Por Valentina VerbalDemocracia expresiva

No pocos analistas han dicho que la “hora de la verdad” acerca de las credenciales democráticas de la izquierda chilena se producirá cuando dicho sector político retorne a la oposición, desde el 11 de marzo próximo, en el marco de la asunción al poder de José Antonio Kast. Sin embargo, existen antecedentes suficientes para anticipar lo que sucederá. Y estos antecedentes no guardan solo relación con la actitud de esa izquierda en torno al estallido de octubre de 2019, sino incluso respecto del movimiento estudiantil de 2011. En ese entonces, dirigentes de la Concertación consideraron que, acerca de la educación superior, la “voz de la calle” valía más que la deliberación que podría darse en el parlamento.
Pero, sin lugar a dudas, el apoyo a la voz de la calle alcanzó su clímax en el contexto del estallido de 2019. Lo novedoso es que, en ese momento, una gran mayoría de parlamentarios de izquierda —tanto de la vieja como de la nueva— validaron la violencia como un método de acción política. La validaron no por el hecho de llamar directamente a ejercerla, sino porque la justificaron como una respuesta legítima frente a una supuesta “violencia estructural”. Y lo hicieron, además, vale la pena recordarlo por enésima vez, acusando dos veces al Presidente de la República, Sebastián Piñera, por presuntamente haber violado la Constitución.
Si tuviésemos que resumir el fenómeno anterior, podríamos recordar un término acuñado por Manuel Antonio Garretón en los meses posteriores al estallido de octubre de 2019. Garretón señalaba en 2020 que lo más significativo del estallido habría sido que el pueblo ya no demandaría una democracia representativa y participativa, sino más bien una “democracia expresiva”, “que se manifiesta en las calles”. Sin embargo, no se hacía cargo del hecho de que gran parte de esa manifestación había adoptado un carácter violento.
Una actitud muy similar ha podido apreciarse en los últimos días, a propósito del veredicto del Caso Gatica. El Presidente de la República, Gabriel Boric, ha llegado no solo a rechazar la resolución de un tribunal independiente, sino incluso a señalar que Carabineros de Chile —a través del excomandante Claudio Crespo— habría atentado contra “una persona que estaba en una manifestación”, sin mencionar el carácter violento de la misma (Tolerancia Cero). Algo muy similar ha podido apreciarse en una entrevista a la presidenta del Frente Amplio, Constanza Martínez, quien afirmó que la sentencia en cuestión sería contraria al “derecho a la manifestación” (Tele13 Radio).
¿Qué cabe concluir de lo anterior? Al menos, dos cosas. La primera es que la izquierda chilena, en particular el Frente Amplio, incluye el uso de la violencia dentro del concepto de manifestación o protesta política. Y la segunda es que, ya no hay ninguna duda, dicha izquierda volverá a justificar el uso de la violencia en contra del futuro gobierno. Pero, sobre todo, y hay que decirlo con todas sus letras, esa justificación se hará en contra de la democracia liberal, que es la única que, en el mundo moderno, merece llevar el nombre de democracia.
Por Valentina Verbal, Horizontal
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