Bachelet rearma su campaña
Convencida de que el gobierno de Kast buscaba dilatar una definición respecto de su candidatura a la ONU, lo que dificultaba el despliegue de su campaña a un mes de la audiencia clave ante la Asamblea General, Michelle Bachelet apuró la decisión de La Moneda, para así dejar su postulación en manos de Brasil y México.
El viernes 20, a eso de 17.30 horas, cuando Michelle Bachelet llegó a sus oficinas en la casona de Capitán Fuentes 99, en la comuna de Ñuñoa, la misma que comparte con su fundación Horizonte Ciudadano, la expectación cundía entre los miembros de sus equipos de trabajo por saber qué había pasado en la hora y media de conversación que había tenido a solas en La Moneda con el Presidente José Antonio Kast.
Pero esa tarde, Bachelet subió a sus oficinas sin decir nada. “La vimos entrar, venía tranquila, pero con cara de jugador de póquer. No transmitió nada y eso nos llenó de preocupación”, señalan miembros de su equipo. Ellos tampoco se atreverían a preguntarle directamente, pese a la enorme expectativa que tenían sobre el resultado de ese encuentro en La Moneda. Quienes la conocen saben lo hermética que es, y que si no cuenta algo, no queda más que esperar.
Ya en su oficina, mientras ultimaba los detalles del viaje que emprendería al día siguiente a Ginebra, en su calidad de vicepresidenta del Club de Madrid, Bachelet se comunicó con algunos de sus colaboradores más cercanos para darles un escueto mensaje. “El gobierno va a anunciar la próxima semana su decisión”, les dijo, sin anticiparles lo que sería noticia cuatro días después, cuando el martes 24 el jefe de Estado anunció oficialmente que su gobierno retiraba el apoyo a la campaña de Bachelet a la Secretaría General de la ONU.
No era necesario que les diera más detalles. Desde mucho antes, en el entorno de Bachelet habían previsto que no contarían con el respaldo del nuevo gobierno y que tendrían que sostener la candidatura desde Brasil y México. Los dos países le habían ratificado en varias ocasiones que seguirían firmes con su campaña, pasara lo que pasara con Kast. Por lo mismo, el problema para la campaña era otro.
“Para Bachelet era urgente zanjar las cosas lo antes posible y clarificar si su campaña se coordinaría desde Chile o tendría que traspasarse ese rol a las cancillerías de Brasil y México”, señalan en el equipo de la exmandataria.
Hasta el 11 de marzo, había sido la Cancillería chilena la encargada principal de articular la agenda y las acciones de campaña de la expresidenta, tareas a las que se plegaban los brasileños y mexicanos. Pero a partir del cambio de mando en Chile, las gestiones que involucraban a las misiones diplomáticas chilenas habían quedado suspendidas a la espera de que el gobierno de Kast tomara una decisión.
Y los tiempos se estaban viniendo encima. El 20 de abril, Bachelet tiene que concurrir a Nueva York, junto al resto de los candidatos que ya han formalizado sus candidaturas, para exponer ante la Asamblea General de la ONU, los grupos de interés regional y las ONG vinculadas al principal organismo multilateral, en una ronda de audiencias informales en las que cada aspirante tiene tres horas en total para exponer sus puntos de vista y responder preguntas en torno a sus habilidades y capacidad de liderazgo para “una organización fuerte y preparada para el futuro”, y sobre los tres pilares de las Naciones Unidas: paz y seguridad, desarrollo y derechos humanos.
El equipo de Bachelet, junto a las cancillerías de Brasil y México, había estado revisando en detalle las audiencias que se realizaron por primera vez en abril de 2016, para preparar de mejor forma su puesta en escena y las propuestas de ella como candidata, para lo cual han ido sumando las opiniones que han recogido en los diversos encuentros que ha tenido desde que inició su campaña. Pero aún faltaba por definir toda la logística de lo que será ese importante viaje a la sede de la ONU.
Lo mismo ocurre con las dos nuevas giras que tiene previstas a Europa entre mayo y junio, con el objetivo de reunirse con los jefes de gobierno y cancilleres, particularmente de Gran Bretaña y Francia, países con asiento permanente en el Consejo de Seguridad y, por lo mismo, claves en el proceso de selección del futuro secretario general de la ONU. A eso se suma la agenda internacional de Bachelet como integrante del Club de Madrid, exalta comisionada de Derechos Humanos de la ONU y exjefa de ONU Mujer, que incluía invitaciones de universidades e instituciones estadounidenses y europeas.
