Política

Muere Camilo Escalona, hombre clave del socialismo chileno

El exsenador falleció en la Clínica Indisa, acompañado de su familia tras una dura batalla contra el cáncer. Dedicó 57 de sus 71 años a esa tienda, que presidió y donde ostentaba hasta hoy el cargo de secretario general. Aquí cinco momentos que ayudan a comprender a un político imprescindible para entender la historia contemporánea de la izquierda chilena.

31.05.2012. Camilo Escalona. FOTO:FRANCISCO NEGRONI. FRANCISCO NEGRONI

Este viernes 4 de septiembre, cerca de las 20.00 horas, falleció en la Clínica Indisa Camilo Escalona Medina, expresidente del Senado y del Partido Socialista.

Aquejado de un agresivo cáncer a la próstata, el histórico dirigente tenía 71 años y mantenía su cargo como secretario general de la tienda, aunque se había alejado de la vida pública a principios de este año, cuando su condición de salud se agravó.

Prefirió la reserva para llevar adelante su enfermedad. Solo se refirió a ella una vez, en entrevista con La Tercera en abril pasado. “Respeto a las personas que hablan con mayor amplitud de una enfermedad tan ingrata y delicada como esta, pero yo considero que es un tema netamente personal, salvo que sea una información indispensable para la opinión pública, que no es mi caso”, dijo.

Incluso, aseguró que ésta fue una de las “tres grandes batallas en mi vida”. La primera, relató, fue el golpe de Estado de 1973. La segunda, “mi decisión de regresar clandestinamente a Chile en febrero del año 82, cuando tenía 26 años, que fue una decisión muy difícil, donde puse en riesgo mi vida durante varios años”. Y la tercera “en lo estrictamente personal, sin lugar a dudas, este es el mayor desafío que he enfrentado”.

Su nombre quedará escrito en los anales del PS, como uno de los principales líderes de su historia. Un hombre clave para esa tienda y, sobre todo, para la transición democrática, donde empujó con fuerza la tesis de la unidad entre la Democracia Cristiana y el PS como sostén de los gobiernos concertacionistas que marcaron esa época del país.

En la clínica lo acompañaron su esposa Jimena Tricallota, su hermano Simón y su hija Natalia. También, en los últimos días, llegaron los dirigentes del PS, encabezados por la senadora Paulina Vodanovic y Arturo Barrios, representantes de las mesas directivas del PC, el PPD y el FA. El expresidente Gabriel Boric se contó entre las figuras que acompañaron en sus horas más difíciles.

Una de las últimas visitas que recibió fue la del Presidente José Antonio Kast, quien la tarde de este viernes estuvo con la familia del histórico dirigente.

El hijo de panadero que enfrentó a la derecha

Escalona ingresó a militar en la Juventud Socialista en 1969, cuando tenía 13 años y estudiaba en el Liceo N.º 6 de San Miguel y, pese a muchas adversidades políticas y personales, toda su vida estuvo ligada al socialismo chileno.

El 15 de noviembre de 1972, más de 70 mil estudiantes secundarios se movilizaron para ir a votar en un ambiente marcado por una creciente polarización y efervescencia política. En medio del paro de camioneros en contra del gobierno de la UP, lo que estaba en juego ese día era si la oposición a Salvador Allende tomaría el control de la Federación de Estudiantes Secundarios (Feses) -la principal organización que agrupaba a liceos y escuelas públicas- sumándola así al poder que ya ejercían desde los colegios particulares pagados en contra del proyecto de la izquierda para construir la Escuela Nacional Unificada (ENU).

Desde San Miguel, Escalona, un joven militante de 17 años, hijo de un panadero y estudiante del Liceo 6 de Hombres (hoy Liceo Andrés Bello), fue la carta del oficialismo para enfrentar a la oposición representada en esa elección por Andrés Allamand (Partido Nacional) y Miguel Salazar (DC), en una lucha que repetía a nivel escolar la pugna entre barrio alto y sectores populares.

Sin grandes dotes oratorias, el liceano de melena larga y ojos verdes haría del mensaje directo, franco y por momentos rudo, una marca que lo acompañaría el resto de su vida política.

Muchos años después, en 2022, recordaría en una columna lo que fue esa elección, que significó su ingreso a las ligas mayores de la política y también enfrentar a un país fracturado. “Este evento adquirió mayor importancia por la disyuntiva histórica entre dictadura y democracia. Las movilizaciones estudiantiles eran atrapadas por la estrategia desestabilizadora de la derecha que movía a sus grupos de choque para crear desgobierno y caos urbano”, escribió.

Con la izquierda dividida -el MIR levantó la candidatura de Luis Valenzuela-, Escalona salió en tercer lugar. Allamand y Salazar lograron las primeras mayorías por un margen tan estrecho entre ambos que ninguno quiso reconocer el triunfo del otro, incrementando la polarización.

