misma un mensaje: un estadounidense de Chicago con nacionalidad peruana, veinte años de misión en Chiclayo, un abuelo siciliano, raíces criollas. Es EE.UU. visto desde el Sur del mundo. Cuando habla en inglés en las televisiones estadounidenses entra en los hogares con una autoridad que ningún Papa extranjero había tenido jamás. ¿Se ha convertido en un contrapeso? De hecho, sí, pero no por elección política, sino por el peso del Evangelio. Él no necesita mencionar a Trump, le basta con hablar de migrantes, de derecho internacional, del uso instrumental de la fe. No es una oposición, es una diferencia de naturaleza. El poder utiliza la religión para consagrarse, el Papa se niega a consagrar el poder. Eso es todo, y es muchísimo.

Durante todo 2025, tuvo una actitud más reservada, más silenciosa, pero las cosas cambiaron desde el consistorio de enero. ¿Se puede decir que este año comenzó realmente su pontificado?

Yo diría más bien que ahí cambió la fase. El primer periodo no fue de silencio: fue de escucha. León heredó un Jubileo inaugurado por Francisco, un año que no era “suyo” y al que sirvió con discreción, hasta cerrar la Puerta Santa el 6 de enero. Los días 7 y 8 de enero convocó el consistorio extraordinario: primero escuchó a la Iglesia, luego comenzó a dirigirse al mundo. Hay una lógica agustiniana en esto: primero la interioridad, luego la palabra. Y también hay una lógica de gobierno. Pocos días después, el 9 de enero, en su discurso ante el cuerpo diplomático denunció la sustitución de la diplomacia del diálogo por una “diplomacia de la fuerza”. Ese es el verdadero programa de política internacional del pontificado. Quienes lo describieron como un Papa cauteloso han tenido que desdecirse, tras las crisis internacionales y el enfrentamiento con Washington. Pero él no ha cambiado: lo que ha cambiado es el momento.

El papa León XIV en la misa en la Basílica de la Inmaculada Concepción de Mongomo. Foto: Vatican Media / Zuma Press / Europa Press / Contacto.

Desde su toma de posesión, quedó claro que el tema de las nuevas tecnologías sería fundamental para León XIV, lo que quedó en evidencia con su primera encíclica. Usted ya había adelantado antes del cónclave que ese sería el reto del próximo papa. ¿Por qué considera que la IA es hoy un tema fundamental para el Papa y para la Iglesia católica?

Porque no estamos hablando de una tecnología más. La inteligencia artificial no es una herramienta que se usa, es un entorno en el que se vive. Redefine el trabajo, el conocimiento, las relaciones, la guerra, la relación con la verdad. El Papa se lo dijo a los cardenales al explicar la elección del nombre: al igual que León XIII respondió con la Rerum novarum a la primera revolución industrial, hoy la Iglesia debe responder a otra revolución, que afecta a la dignidad humana, la justicia y el trabajo. Las “cosas nuevas” de nuestro tiempo son los algoritmos.

Y añado, la cuestión de la IA es la forma contemporánea de la cuestión antropológica. ¿Quién es el hombre cuando todo parece medible, predecible, optimizable? No es un tema para ingenieros: es un tema para cualquiera que se preocupe por lo humano. La Iglesia interviene no como experta en técnica, sino como experta en humanidad, con dos mil años de reflexión sobre la persona. Por eso, el 15 de mayo, exactamente 135 años después de la Rerum novarum, León firmó la Magnifica humanitas: la primera encíclica de la historia dedicada a la revolución digital. Y vale la pena recordar que Prevost estudió matemáticas: conoce los sesgos, los mecanismos estadísticos sobre los que se construye la IA. No habla por lo que ha oído decir.

El Papa también habla en Magnifica humanitas del poder de los propietarios de las grandes empresas tecnológicas, que hoy supera al de los Estados nacionales. ¿Cree que las “Big Tech” se están convirtiendo en una especie de gobierno mundial, en una superpotencia que amenaza los sistemas locales y la democracia liberal?

El verdadero tema de la encíclica no es cómo usar bien la IA, sino quién la controla. Es una reflexión sobre el poder. Y el texto lo dice con claridad: hoy en pocos sujetos se concentra un poder desproporcionado sobre la vida de las personas. La tecnología no es neutral: adopta el rostro de quienes la conciben, la financian, la regulan y la utilizan. Yo no hablaría de “gobierno mundial”, las grandes empresas tecnológicas no gobiernan, hacen algo más sutil: poseen la infraestructura con la que los propios gobiernos deben operar. Controlan los datos, la potencia de cálculo, los canales de la palabra pública. Es una soberanía de hecho sin legitimación democrática y sin territorio. Por eso, la encíclica retoma dos principios clásicos de la doctrina social y los aplica al ámbito digital: la subsidiariedad, que hoy se ha invertido -ya no es el Estado el que aplasta a los organismos intermedios, sino las plataformas las que vacían de contenido a los Estados y a las comunidades-, y la destinación universal de los bienes, extendida a los datos y al conocimiento. Los bienes digitales surgen de la vida de todos: no pueden pertenecer solo a unos pocos. Se necesita una gobernanza internacional de la IA, tal y como se hizo con la energía nuclear. El Papa no es ingenuo: sabe que es difícil. Pero también sabe que renunciar a reclamarla significa rendirse.

