Fiestas de fin de año en turno: trabajar mientras otros celebran
Hospitales, aeropuertos y edificios siguen activos cuando llegan Nochebuena y Año Nuevo. Psicólogos y trabajadores relatan el desgaste, la vocación y las estrategias para sobrellevar una ausencia poco reconocida.
Al anochecer del 24 y 31 de diciembre, mientras las mesas ya estaban servidas y los brindis comenzaban a repetirse, miles de personas en Chile se preparaban para iniciar una jornada laboral. Hospitales, aeropuertos, edificios, centros de eventos y servicios esenciales siguieron funcionando, tanto en Navidad como en Año Nuevo.
Para quienes trabajan en esos turnos la celebración se vive a distancia. Y ese desajuste entre lo que socialmente se da y lo que efectivamente se experimenta tiene un costo emocional que rara vez se visibiliza.
Desde la psicología laboral, Mariana Bersted, académica de la U. Diego Portales, señala que trabajar en esas fechas tiene un impacto particular. “No es solo un feriado más. Son fechas cargadas de simbolismo, fuertemente asociadas al encuentro familiar, a la pertenencia y a la pausa”, explica. Por ello, cuando una persona trabaja en esos días se produce un quiebre entre la expectativa social y la experiencia real. “Eso puede generar tristeza, sensación de pérdida o incluso culpa, especialmente en quienes tienen hijos pequeños o familiares cercanos”.
La rutina se ve desajustada en estas fechas significativas, donde el resto de la población disfruta. Sin embargo, dice la experta, “la tensión no solo se concentra en Navidad; la falta de sincronía constantemente afecta a quienes trabajan en turnos”. Pero la vocación también desempeña un papel crucial en la forma en que muchos enfrentan el trabajo en estas fechas.
Por ejemplo, en el pabellón de la Urgencia del Hospital Cordillera, el anestesiólogo Pablo Meier está acostumbrado a que el reloj marque fechas simbólicas mientras él monitorea signos vitales de pacientes, muchos en riesgo vital. Eso sí, reconoce que fue difícil ver que, mientras hacía su turno, a eso de las 20 horas del 24, colegas suyos se despedían para ir a pasar Navidad a sus casas. Ante ello, también cuenta que para sobrellevar el peso se armaron instancias como un “amigo secreto” entre los que se quedaron durante la noche, o comiendo algo especial en vez de la comida del casino. Durante la noche de Año Nuevo pasó algo similar, donde los trabajadores que debieron pasar el turno se abrazaron para luego seguir con sus labores.
La idea la refuerza Ámbar Alvarado, enfermera del Hospital Eloísa Díaz, de La Florida. Ella entró a turno la noche del 24 y, según cuenta, lo más complejo fue ver a su familia que se preparaba para festejar, mientras ella se alistaba para ir al trabajo. “Es lo más difícil, e incluso hay quienes prefieren entrar al turno antes para no ver eso”, dice. El ambiente en las UCI durante la Navidad no es común, pues la mayoría de los pacientes están en estado crítico. “Hay muchas familias que vienen a ver a sus seres queridos. Ellos también nos traen cosas y nos agradecen por cuidar de sus familiares”, cuenta.
A pesar de las dificultades, la enfermera reflexiona sobre la importancia del trabajo, donde el cuidado va más allá de lo físico. “Cuidar a personas que están en riesgo vital le da un valor emotivo a la Navidad”, concluye.
Pero las urgencias no son las únicas de turno. En un registro completamente distinto, aunque atravesado por la misma lógica, está Constanza Provens, productora de eventos. Ella y su equipo debieron trabajar para recibir alrededor de 400 invitados en la celebración de Año Nuevo en un importante hotel de la capital. La conexión entre su empresa y la cultura de festividades es palpable, pero no todas las festividades son iguales. “Hay una sola regla que he tenido desde que entré a trabajar en esto: el único día que no transo es Navidad”, subraya. Esa fecha tiene un valor personal y familiar intocable y ha logrado transmitir esos valores a su equipo.
Si bien no todos pueden determinar la misma condición, lo que sí es generalizado es sentir la Navidad como una fecha más difícil para trabajar que Año Nuevo. Esto, según Bersted, es porque la primera es un momento de unión familiar “repleto de ritos y tradiciones que intensifican la conexión entre los seres queridos”.
Lucas Mezzatesta es asistente de vuelo de una aerolínea nacional y pasó Navidad en el aire. Lo sabía desde noviembre y ya se había mentalizado para trabajar en un viaje de ida y vuelta de Santiago a Punta Arenas, que tomó alrededor de ocho horas en total. Lo habló con su familia, y aunque planificó juntarse con ellos al día siguiente, aun así le fue complejo enfrentar por primera vez un turno navideño fuera del hogar. “Tratamos de hacer alguna atención especial a los pasajeros y al mismo tiempo nos apoyamos entre la tripulación, sobre todo para quienes tienen hijos”, menciona.
Hay otros que también deben dejar de lado sus planes familiares para desempeñar labores habituales, como Ricardo Contreras, mayordomo y conserje que en sus 17 años de trabajo en el rubro ha trabajado en más de un turno en festividades. “Hay edificios donde hay bastante bullicio, gente en fiestas, pero la sensación de uno es que cumple con un servicio para la comunidad”, explica. Para él, estos turnos son otro día más en la oficina, con la particularidad de que, en vez de nostalgia, siente que su labor forma parte del bienestar general.
Paradójicamente, Ricardo reconoce que el trabajo en las noches festivas se reduce drásticamente, aunque la atención y cortesía con su labor se notan más que otras veces, y en ocasiones ha recibido hasta tres platos de comida como muestra de agradecimiento. “Son bien condescendientes y agradecen el hecho de que uno se haya quedado”, reconoce.
Ante esto, Bersted advierte que si bien muchas personas desarrollan estrategias de adaptación, el desgaste existe y debe ser reconocido. “El problema no es trabajar en sí, sino la falta de validación emocional de ese sacrificio. Cuando el esfuerzo se invisibiliza, el costo psicológico aumenta”, sostiene. Por eso, subraya la importancia de políticas organizacionales que consideren apoyo emocional, turnos rotativos y espacios de reconocimiento.
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