Para Escalona, la derrota estuvo lejos de ser un final. Su figura esmirriada y sus chalecos de lana tejidos a mano -que uso gran parte de su vida- lo convertirían en un personaje cercano y reconocible en la zona sur de Santiago. “Los estudiantes de izquierda nos volcamos al trabajo voluntario para enfrentar el mercado negro y el desabastecimiento”, recordaría décadas después. Fue en esa época cuando vivió una situación que para un adolescente idealista se convertiría en un recuerdo inolvidable. Junto a Carlos Lorca, el secretario general de las Juventudes Socialistas, fueron a ver a Allende a La Moneda.

“Lo recuerdo atento escuchando la gravedad de la confrontación en el movimiento estudiantil y su respuesta: ‘Todo lo que hacemos es por el provenir de la juventud chilena, por lograr una sociedad más justa (…) No hay razón válida para incitar al estudiantado a enfrentar con violencia las reformas de la UP’”, escribió Escalona años más tarde sobre lo que les dijo ese día Allende.

El 11 de septiembre de 1973, al igual que muchos otros jóvenes socialistas, Escalona intentó presentar resistencia a las Fuerzas Armadas. Debían atrincherarse en el Liceo de Artes Gráficas, pero nunca llegaron armas ni apoyo. Quedarse era la muerte, así que junto a Ricardo Solari comenzaron un periplo por casas de seguridad para escapar de la represión. Por muchos años, ese fracaso sería un estigma que él y muchos de sus compañeros debieron cargar.

La muerte la vio de cerca. Uno de sus amigos, Eduardo Muñoz, fue asesinado por la Dina tras el golpe. Muchos otros serían detenidos, torturados o desaparecidos. Tras casi 10 días escondido, logró con la ayuda del sacerdote y militante de izquierda Rafael Maroto asilarse en la embajada de Austria. Comenzaba su exilio en la extinta Alemania Oriental, el que rompería en 1982, cuando regresó clandestinamente a Chile para apoyar la reorganización del PS.

Concertacionista y férreo defensor de la alianza con la DC

Si el expresidente Patricio Aylwin fue el político que leyó tempranamente que la lucha contra la dictadura, la recuperación -y mantención de la democracia- pasaba por una alianza entre el mundo socialcristiano y la izquierda; al frente su homólogo fue Clodomiro Almeyda, uno de los socialistas que marcó a fuego a Escalona.

En todos sus discursos solía destacar el rol de Almeyda en la reunificación del PS que impulsó en 1989 y su legado, que apuntaba a que solo la unión de los sectores “progresistas” podría enfrentar a la derecha, aún unida por la figura del general Augusto Pinochet. También avanzar en reformas políticas y sociales, como se hizo en los gobiernos de la Concertación.

Pese a que nunca logró sacarse su chapa de “duro”, su sello como parlamentario -fue diputado por dos distritos diferentes y senador por la Región de Los Lagos y presidente de la Corporación- fue la moderación y la búsqueda de acuerdos con la DC.

También fue uno de los primeros dirigentes de la izquierda que advirtió los costos futuros que acarrearía el “discolaje” y un duro adversario de Marcos Enríquez-Ominami y su primera aventura presidencial.

Por ello, le dolió mucho el discurso anti Concertación con que irrumpió el Frente Amplio, cuyos entonces jóvenes dirigentes lo veían como uno de los símbolos de una “política añeja”.

El 20 de abril de 2016, durante un debate sobre el legado del expresidente Aylwin -días después de su muerte- y la transición a la democracia, en Canal 13, Escalona tuvo un fuerte choque con el entonces diputado Gabriel Boric.

“Venimos a dialogar, no a hacer propaganda fácil, Gabriel”, le dijo Escalona a quien años más tarde sería el Presidente más joven de la historia de Chile.

Difícil relación con Lagos

En 1997, cuando estaba en uno de sus mejores momentos al mando del PS, Escalona sufrió su primera y única derrota electoral. Fue en Santiago Poniente, circunscripción que pertenecía al PPD y a la cual accedió a través de la entrega de un conjunto de “distritos calados”, que inyectaron fuerza a sus socios.

En esa oportunidad obtuvo el tercer lugar tras su compañero de coalición, el DC Andrés Zaldívar (27,77%), y el UDI Jovino Novoa (20,56%). Aunque por esos días parecía que tenía una carrera creciente, su 15,69% dijo lo contrario. Fue un nocaut.

Pese a ello, se mantuvo en la presidencia y coordinó la campaña presidencial de Ricardo Lagos en el Biobío, donde finalmente el socialista logró una holgada ventaja sobre Joaquín Lavín.

Muchos en la Concertación daban por hecho que el flamante mandatario lo nombraría intendente, pero eso no sucedió. También sonó como ministro del Trabajo, cartera que finalmente ocupó Solari -uno de sus adversarios generacionales en el PS-.

Su relación con Lagos fue más bien fría, y el quiebre ocurrió tras la detención de Pinochet en Londres en 1998. El entonces Mandatario apoyó la tesis de José Miguel Insulza de defenderlo para que fuera juzgado en Chile, a lo que el socialista se opone con fuerza. Ambos se enfrentan directamente, y no se dirigieron la palabra por meses.