“Una encíclica no es un artículo de opinión: perdura durante décadas, no solo una legislatura. Por eso no menciona a Trump, al igual que la Rerum novarum no mencionaba a industriales concretos. Pero, por supuesto, quien la lee (...) reconoce el escenario en el que vivimos”

Antonio Spadaro

¿Cree que se puede ver hoy a las “Big Tech” y a la Iglesia católica, como dos visiones del mundo contrapuestas, dos concepciones del ser humano y de la tecnología, en contraposición entre sí, algo parecido a “Silicon Valley contra el Vaticano”, simplificando el concepto?

La simplificación “Silicon Valley contra el Vaticano” es eficaz desde el punto de vista periodístico, pero errónea, porque la Iglesia no está en contra de la tecnología y Silicon Valley no es un monolito. Dicho esto, existe realmente un conflicto entre antropologías, y sería hipócrita negarlo. Por un lado, hay una visión según la cual el hombre es un proyecto que hay que superar, el límite es un defecto que hay que corregir y la muerte, un problema técnico -pensemos en ciertas corrientes transhumanistas, o en la teología política de alguien como Peter Thiel. Es una gnosis en versión digital, y no es casualidad que utilice un lenguaje abiertamente teológico: salvación, inmortalidad, apocalipsis. Por otro lado, está la visión bíblica: el hombre es una criatura, el límite es la forma de su dignidad, la fragilidad es el lugar del amor. La cuestión es que el partido no se juega entre dos instituciones, sino dentro de cada uno de nosotros, cada vez que aceptamos o rechazamos ser reducidos a un perfil.

El Papa no menciona a Trump en la encíclica, pero hay algunos pasajes que parecen dirigidos a la Casa Blanca; ¿cree que el Papa es consciente de ello y ha asumido el papel de contrapeso al discurso disruptivo y polarizador procedente del Gobierno de Estados Unidos?

Una encíclica no es un artículo de opinión: perdura durante décadas, no solo una legislatura. Por eso no menciona a Trump, al igual que la Rerum novarum no mencionaba a industriales concretos. Pero, por supuesto, quien lee las páginas sobre la concentración del poder tecnológico, sobre la manipulación de la verdad pública, sobre la alianza entre el poder informático y el nacionalismo, sobre el uso instrumental de la religión, reconoce el escenario en el que vivimos, y ese escenario incluye a Washington. El Papa es perfectamente consciente de ello, no es ingenuo, y tiene formación como canonista y matemático, dos disciplinas que enseñan la precisión.

Pero atención, “contrapeso” es una categoría de la mecánica, y el Papa no juega en ese tablero de ajedrez. Yo distingo desde hace años entre la lógica del tablero de ajedrez -donde cada pieza existe para eliminar a la otra- y la lógica del tejido, donde los distintos hilos se mantienen unidos. Trump juega al ajedrez; León teje. Si el resultado es que su voz actúa como contrapeso al discurso polarizador de la Casa Blanca, eso es efecto de la fidelidad al Evangelio, no a un proyecto político. Y, de hecho, la Casa Blanca le teme precisamente por eso: no se puede negociar con quien no juega tu mismo partido.

Se ha hablado mucho de las referencias del papa León XIV a León XIII por la encíclica Rerum Novarum, pero algunos han recordado también otro texto de León XIII que ofrece una lectura diferente, el texto en el que advierte del “americanismo” como riesgo para la Iglesia del siglo XIX. ¿Comparte ese análisis y qué paralelismos se pueden establecer hoy con ese texto?

Es una interpretación aguda, y la comparto con una precisión. El texto es la Testem benevolentiae de 1899, la carta al cardenal Gibbons en la que León XIII advertía contra lo que denominó “americanismo”: la tentación de adaptar el Evangelio al espíritu de la época estadounidense, el activismo que menosprecia la contemplación, la idea de que la Iglesia debe adaptarse a la civilización moderna para tener éxito. En el fondo, el primado del rendimiento sobre la gracia.

Los paralelismos con la actualidad son impresionantes. El americanismo del siglo XXI tiene dos caras: el nacionalismo cristiano, que recluta a Dios para el poder de la nación, y el mesianismo tecnológico, que promete la salvación a través de la optimización. Son la misma herejía en dos versiones: la fe reducida a una religión civil de la fuerza y el éxito. Y ahí radica la magnífica paradoja: el mejor antídoto contra el americanismo es un Papa estadounidense. León XIV conoce esa cultura desde dentro y precisamente por eso puede decirles, en inglés y en su propio terreno, que el Evangelio no es un recurso estratégico. Un Papa italiano o argentino podría haber sido descartado como “alguien ajeno a nosotros”; Prevost, no. La elección del nombre León debe interpretarse entonces en su totalidad: la Rerum novarum para la cuestión social de la AI, pero también, implícitamente, la Testem benevolentiae para la cuestión espiritual de América.

Más sobre:PapaLeón XIVVaticanoTrumpIAIglesia CatólicaAntonio SpadaroLT Domingo

La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

Plan Digital+$6.990 al mes, por los 3 primeros meses SUSCRÍBETE