“Hasta ahora no sabíamos quién se haría cargo de solicitar las audiencias, de la organización de los viajes, de la compra de los pasajes”, señalan en la oficina de Bachelet.
Desde las misiones diplomáticas chilenas, las que se habían jugado hasta entonces por su candidatura, también estaban apremiando por una definición. Varias, entre ellas la de Suecia, habían solicitado con anterioridad audiencias con representantes de otros gobiernos, las que estaban agendadas para estos días y necesitaban saber si podían acudir o no y, de no hacerlo, quién asumiría esa agenda. Una definición que recién les llegó el miércoles pasado, cuando se les instruyó dejar sin efecto todas las acciones en curso relativas a la candidatura de Bachelet.
Bachelet pide apurar
Hasta la semana pasada, en el entorno de la expresidenta estaban convencidos de que el gobierno de Kast buscaba dilatar lo más posible una definición y evitar así tensionar aún más la relación política con la centroizquierda, en momentos complejos para la nueva administración a raíz de los efectos provocados por el alza de los combustibles.
Una dilación que complicaría el despliegue de su campaña, reconocen en el entorno de la exmandataria.
Por lo mismo, la semana pasada Bachelet solicitó una nueva cita con Kast, esta vez en La Moneda. El objetivo prioritario era apurar una definición. Ambos habían hablado a solas el 22 de diciembre, poco después de que el líder republicano ganara el balotaje. En esa oportunidad, el presidente electo había postergado una decisión para después del 11 de marzo, a la espera de tener más antecedentes.
En la extensa conversación del viernes 20 (según algunos excancilleres “una hora y media entre un Presidente y una expresidenta es una eternidad”), Bachelet y Kast no sólo acordaron la fecha en que se daría a conocer finalmente el anuncio. También negociaron otros aspectos, aseguran fuentes de la Cancillería que lidera Francisco Pérez Mackenna.
“En todas las conversaciones previas, tanto las que se realizaron en la OPE como en los intercambios de opiniones que hubo tras asumir el gobierno, lo que más estaba sobre la mesa era que dilatáramos la decisión. Nunca antes se había hablado de que si no apoyábamos a Bachelet, Chile se abstendría de votar por otro candidato, eso fue una sorpresa para nosotros”, admiten fuentes de Cancillería.
El gesto fue criticado por algunos analistas y expertos internacionales, ante lo que era una inédita renuncia de Chile a marcar una posición en medio de la crisis del multilateralismo.
Para el excanciller Alberto van Klaveren, el rechazo de Kast a apoyar la candidatura de Bachelet a la ONU fue una decisión “drástica y mezquina”, y rompe con una tradición en la política exterior chilena. “Había una suerte de fair play respecto de candidaturas que venían de gobiernos anteriores o de personalidades de gobiernos anteriores, y yo creo que ese fair play se rompió, y es algo que nos preocupa, porque también significa una suerte de ruptura en lo que es la tradición de la política exterior”, señaló el exjefe de la diplomacia chilena esta semana, recordando el apoyo transversal que hubo en torno a otras postulaciones de chilenos a organismos internacionales, como la de Andrés Allamand a la Secretaría General Iberoamericana, o al apoyo que le dio el expresidente Sebastián Piñera a la candidatura de José Miguel Insulza (PS) a la Secretaría General de la OEA.
¿Inviable?
No sólo Van Klaveren cuestionó los argumentos que dio el gobierno de Kast para bajar la candidatura de Bachelet. Otros 11 cancilleres y exsubsecretarios de Relaciones Exteriores de los gobiernos de la ex Concertación, de la ex Nueva Mayoría y del gobierno de Boric destacaron los méritos de la exmandataria chilena para alcanzar la Secretaría General de la ONU y pusieron en duda, como señalaban las autoridades entrantes, que hubiera una alta dispersión de candidatos de la región, lo que hacía inviable el éxito de la postulación de Bachelet.
