El gasto energético de la IA se toma la conversación en evento antesala de la COP31
La expansión de la IA abre para Chile el desafío de atraer centros de datos sin tensionar el sistema eléctrico, el agua ni las metas de descarbonización. El tema ha sido el principal foco de debate en la Climate Week de Nueva York que se desarrolla en paralelo a la Asamblea de la ONU, y donde también estuvo presente la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo.
Nueva York volvió esta semana a convertirse en uno de los principales escenarios de la agenda climática global. La Climate Week, que se desarrolla en paralelo a la Asamblea General de Naciones Unidas, ha instalado entre sus principales debates una tensión que hasta hace poco ocupaba un lugar secundario. Se trata de cómo aprovechar el potencial de la inteligencia artificial (IA) para enfrentar el cambio climático sin que su propia infraestructura termine aumentando la presión sobre el sistema energético.
La cita reúne a gobiernos, empresas, organismos internacionales, científicos y organizaciones de la sociedad civil en diversas actividades. Y aunque la electrificación, las energías renovables, el financiamiento climático y la resiliencia concentran buena parte de la agenda, el crecimiento de los centros de datos asociados a la IA ha comenzado a ocupar un espacio propio.
El responsable climático de las Naciones Unidas, Simon Stiell, dijo a Associated Press que la IA consumidora de energía “está aumentando la contaminación que calienta el planeta procedente del carbón, el petróleo y el gas, mientras incrementa los costes energéticos para hogares y empresas”, y agregó que los líderes de esta tecnología “están en una situación muy débil en cuanto a licencias para operar”.
El problema surge a partir de que los modelos de IA requieren grandes cantidades de capacidad computacional para entrenarse y operar. Esa demanda se traduce en electricidad para los chips, refrigeración y sistemas de respaldo, además de requerimientos de agua, suelo e infraestructura. Una de las estimaciones expuestas durante las primeras jornadas apunta a que los centros de datos podrían agregar hasta 118 GW de demanda a la red estadounidense hacia 2030 y representar cerca del 12% de su consumo eléctrico promedio.
La discusión adquiere relevancia porque el despliegue de estas instalaciones puede avanzar más rápido que las nuevas líneas de transmisión, sistemas de almacenamiento y generación renovable. Y en nuestro país, la preocupación también nos alcanza, ya que Chile busca posicionarse como polo de desarrollo tecnológico mientras enfrenta restricciones hídricas y mantiene como objetivo la descarbonización de su matriz.
En la Climate Week participa la ministra del Medio Ambiente, Francisca Toledo, quien forma parte de la delegación oficial chilena que partió junto al Presidente Kast a la Asamblea General de Naciones Unidas. La secretaria de Estado llegó acompañada por el jefe de la División de Cambio Climático de la cartera, Hernán López.
La agenda de la ministra ha estado centrada en movilizar financiamiento para la acción climática, fortalecer la colaboración público-privada y avanzar en las negociaciones de cara a la COP31. Entre sus actividades, sostuvo una reunión bilateral con el ministro de Medio Ambiente y Cambio Climático de Brasil, João Paulo Capobianco, para abordar instrumentos que permitan apalancar inversión pública y privada; participó en el lanzamiento de la Agenda de Acción de la COP31; expuso los avances de Chile para reducir las emisiones de metano, incluyendo la futura norma de emisión que prepara el MMA; y asistió a la reunión anual del High Level Panel for a Sustainable Ocean Economy, reafirmando el compromiso del país con la protección de los océanos.
La paradoja energética de la IA
Para Antonia Berríos, abogada y coordinadora de la ONG Fima, la eficiencia debe ser parte de la respuesta y no limitarse al reemplazo de combustibles fósiles. Además, advierte que el aumento de la generación renovable no necesariamente equivale a una reducción de la generación fósil si la demanda eléctrica continúa creciendo. A ello suma los impactos que pueden producir nuevas infraestructuras sobre ecosistemas que almacenan carbono. En Chile, agrega, los proyectos de centros de datos debieran considerar explícitamente su consumo energético dentro de la evaluación ambiental, “de modo de incorporar en cada nuevo desarrollo los mecanismos de compensación mínimos”.
El exministro del Medio Ambiente y actual CEO de Global Methane Hub, Marcelo Mena, plantea otro criterio: que la demanda adicional de los centros de datos sea compatible con los presupuestos de emisiones establecidos en la Ley de Cambio Climático. A su juicio, el crecimiento de la IA también puede transformarse en una oportunidad para acelerar tecnologías limpias y sistemas de refrigeración con menor consumo de agua. “Lo que no podemos tolerar es una proliferación de fuentes sucias de respaldo, como generadores diésel o centrales de gas natural”, señala.
Mena apunta además a una ventaja que, según sostiene, tiene Chile frente a otros mercados. Esto es un Sistema de Evaluación Ambiental que permite revisar impactos, incorporar participación ciudadana y analizar variables como agua, ruido y cambio climático.
El desafío, por tanto, no es solamente conseguir más electricidad para alimentar la expansión de la IA. La discusión que deja el evento paralelo a la Asamblea de la ONU apunta a cómo producir y consumir esa energía de manera más eficiente.
La misma tecnología que aumenta la demanda energética también puede convertirse en una herramienta para reducirla, según plantean en el encuentro. Durante la Climate Week se han destacado aplicaciones de IA para optimizar redes eléctricas, edificios, transporte, predicción meteorológica, sistemas de almacenamiento y procesos industriales.
Así, a menos de dos meses de la COP31, el debate climático suma una nueva pregunta a las tradicionales discusiones. Para Chile, que busca atraer esa infraestructura, esa discusión comienza a ser parte de las condiciones para decidir dónde y cómo se construirá la próxima generación de centros de datos.
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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