Por Juan Andrés QuezadaLa batalla más dura de Camilo Escalona
El reconocido político del PS habla por primera de un agresivo cáncer contra el cual viene luchando desde hace un tiempo y que lo obligó a abandonar la primera línea en los últimos meses para someterse a un exigente tratamiento médico. Aquí también analiza el complejo momento de su sector y califica de "contrarreforma" la Ley de Reconstrucción de Kast.

Camilo Escalona (70), históricamente conocido como uno de los hombres “duros” del Partido Socialista, optó por mantener en la esfera privada un agresivo cáncer a la próstata, el que le fue diagnosticado en 2024, y siguió sus tareas como secretario general de la colectividad, que el 13 de abril cumplió 93 años.
Incluso, evitó referirse al tema cuando los duros estragos del tratamiento se hicieron evidentes.
“Soy una persona reservada y considero que este es un tema, en lo esencial, personal. Ahora bien, muchos compañeros socialistas, de la izquierda y amigos míos, más allá de mi sector; de la Democracia Cristiana, de otros partidos de centro e independientes, me han preguntado por qué no he estado en la palestra pública en el curso de los últimos meses, y ello me obliga a informar que, efectivamente, tengo una dolencia catastrófica, que estoy en tratamiento contra el cáncer y que prefiero mantenerlo en el ámbito de la reserva”, cuenta el segundo dirigente en la línea del PS desde su pequeño, pero acogedor departamento en la comuna de Providencia.
“Respeto a las personas que hablan con mayor amplitud de una enfermedad tan ingrata y delicada como esta, pero yo considero que es un tema netamente personal, salvo que sea una información indispensable para la opinión pública, que no es mi caso”, explica.
El varias veces presidente del PS, exdiputado y exsenador cuenta que su batalla contra el cáncer se agravó a mediados del año pasado, cuando en pleno tratamiento de radioterapia se le fracturó una vértebra de la columna.
”Fue muy doloroso. Me cambió el estado estructural, por así decir, de mi condición física. Me tuve que someter a una operación muy delicada. Me instalaron unas barras de titanio para que me pudieran sujetar la vértebra y pudiera sentarme, porque no podía hacerlo”.
La fractura y su tratamiento oncológico lo obligó a salirse de las negociaciones parlamentarias, pero Escalona igual se dio tiempo para estar presente en las actividades de campaña de la entonces candidata presidencial oficialista, Jeanette Jara, lo élla le agradeció personalmente.
¿Ha sido un tiempo de reflexión?
Sí, aparte del exigente tema médico, he tenido muchas horas para pensar y estoy haciendo un gran esfuerzo para terminar mis memorias, que abarcan una parte poco conocida de mi rol en la lucha por la democracia y la reconstrucción de los partidos de izquierda y centroizquierda en los años 80, para poder romper el receso político y volver a colocar una alternativa política viable de recuperación de la democracia.
¿Es una de las batallas más grandes que ha dado en su vida, también marcada por el exilio y la clandestinidad?
Tengo tres grandes batallas en mi vida. Una, es la que viví involuntariamente el 11 de septiembre del año 73, a los 18 años, resistiendo en mi comuna de San Miguel: el Golpe de Estado. La segunda, considero, fue mi decisión de regresar clandestinamente a Chile en febrero del año 82, cuando tenía 26 años, que fue una decisión muy difícil, donde puse en riesgo mi vida durante varios años, pero que consideré era una responsabilidad ineludible, cuando la mayor parte de mis amigos de la Juventud Socialista habían sido víctimas de la dictadura. Ahora, claro, en lo estrictamente personal, sin lugar a dudas, este es el mayor desafío que he enfrentado. Derrotar una patología que no es fácil de vencer, que me obliga a estar, día a día, concentrado en ello.
Entiendo que ha seguido atento a la contingencia política y participando -en forma virtual- en las reuniones de la directiva y la comisión política de su partido.
Sí, sigo en la mesa directiva y no pienso salirme. Mientras dure mi licencia médica me está subrogando Arturo Barrios -vicepresidente del PS-, pero mantengo mi condición de titular y sigo participando de las reuniones, porque no tengo ninguna dificultad para ello. Pese a los problemas de salud, mi vocación sigue intacta. El Partido Socialista no es un partido monolítico y para mí es muy importante seguir entregando mi opinión. Tampoco he dejado de escribir mis columnas de opinión todos los lunes en la web de Radio Cooperativa.
Usted es una persona creyente, ¿le ha ayudado la fe?
Mire, yo tengo una infinita confianza en el ser humano, así que mientras esté firme y tenga a mi lado a Jimena (Tricallota, su esposa), que es mi principal baluarte de apoyo todos los días, voy a ponerme de pie. Hay que resistir, hay que saber enfrentar una situación difícil, no hay que doblar los brazos, ese es mi mensaje principal. Hay que aguantar, el ser humano tiene energía a la que puede recurrir en una situación adversa como la que me ha tocado vivir.