En 2016, proceso en el que ganó el portugués Antonio Gutérres, hubo 13 candidatos. Más del triple de los que hasta ahora están oficialmente en carrera. A menos de un mes de que los aspirantes al máximo cargo de la ONU deban exponer ante la Asamblea General del organismo, hay sólo cuatro candidatos formalmente en carrera compitiendo con Bachelet: el argentino Rafael Grossi, quien tiene el respaldo del gobierno del Presidente Javier Milei; la costarricense Rebeca Grynspam, apoyada por su país; el expresidente senegalés Macky Sall, cuya candidatura presentó Burundi, y la ecuatoriano- libanesa Ivonne Baky, cuya postulación oficializó en enero el Líbano. En los últimos días la lista se acortó: el jueves 26, Islas Maldivas anunció que retiraba la postulación de la diplomática argentina Virginia Gamba.
Para los excancilleres chilenos que respaldan a Bachelet, ninguno de los otros aspirantes tiene la trayectoria, el nivel de conocimiento ni ha ocupado cargos al nivel de los que ha desempeñado Bachelet. Razones de sobra, señalan, para que su candidatura, por complejo que sea el escenario mundial, siga siendo una opción válida.
Entre los partidarios de Bachelet también ponen en duda otro de los argumentos esgrimidos por el gobierno de Kast para justificar la decisión de retirarle su apoyo. “Las diferencias con algunos de los actores relevantes que definen este proceso hacen inviable esta candidatura y el eventual éxito de esta postulación”, señalaron las nuevas autoridades en el comunicado dado a conocer el martes pasado y que fue redactado tras un “pimponeo” entre los equipos de Presidencia, los asesores del Segundo Piso de La Moneda y el gabinete del canciller Pérez.
Sin embargo, fuentes cercanas al actual canciller admitieron que “hasta el momento no hemos recibido ningún mensaje explícito de Estados Unidos u otra de las potencias con poder de veto dentro del Consejo de Seguridad de que vayan a usar anticipadamente ese mecanismo”.
Para el excanciller Heraldo Muñoz, “el único veto que ha habido es el del gobierno chileno en contra de Bachelet”. Y añade: “Si se analiza lo que dicen los expertos, aquellos que siguen de cerca lo que ocurre en torno a las Naciones Unidas, los medios internacionales, todos coinciden en que Bachelet está en la delantera entre los distintos candidatos que hay hasta ahora. Entonces de qué inviabilidad me hablan”.
Hace algún tiempo, Bachelet le pidió a Muñoz, quien fue su canciller durante su segunda administración, que articulara en Chile una red de apoyo a su campaña a la ONU, previendo que el gobierno de Kast le retiraría su respaldo. La idea era tener un equipo de expertos, excancilleres, exsubsecretarios de RR.EE. y exdiplomáticos o académicos en temas internacionales, que colaboraran en la preparación de documentos, análisis y discursos para la campaña. Un grupo interno que apoyara el trabajo que ahora liderarán las cancillerías de Brasil y México.
El grupo debutó esta semana, con fuertes críticas a la decisión de Kast. Algunos de los exministros, incluso, en señal de molestia, optaron por restarse de un almuerzo de camaradería ofrecido esta semana por el ministro Pérez al término de la sesión del consejo asesor de política exterior.
Y es que entre los partidarios de la campaña de Bachelet aseguran que no hubo un minucioso análisis técnico en el entorno de Kast antes de retirar la candidatura de la exmandataria. La última vez que se reunió el equipo de la Cancillería chilena a cargo de la campaña con sus contrapartes de Brasil y México fue el 9 de marzo pasado, cuando se hizo un diagnóstico detallado de los escenarios que estaban configurándose y se repasaron las acciones y tareas previstas para los próximos meses, ocasión en la que los representantes de Brasil y México reiteraron el compromiso de sus gobiernos de continuar con la candidatura de Bachelet, posición que esta semana fue ratificada por la presidenta mexicana, Claudia Sheinbaum, y por el de Brasil, Lula da Silva (ver entrevista a el excanciller y principal asesor internacional del Lula, Celso Amorim).
En la Cancillería chilena admiten que no se habló con sus pares de México y Brasil antes de anunciar el retiro de la candidatura de Bachelet. No fue un descuido, sino que un acto premeditado. “Ellos no nos advirtieron en febrero que iban a sumarse a la presentación de la candidatura de Bachelet, así que, en reciprocidad, nosotros tampoco les avisamos que íbamos a retirar nuestro apoyo”, señalan.
Ahora, tras la extensa conversación entre Bachelet y el Presidente Kast en La Moneda, en el entorno de la exmandataria esperan que el gobierno chileno haga un rápido y formal traspaso del trabajo que realizó la diplomacia chilena a las cancillerías de Brasil y México, para que puedan seguir adelante con la campaña.
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