Escalona terminó en una oficina ubicada en el subterráneo de La Moneda -el ya famoso búnker- asesorando al Ejecutivo en temas mapuches. Esta situación terminaría sentenciando una relación distante con el exjefe de Estado.

Desde el subterráneo creado por Pinochet, Escalona -junto a Arturo Barrios- se rearmó y fortaleció a su lote “La Nueva Izquierda” y en 2002 regresó a la Cámara de Diputados obteniendo la primera mayoría en Lota, región del Biobío, ante la atónita mirada de Lagos.

En 2005 obtendría también la primera mayoría, esta vez en la senatorial por la circunscripción de Los Lagos, ante uno de los caciques de la DC en la zona, Sergio Páez (DC), dando la “sorpresa” y volviendo en gloria y majestad a la primera línea.

El tiempo limó asperezas y en 2016 apoyó con fuerza una segunda candidatura de Lagos a La Moneda, señalando que garantizaba la continuidad de la Nueva Mayoría

Pero su partido le dio la espalda y, de la mano de Álvaro Elizalde, el comité central del PS apoyó a Alejandro Guillier.

El periodista fue derrotado por Sebastián Piñera y muchos dirigentes del PS y el PPD buscaron pasar la cuenta a Elizalde. Escalona, sin embargo, volvió a dar una muestra de pragmatismo. Consciente que el entonces senador tenía el control del partido, se puso a su lado y pactó una alianza.

El apoyo mutuo del Tercerismo, al cual pertenece la actual timonel socialista, Paulina Vodanovic, y la Nueva Izquierda, de Escalona, se mantiene hasta ahora, a la espera de la elecciones internas del próximo año.

De factótum a quiebre con Bachelet

“He recibido un trato vejatorio y discriminatorio”.

El 13 de mayo de 2013, minutos antes de que se iniciara la comisión política del PS, el senador Escalona envió una dura carta a sus integrantes, en la que se negaba categóricamente a someterse a primarias en Los Lagos. La misiva marcó -para muchos- el quiebre definitivo con Michelle Bachelet, quien competía por segunda vez a La Moneda.

Por esos días el ambiente era tenso. El 1 de mayo se había caído el pacto; al mes siguiente -el 30 de junio- la exgobernante debía someterse a primarias y sus partidos base estaban inmersos en la disputa por escaños al Congreso. De ahí que empujara con fuerza este mecanismo para zanjar las controversias internas. Lo que no estaba en el mapa era la rebelión de quien había sido su factótum.

“Ante este canibalismo político, que sólo busca destruirme, debo reiterar a la Comisión Política del PS que soy víctima de tal ‘tratamiento’ desde hace aproximadamente seis años”, se quejó Escalona.

Su negativa pública puso, además, en un complejo escenario a la directiva socialista. Esto, porque su presidente, Osvaldo Andrade, impulsó ese mecanismo, con lo que la amistad de años entre ambos también se fracturó.

Bachelet nunca se sintió cómoda con el rol que se le asignaba sobre ella a Escalona. Independientemente de lo anterior, a Escalona se le reconoce como una figura política clave para Bachelet en su primer gobierno, al alinear las bancadas parlamentarias en votaciones y situaciones difíciles, entre ellos el movimiento estudiantil. Incluso, en distintas instancias se le escuchó decir que Bachelet era la primera socialista de cepa que llegaba a La Moneda después de Allende y que no podían reeditar los errores que hubo con el exjefe del Estado.

Pese a ello, en el partido sostienen que la relación entre ambos nunca volvió a ser igual desde el 2013 en adelante, aunque Escalona siempre defendió su opción. Incluso, el año pasado sentenció: “(Bachelet) Es la alternativa que tenemos. No veo otra”.

Su última intervención pública

La primera semana de julio pasado, raíz de la diferencias internas que produjo la discusión de la megarreforma del Presidente José Antonio Kast, el PS vivió una grave crisis interna.

Pese a su delicado estado de salud, el secretario general de la tienda envió un mensaje de unidad, para apaciguar los ánimos. Para él, según fuentes cercanas, el altercado entre las senadoras Vodanovic y Daniella Cicardini en la Sala del Senado, en Valparaíso, había sido “el acabóse”.

Aunque le informaron que Delfino se había comunicado con los líderes de las otras tendencias para poner paños fríos, “Camilo” insistió a sus cercanos en que quería grabar un video en redes sociales pidiendo unidad interna. Lo consiguió bajo el pretexto de agradecer los cientos de saludos que había recibido semanas antes por cumpleaños 71 (15 de junio).

“El valor más importante que tenemos en medio de las dificultades que atravesamos es el de constituir una sólida hermandad de militantes socialistas que se mueven con el propósito de avanzar hacia una sociedad más justa”, planteó.

Esa fue su última intervención pública.

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