¿En algún momento ha sentido que ha perdido las fuerzas?
Siento que estoy en condiciones de seguir adelante y tengo un agradecimiento muy grande al Hospital del Salvador. Afortunadamente, tengo previsión Fonasa y GES (Garantías Explícitas en Salud) y eso me ha permitido recibir un buen tratamiento. Dentro de las limitaciones de recursos que existen, el GES es un orgullo para el sistema público de salud. Yo no puedo sino estar agradecido del esfuerzo que observo semanalmente y de un trabajo que se hace con gran dedicación.
¿Ha tenido el apoyo de su partido?
Agradezco el apoyo fraternal de todos los miembros de la mesa, sin distingos de tendencia ni de grupos internos, quienes me alientan y me respaldan en todas y cada una de las reuniones. A mis más cercanos de una nueva generación del parido que me vienen a ver constantemente: Erwin Díaz Asenjo -exsecretario de la Segegob-, Karina Delfino -alcaldesa de Quinta Normal-, César Valenzuela -diputado-, Cristián Muñoz -exdiputado-; a amigos del colegio, como Natalia Rodríguez; a la secretaria de la oficina, Ximena Barrales; mi jefe de gabinete, Luis Bahamondes. El exministro del Interior Álvaro Elizalde, quien vino a verme hace unos días. Se me llena la casa de visitas.
¿Ha hablado con el expresidente Boric?
Sí, claro, por supuesto. No en las últimas semanas, porque entiendo que está gozando la familia, la vida, respirando nuevos aires...
¿Y sus amigos de la derecha?
Siempre tuve relaciones cívicas normales con la derecha, pero no amistad. Por ejemplo, con Andrés Allamand empezamos juntos en política como dirigentes secundarios en bandos opuestos en el gobierno de la Unidad Popular. Tuvimos diferencias políticas, pero jamás una ofensa de carácter personal, pero no somos amigos. No hay que confundir las cosas.
“Es el momento de la unidad en la oposición”
Escalona cuenta que tenía previsto asistir este sábado al comité central del PS. Sin embargo, el miércoles hizo un mal movimiento durante los ejercicios kinesiológicos, lo que le provocó un fuerte dolor, que lo tiene en ascuas.
“Es una actividad presencial y estuve con mucho dolor ayer en la tarde, así que todo dependerá de cómo me sienta de aquí al sábado”, cuenta.
“Es un comité central muy importante, tengo la impresión de que esta será la semana mas importante del partido en todo el año, porque se tiene que fijar la matriz de la línea política para los próximos meses, principalmente ante la contrarreforma tributaria del Presidente Kast”, agrega.
Independiente que pueda ir o no, ¿cuál será el mensaje a su partido?
De unidad entre la izquierda y la centroizquierda.
¿Es partidario de que siga habiendo dos bloques en la oposición: el Socialismo Democrático, por un lado, y el Frente a Amplio y el PC, por otro?
No, yo creo que hay que tener un entendimiento político amplio, no de bloques. Hablar hoy de dos bloques lleva a puras peleas. ¿Quién lo va a encabezar? ¿Quiénes van a ser los candidatos? Actuemos unidos, que es la gran tarea de ahora. Estoy en contra del apresuramiento.
A su juicio, falta hoy unidad en la oposición.
Desde el año 90 en adelante, el centro político -representado por la Democracia Cristiana- tenía un factor aglutinador en la centroizquierda. Hoy ese centro se debilitó por causas que no son de analizar ahora, y las fuerzas de la izquierda por sí solas no son suficientes para enfrentar el proceso de contrarreforma de la derecha. Entonces, necesitamos entendernos, necesitamos mínimas bases programáticas que nos permitan enfrentar los próximos cuatro años. No se trata todavía de entrar a discutir el tema presidencial, porque para eso falta mucho y sería contraproducente. Pero, por ejemplo, tenemos que actuar unidos ante el zarpazo de un volumen tan grande de recursos hacia el 1% de los chilenos más privilegiados, como el que pretende el proyecto del gobierno, esos más de 4.400 millones de dólares puede significar un forado fiscal del que no nos recuperemos durante 20 o 30 años.
El llamado proyecto de Ley de Reconstrucción de Kast ha sido una especie de imán para unir a una oposición que estaba totalmente dispersa.
Es que nos tenemos que entender, es una necesidad país. No es simplemente una cuestión de coyuntura, de ponerle piedras en el camino a la nueva administración. No, el volumen de recursos que está en juego pone en riesgo las perspectivas de Chile para los próximos 20 o 30 años.
¿Cómo ha visto este primer mes y medio del Presidente Kast?
Creo que hay una distorsión histórica muy grave en las decisiones que se han tomado por la administración Kast en su primer mes. Se casó demasiado rápido con el 1% más rico de la población y las consecuencias pueden ser incalculables. Reformas tributarias como esta sólo hubo en el año 84, cuando Pinochet tenía todo el poder. Y mirando la historia de Chile, sólo puedo comparar la liberación de recursos -impuestos- del Estado con la época en que O’Higgins quiso liberar el Perú. Y en ese entonces, la causa era la independencia nacional. Era exactamente al revés. No era la entrega del patrimonio del país a un grupo de poderosos.
