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El nuevo rostro del desempleo femenino

Cada año hay más mujeres que entran a la fuerza laboral y cada año la inteligencia artificial achica más rubros donde típicamente se desempeñaban, como la industria financiera y la de las comunicaciones. Esos son dos de los factores que explican que un 10% de las chilenas se encuentre cesante y por qué esa realidad las está obligando a reinventarse en empleos no relacionados a sus carreras.

02 DE MARZO DEL 2018 TEMATICA DE GENTE CAMINANDO POR FUERA DE EDIFICIOS DE OFICINAL SANTIAGO, CHILE FOTO: LUIS SEVILLA FAJARDO PEATONES - TRANSEUNTES - BARRIO FINANCIERO - HABLANDO POR CELULAR - SANTIAGO LUIS ENRIQUE SEVILLA FAJARDO

Silvia Villarroel quedó cesante a los 58 años. Hoy recuerda que antes de que la echaran de su trabajo como ejecutiva bancaria había un rumor entre sus compañeros: pronto no sería necesario su puesto con la digitalización de las operaciones. Villarroel nunca creyó que eso sucedería, pese a que cada vez en las oficinas había menos clientes y la mayoría de las consultas eran respondidas por un bot.

–Antes teníamos que hacer todo el proceso de abrir una cuenta corriente. Iniciábamos el trámite interno y, cuando todo estaba listo, íbamos a dejar personalmente la tarjeta a la casa de nuestros clientes, cuenta Villarroel.

Silvia Villarroel, 58 años.

Sin embargo, la digitalización de las operaciones puso a un clic la apertura de una cuenta corriente, transferencias, depósitos a plazo, entre otros. Villarroel dice que durante este proceso les encargaron enseñarles a los clientes a manejar las plataformas digitales.

Todo terminó en enero de 2025, cuando fue despedida del trabajo que realizó durante 15 años junto con una treintena de sus colegas. Sólo que la disminución de personal por la automatización de servicios no la afectó a ella solamente. De acuerdo con cifras recopiladas por la consultora Colliers, en 2024 ya habían cerrado 41 oficinas bancarias en la Región Metropolitana. La cifra se agudiza si se analiza desde 2020: a contar de esa fecha han cerrado 486 sucursales, acorde a datos de la Comisión para el Mercado Financiero (CMF).

Villarroel entró en un mercado laboral con un complejo escenario para las mujeres. El desempleo femenino llegó al 10% a nivel nacional. Los sectores financieros, de seguros, además del rubro de las comunicaciones, han sido los más afectados en un mercado laboral que no logra absorber a toda la fuerza laboral femenina que aumenta cada año.

Según cifras del Observatorio del Contexto Económico (OCEC) de la Universidad Diego Portales, con registros del INE, el sector financiero en el trimestre enero-marzo de 2025 sumaba 117.029 mujeres empleadas. Un año después, la cifra en los tres primeros meses de 2026 es de 94.979. Es decir, hay 22.050 mujeres menos trabajando en comparación con el año pasado en la rama de actividades financieras y de seguros.

En ese escenario, Villarroel debió abrirse camino al igual que otras mujeres que buscaban trabajo en medio de este peak de desempleo femenino. La diferencia es que ella lo hacía tras una vida dedicada a la banca.

–Yo no sabía ni cómo armar un currículum. Pero salí a buscar trabajo muy optimista, tenía mucha experiencia, había trabajado más de 20 años en el sector y salí a buscar muy confiada -manifesta Villarroel.

El rechazo

Tras la pandemia, los clientes definitivamente reemplazaron las sucursales bancarias por el celular. Un estudio de 2021, a cargo de la empresa de software financiero Tenemos, arrojó que el 63,9% de los chilenos realiza sus operaciones bancarias por medios digitales y cerca de un 16% declara nunca visitar un banco. Por lo mismo, las instituciones financieras han optado por invertir en ciberseguridad y digitalización de las operaciones.

Carla Rojas, coordinadora de Inclusión del Observatorio de Personas de la FEN, explica que la tecnología influye en el mercado laboral. Sin embargo, precisa que los sectores más feminizados –financiero, manufactura, comunicaciones o agronomía– tienen más riesgo de automatización.

—Las industrias que son más feminizadas usualmente son las menos pagadas y las más precarizadas, y la automatización es una variable que amenaza las tareas repetitivas. Históricamente, las mujeres están en esos puestos de trabajo a través de la manufactura, el retail, los sectores financieros, atención al cliente. Por eso son las primeras afectadas- relata la académica.

