Columna Gonzalo Larraguibel: Empresas frente a los nuevos paradigmas, visión y coraje para liderar el cambio

"Más allá de las buenas intenciones, esta es una profunda transformación cultural y operacional que requiere, primero, una conexión emocional con estos desafíos y un nuevo propósito que refleje un renovado “para qué” de la organización, incluyendo a su controlador, directorio, alta dirección y, eventualmente, todos los ámbitos de la empresa. "



Mayor meritocracia y equidad más allá del género, origen u otra característica o condición, así como lograr derechos sociales efectivos que permitan a los más vulnerables vivir más dignamente y alcanzar oportunidades reales, son solo algunas de las demandas que buscan “emparejar más la cancha”. Un contexto donde el nuevo “capitalismo” debe ser más consciente y humano, evolucionando paradigmas y cambiando formas de operar que, aunque hayan sido aceptadas e incluso exitosas en el pasado, hoy pueden ser consideradas fuente de inestabilidad social, una amenaza a la legitimidad institucional e, incluso, una barrera para lograr el potencial económico necesario para dar vida efectiva a las demandas mencionadas al comienzo.

Cada vez más intensas y transversales, lo cierto es que estas expectativas llegaron para quedarse, generando profundas implicancias en la forma de hacer empresa. No obstante, aún no todos lo ven de esta manera. Es así que mientras algunas compañías han avanzado velozmente y evolucionado por liderazgo propio, muchas otras se han adaptado más lentamente, obligadas por la presión del entorno o, simplemente, tratan de mantener el status quo esperando que las cosas “vuelvan a ser como antes”. El gran tema es que las exigencias de los consumidores, el talento, los territorios donde operan, sus proveedores, inversionistas, organizaciones sindicales y sociales, además de otros miembros del ecosistema social y político, están mutando simultánea y rápidamente no solo en Chile, sino que prácticamente en todo el mundo. Incluso, a nivel normativo, la implementación y cumplimiento de normas ESG se ha vuelto más exigente y monitoreada, incorporando en su apartado Social una serie de acciones enfocadas al respeto de los Derechos Humanos mediante la generación de relaciones inclusivas, saludables y responsables a nivel laboral, con las comunidades y el entorno.

Públicas o privadas, con o sin fines de lucro, liderar organizaciones frente a este nuevo paradigma, donde la empresa es considerada un “ente social” con demandas de múltiples grupos de interés, implica gran empatía y capacidad de escucha para conectar con estos cambios, así como también para generar la estructura y cultura que permita abordarlos. Más allá de las buenas intenciones, esta es una profunda transformación cultural y operacional que requiere, primero, una conexión emocional con estos desafíos y un nuevo propósito que refleje un renovado “para qué” de la organización, incluyendo a su controlador, directorio, alta dirección y, eventualmente, todos los ámbitos de la empresa. Luego, una vez que existe convicción, es necesario generar una estrategia, un “qué”, y co-construir el plan de trabajo que llevará a lograrla, el “cómo”. Esto no solo considerando las tradicionales y necesarias iniciativas técnicas, sino también el sello del cambio cultural en valores y formas de trabajo que se requiere para lograrlo. El éxito de lo técnico subyace en lo cultural.

La verdad es que aún son pocas las empresas que, entendiendo que deben evolucionar y mejorar su propuesta de valor para sus clientes y la sociedad, tienen la visión y el coraje para abordar con fuerza y velocidad el cambio integral que requiere su estrategia y formas de trabajo, desafiando paradigmas cada vez que sea necesario para avanzar en este camino. Así lo vemos desde Virtus, donde constantemente nos relacionamos con múltiples compañías, dueños de empresas y grupos empresariales de diversa naturaleza en múltiples países de América y Europa. Para sus líderes, muchas veces parece más fácil y menos riesgoso mantenerse en la zona de confort, en lo técnico y conocido; ir más cauto y lento en lo cultural sin arriesgar tanto ahora o, en definitiva, no involucrarse. No obstante, esa postura en un mundo global y de constante cambio es cada vez menos sustentable y de más alto riesgo. Dar el paso requiere “soltar individualmente” y abrir la mente a evolucionar nuestra forma de hacer las cosas, para así generar un cambio en el ADN de la organización que comience a gestarse desde los líderes y permee hacia cada una de sus unidades e, incluso, hacia otros stakeholders clave fuera de ella.

A pocos días del Plebiscito de Salida, y ya con una señal bastante clara de lo que quieren los chilenos, con una marcada convergencia en múltiples encuestas, tendremos el desafío de continuar el proceso constitucional en medio de un escenario económico muy complejo y de altas aspiraciones sociales.

En este contexto, ¿Será usted protagonista de los cambios que vienen? ¿Cómo debe adaptar su estilo de liderazgo y forma de hacer empresa para sintonizar con ellos? ¿Qué propósito, valores y formas de trabajo requiere su organización para generar las capacidades adaptativas y de aprendizaje necesarias para navegar e innovar en estos nuevos tiempos? ¿Tiene realmente la visión y el coraje necesario para emprender este camino?

*El autor es socio de Virtus Partners

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