¿Cuáles son, a su juicio, los puntos débiles en el gobierno Kast?
El área económica está en manos de personas que no tienen la eficacia suficiente de captar los verdaderos resultados que se van a producir. Del 90 hasta el año 2010 el gran desafío era la gobernabilidad democrática. Si ella se fracturaba, nadie ganaba. Y, por lo tanto, todo el mundo estuvo dispuesto a cuidarla haciendo los sacrificios que eso exigía. Entre otras cosas, teniendo una carga tributaria que fuera suficiente para enfrentar los principales gastos del país y el ahorro fiscal. O sea, entendió que de los recursos que había en los excedentes del cobre había que ahorrarlos, pero que también el empresariado tenía que poner una carga tributaria viable. Bueno, todo eso se ha borrado ahora. La derecha está borrando con el codo lo que se firmó con la mano. Y José Antonio Kast tiene una responsabilidad ineludible, porque fue parte de este proceso. Fue diputado tres periodos y secretario general de la UDI, y hoy está empujando el país a una situación de incertidumbre en los ingresos fiscales que no sabemos a dónde nos va a llevar y que es muy riesgosa.
¿Usted es de los que creen que tal como ocurrió con el socialismo democrático en el gobierno Boric después del plebiscito de septiembre, en un tiempo más la derecha tradicional va a llegar a instalarse al gobierno de Kast?
Está (Pablo) Longueira, quien ha adelantado que buscará aglutinar a una parte significativa de la derecha que le permita influir. Así que hay que esperar.
El rearme de la izquierda
¿En qué momento se encuentra el socialismo chileno?
En un momento en que nos tenemos que fortalecer. Hemos logrado superar elecciones difíciles, como la última parlamentaria. Tenemos una buena representación de diputados, senadores y alcaldes, pero territorialmente nos hemos debilitado y esta es una de las grandes tareas que se ha propuesto la conferencia programática que se tiene que agendar este fin de semana. El cómo reponer la fuerza territorial que nos distinguió durante los últimos 25 años. Sin embargo, debo decir que no todo es poco, porque hemos tenido un sorprendente resurgimiento de la Juventud Socialista, que no tiene nada que ver con las acusaciones de violentismo que se le han hecho por los incidentes que afectaron a la ministra de Ciencia, Ximena Lincolao, en Valdivia, que el partido condenó inmediatamente.
A ratos, se ve mucho más vigorosa a la Juventud Comunista y del Frente Amplio...
Se ve, pero nosotros tenemos una fuerza muy significativa en el movimiento estudiantil y no tenemos nada que envidiarle a nadie.
¿Cuál es su evaluación de la participación del PS como parte esencial del gobierno de Boric?
Fuimos una parte muy importante. Siento que el rol del ministro Mario Marcel (Hacienda) fue decisivo y su colaboración al presidente Boric fue inestimable. Luego, el rol político que jugó Álvaro Elizalde, primero como presidente del Senado durante el primer proceso constituyente, aunque no nos fue bien, y luego en el equipo político. También Carlos Montes en Vivienda que, pese a las críticas, destrabó obstáculos que habían quedado en el área de vivienda.
¿Se arrepiente de haber apoyado la primera propuesta constitucional?
No, porque nosotros teníamos un compromiso de cambiar o reemplazar la Constitución que iba a imponer Pinochet. Esa Constitución la impuso en 1980 y ese año el socialismo tomó un juramento de honor, que era luchar por cambiarla. Por eso que la derrota de ese primer plebiscito fue tan profunda para nosotros. No esperábamos un revés de esa magnitud.
Se lo pregunto porque usted es un político pragmático y esa propuesta constitucional ha tenido un muy mal envejecimiento.
Es que en ese momento nosotros no teníamos más fuerza. El estallido social fue un momento de euforia de la sociedad chilena que los antropólogos e historiadores tendrán que estudiar mucho más. Ello radicó en que la composición de la Asamblea Constituyente fuese mucho más a la izquierda de lo que el país podía aprobar. Todo el mundo de la izquierda y centroizquierda, excepto los sectores de ultraizquierda, que eran los predominantes en la asamblea, llegaron a la conclusión de que el texto, como estaba, no se iba a poder implementar y tampoco aprobar, como definitivamente ocurrió.
¿No hace una autocrítica como dirigente socialista?
La autocrítica que podríamos hacer es la ausencia de un reconocimiento -antes del plebiscito de septiembre del 2022- de que la tarea de aprobar esa nueva Constitución se hacía imposible. Y haber dicho que muchos fueron a darse un gustito a la Asamblea y ahí fracasó todo.
Finalmente, Escalona no pudo asistir ayer al “central” del PS que se realizó en la sede de excongreso en Santiago.
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