02 DE MARZO DEL 2018 TEMATICA DE GENTE CAMINANDO POR FUERA DE EDIFICIOS DE OFICINAL SANTIAGO, CHILE FOTO: LUIS SEVILLA FAJARDO LUIS ENRIQUE SEVILLA FAJARDO

Villarroel se inició en la industria bancaria en sus 20, pasó por diferentes entidades y en cada trabajo sumó capacitaciones, cursos y estudios de programas internos. Bastó su enseñanza media completa para escalar en el sector financiero, pero en la actualidad esa carrera laboral es algo que pocas pueden proyectar.

El presidente de la Confederación de Sindicatos Bancarios y del Sistema Financiero, Marco Bonnefoy, destaca que la industria era un buen lugar para que las mujeres iniciaran una carrera laboral. Sobre todo por las capacitaciones, la estabilidad y los beneficios que otorgaba. Ahora, se están disminuyendo los empleos que daban una proyección a mujeres sin estudios superiores.

En este avance digital, las mujeres que se desempeñaban en estas áreas han tenido que buscar otros rubros. Lo mismo ocurre con la fuerza laboral femenina que se incorpora al mercado y no encuentra oferta para estos empleos. Sin embargo, Villarroel quiso mantenerse en la misma industria. En mayo tuvo sus primeras entrevistas para cargos de administración en bancos o vendedora de seguros.

En algunas de la docena de entrevistas a las que asistió se encontró con muchas de sus excompañeras.

–Era medio cómico, porque me acuerdo que coincidimos en algunas reuniones. Estábamos todas buscando los mismos puestos. Una compañera que encontró trabajo a los dos meses, después nos avisaba cuando abrían vacantes en su empresa, relata.

Así, entre los compañeros que fueron despedidos se compartían links de ofertas laborales y experiencias en las entrevistas.

Durante los primeros tres meses de búsqueda no perdía la seguridad de encontrar un puesto similar al de ejecutiva de cuentas. Por eso aceptó un cargo como operadora telefónica de telemarketing que realizó durante dos meses: pese a que recibía el sueldo mínimo, con bonificaciones alcanzaba los 700 mil pesos, un poco menos de lo que ganaba como ejecutiva.

–Yo tenía que hacer llamadas desde la casa. Era buena la pega, pero yo no estaba bien. Me empecé a deprimir más, al final tuve que renunciar. Yo no estaba bien psicológicamente, tenía una sensación de rechazo desde que me despidieron. Estaba trabajando, pero me sentía rechazada por tantas otras entrevistas, dice Villarroel.

Tras siete meses buscando trabajo, ya no le quedaba nada de la confianza y optimismo con los que había enfrentado sus primeras entrevistas laborales. Por lo mismo, por primera vez comenzó un tratamiento farmacológico para la depresión. Preocupándose de su salud mental y yendo a terapia, siguió con la búsqueda de trabajo. Pero el mercado laboral para las mujeres seguía sin oportunidades. No sólo para ella: también en áreas completamente distintas a las que se han visto mayormente afectadas.

La eterna búsqueda

Alejandra Rojas (34), de profesión enfermera arsenalera, desde que egresó en 2018 tuvo una exitosa carrera laboral en clínicas y hospitales. Durante sus primeros trabajos recibía un sueldo que rondaba los 900 mil pesos. En octubre de 2023 quedó embarazada y, debido a que trabajaba en un lugar en el que se realizan radiografías, decidió renunciar. Luego de que su hija cumplió los seis meses quiso volver a trabajar, pero se encontró con la misma dificultad que vivían otros cientos de mujeres: meses de entrevistas para no quedar en ningún trabajo.

Entre portales de internet y consultas en hospitales, se dio cuenta de que no sería fácil volver a trabajar en lo que quería.

Para buscar una vida más tranquila y nuevas oportunidades laborales se mudó desde Santiago a Villarrica, en abril de 2025. Rojas pensó que encontraría trabajo rápidamente con el recién inaugurado hospital comunal.

–Fui a dejar mi currículum y me dijeron que me llamarían, pero que había pocos cupos. Nunca me llamaron. Después de un año sin trabajar me dije a mí misma que iba a buscar cualquier cosa que viniera. Ya no me importaba ejercer, necesitaba trabajar. Con un dividendo y una hija pequeña no alcanza con un sueldo- relata.

