Un delicado cambio de conciencia

Es necesario abrazar un sistema para poder cambiarlo. Enfrentar estos cambios con la mente, el corazón o la voluntad cerrados, nos llevan a actuar desde la duda, el odio o el miedo.




La delicadeza es una luz amable, que alumbra pero no encandila, que considera al otro en su historia, sus esfuerzos, sus aflicciones y aspiraciones; que presupone, junto con el dolor por la injusticia, la gratitud y el reconocimiento por todo lo bueno. Está inevitablemente ligada a la paciencia, porque intenta respetar los tiempos de cada uno; y a la belleza, porque en la búsqueda del tono, la palabra y el gesto adecuado, no compite con el coraje, pero sí con la vulgaridad.

Álvaro Díaz, uno de los creadores de 31 minutos, describió en este medio hace unas semanas, la desconsideración o el desprecio por lo público y por el otro, aludiendo al daño que causan tanto los vándalos como los winners de cualquier estrato social o pensamiento político.

Cabe preguntarse cómo le infundimos algo de delicadeza a los diálogos y procesos sociales y políticos que se vienen. Otto Scharmer, profesor del MIT y muy cercano al movimiento de las Empresas B, viene diciendo desde hace un tiempo que se respira en el aire la irrupción de un cambio “tectónico”, y que aunque la mayoría preferiría ser parte de una historia distinta o protagonista en la construcción de un futuro diferente, reconocen no saber qué hacer para que ello suceda.

El cambio que se avecina sería un cambio de conciencia - del “ego” al “eco”, dice Scharmer en su Teoría U. Un cambio de conciencia significa una evolución de la atención y de la energía que sigue a la atención, y la transformación de las reglas de un sistema. Esto nos permite mirar las sombras de nuestro pasado y presente, como el daño a las personas y la destrucción ecológica, y “pasar del dolor a la posibilidad”.

Es necesario abrazar un sistema para poder cambiarlo. Enfrentar estos cambios con la mente, el corazón o la voluntad cerrados, nos llevan a actuar desde la duda, el odio o el miedo. El autor nos invita a encararlos, en vez, desde la curiosidad, la compasión y el coraje, y a disponernos para un cambio - o actualización - del sistema operativo de la humanidad. Por cierto, no tenemos idea de si ese cambio que predice se hará realidad, o si será tan virtuoso, pero adherimos con fuerza a los que quisieran construir un futuro mejor y estar dispuestos a ensayar en sus posibles formas con otros, aunque tengan visiones diferentes o contrapuestas.

Este cambio de conciencia, tan necesario para iluminar nuestros puntos ciegos, como también para hacernos ver y escuchar por los demás, encuentra en la delicadeza un gran complemento para facilitar el diálogo, la amistad, el entendimiento y un proceso pacífico. A la convención constitucional hay que rodearla, sin duda, pero de respeto y delicadeza, porque nuestros representantes tienen entre sus manos nada menos que el diseño del nuevo sistema operativo para Chile.

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