Alejandra Rojas, 34 años.

Los académicos aclaran que el desempleo no tiene relación con que se produzcan más despidos de mujeres –en 2023 fueron desvinculadas 79.7978 mujeres versus 158.2820 hombres. En 2025 se repite esta diferencia con 58.2809 despidos femeninos y 101.0500 masculinos–, sino que se explican por el crecimiento de la fuerza laboral femenina.

El director del Observatorio del Contexto Económico de la UDP, Juan Bravo, señala que –además de las brechas estructurales– el crecimiento de la fuerza laboral femenina incide directamente en las cifras de desempleo. Es decir, cada vez más mujeres están disponibles para trabajar. Sobre todo en áreas que requieren estudios superiores. Acorde a un informe de 2025 de la Subsecretaría de Educación Superior, las mujeres representan un 52,9% de la matrícula de primer año de pregrado en comparación con los hombres, que registran un 47,1%.

–El desempleo no solo depende de la creación de empleo, sino que también de la evolución de la fuerza laboral. En el caso de las mujeres, uno ve que sigue expandiéndose. En cambio, en los hombres eso está más bien estancado. De hecho, la tasa de participación laboral de hombres en el último año cayó de 72,3% a 71,5%. No es que los hombres tengan un mercado laboral dinámico en cuanto a creación de empleo. Lo que ocurre es que, en definitiva, está retrocediendo la participación laboral masculina, y por eso entonces la tasa de desempleo logra mantenerse”.

En la Oficina Municipal de Información Laboral (OMIL) de Santiago reciben a cientos de mujeres, especialmente sub 30 y mayores de 50. Constanza Araya, subdirectora de Desarrollo Económico Local, indica que el 57% de las personas que asisten a la OMIL son mujeres que, tras extensas búsquedas de trabajos en las áreas en que se especializaron, ahora intentan ingresar a empleos técnicos y de rápida inserción, como servicios de higiene y cuidados de niños y adultos mayores.

Dentro de las mujeres que buscan trabajo las más afectadas son las jóvenes menores de 24 años. El académico explica que esto ocurre porque se cruzan dos variables: la exigencia de experiencia laboral y la edad fértil de las postulantes. Eso, aunque hoy Chile tiene la tasa de natalidad más baja de su historia, con 0,97 hijos por mujer.

A pesar de esa realidad, Bravo apunta a la legislación de sala cuna que obliga a las empresas a disponer de cuidados para los hijos cuando alcanzan la contratación de 20 mujeres.

–Esto encarece la contratación femenina. Se produce una discriminación a la inversa de las mujeres de mediana edad. Cuando una empresa supera el umbral de las 20 trabajadoras y se ve obligada a contar con sala cuna, muchas veces lo que hacen es contratar a mujeres que superan los 50 años para evitar que se utilice ese beneficio, indica el economista de la UDP.

Finalmente, Alejandra Rojas, la arsenalera quirúrgica, encontró un trabajo limpiando cabañas por 20 mil pesos.

–Claro que me gustaría poder ejercer como antes, pero este trabajo me permite aportar con algunas cosas de la casa, aunque sea poco- relata Rojas.

La académica de la FEN Carla Rojas dice que es factible que mujeres de mediana edad logren reinventarse. De hecho, está sucediendo hoy: muchas han comenzado a buscar en áreas técnicas que no tienen relación con sus empleos anteriores.

–Hemos visto que se cambian harto a la minería. En ese sector se contratan alrededor de cinco mil mujeres al año; también la construcción ha recibido trabajo femenino que hace terminaciones o el aseo. Pero en una constructora tienen mejores condiciones, aumenta el sueldo, tienen legislación, también están cubiertas por seguros laborales. Entonces, hoy día, por ejemplo, las mujeres en la construcción representan el 10% y muchas mujeres están viendo una posibilidad de negocio en los sectores que eran tradicionalmente masculinos.

Pero Silvia Villarroel no quiere cambiar de rubro. Con más de 20 años de experiencia en la banca, aún espera encontrar un trabajo similar al que tenía. El problema es que hasta ahora no ha llegado y eso la tiene resignada. Ahora se dedica al cuidado de su madre y no ve el futuro con optimismo:

–Yo creo que ya no voy a encontrar trabajo antes de jubilarme; cansa que todo el tiempo te digan que no en las entrevistas.

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Casi nadie tiene claro qué es un modelo generativo. El resto lee La Tercera.

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