Nicolás Grau: “Las convicciones que tenemos son firmes, pero somos flexibles y pragmáticos”
El nuevo ministro de Hacienda repasa las transformaciones que ha tenido en su forma de ver el poder, la gestión de gobierno y el mundo privado en sus tres años y medio como autoridad. También reconoce el clave rol que jugó su antecesor, Mario Marcel, en la evolución de la coalición. Sin embargo, aclara que "las convicciones, cuando son profundas, como las que tenemos, no cambian con el tiempo" y evita pronunciarse acerca de si volvería a presentar un programa de gobierno como el de Apruebo Dignidad de 2021.
Confiesa que ha tenido que rescatar desde su armario una serie corbatas que no usó durante sus tres años y medio a cargo del Ministerio de Economía. Desde que se instaló en el piso 12 de Teatinos 120, hace poco más de una semana, como nuevo ministro de Hacienda en reemplazo de Mario Marcel, ha incorporado esa prenda a su vestimenta diaria. “Es un acto simbólico con el cargo”, reconoce Nicolás Grau, uno de los ministros de mayor cercanía al Presidente Gabriel Boric.
En entrevista con Pulso, el secretario de Estado destaca el aporte de Marcel al gobierno, se interna en los aprendizajes y cambios que ha tenido desde marzo de 2022, reconoce el aporte de la Concertación y defiende la responsabilidad fiscal de esta administración.
Ha deslizado que la salida de Marcel fue conversada con tiempo. ¿Cuándo supo usted que iba a ser su sucesor en Hacienda?
-Esta no fue una salida improvisada. Fue fruto de una conversación entre el Presidente y Marcel que tomó un tiempo y en un momento de esa conversación el Presidente me manifestó que quería que me hiciera cargo del ministerio. ¿Cuándo, específicamente? Corresponde dejarlo en privado.
¿Su conversación con el Presidente fue con semanas de anticipación? ¿Meses?
-Semanas... Desde el momento en que el Presidente me hizo este planteamiento, que acepté muy honrado, me puse a estudiar y prepararme en todos los elementos específicos de Hacienda... Tomo este cargo con mucha responsabilidad y consciente de lo que significa.
¿Cuán preparado se siente para enfrentar este desafío, dado que de 1990 a la fecha es el primer microeconomista y no macroeconomista en asumir el cargo?
-Me siento preparado por dos razones. La primera es porque Hacienda cubre muchos temas y para todo ello tiene un muy buen equipo de analistas, que voy a mantener. Lo principal de un ministro de Hacienda es ser el articulador de todo eso, ser el líder de un muy buen equipo y eso requiere conocimientos técnicos y conocimientos políticos: ambos los tengo.
El otro aporte a este cargo es que, luego de tres años y medio en Economía, he podido recorrer el país, me he juntado con empresarios grandes y chicos, sindicatos, comunidades indígenas... en todas las regiones. Tengo un conocimiento profundo respecto de las particularidades y necesidades económicas del país.
El domingo pasado, en una columna en La Tercera, Pablo Ortúzar planteó que la decisión del Presidente de ponerlo ahora a usted en el cargo podía tener que ver con la idea de foguearlo para un eventual regreso al gobierno a futuro y sacudirse de la “tutela técnica” del Socialismo Democrático. ¿Hay algo de eso?
-El Presidente no actúa de esa manera. Si el Presidente me ha puesto en este cargo es porque evalúa que soy el nombre adecuado para el momento específico que tenemos y no como una proyección a futuro. Lo segundo, y que no comparto necesariamente de esa premisa, es que uno de los legados importantes de este gobierno es construir una coalición más amplia, donde conviva el Socialismo Democrático con el Frente Amplio y el PC. Ninguna decisión del Presidente va a tener como intención tratar de que estos dos mundos, que han sido muy importantes para el gobierno, no vayan a convivir a futuro. Todo lo contrario. Y es por eso también que el Presidente ha buscado dar una señal clara respecto a la composición del equipo económico. El nombramiento de Álvaro García (como ministro de Economía), más allá de sus competencias técnicas, que las tiene con creces, es una señal clara de que en todos los ámbitos relevantes de la política de gobierno lo que se busca es una articulación de estos dos mundos.
¿Cómo fue su relación con Mario Marcel? ¿Hay algún aprendizaje que haya tenido de él?
-La relación con Mario fue muy buena. Tuvo un liderazgo importante en materia económica, pero que también nos permitió al resto de los ministros involucrados en el ámbito económico desarrollar nuestra agenda, porque además teníamos mucha sintonía. La reforma que hicimos en materia de permisos desde Economía hubiese sido imposible sin el apoyo de la Presidencia y sin el apoyo de Marcel. Fue un liderazgo generoso para efectos de poder desarrollar las distintas agendas. Y en ese proceso, ha habido aprendizajes de Mario: su rigurosidad técnica, la tenacidad que tuvo él y la ministra (Jeannette) Jara en la reforma de pensiones, y también la seriedad y la mirada de largo plazo a la hora de implementar políticas públicas.
Hay mucha gente que considera que, sin la presencia de Marcel, este gobierno habría tenido muchos más ripios o problemas...
-El rol de Marcel fue fundamental y central en el gobierno. Lo dijo el Presidente y, habiendo sido parte del gabinete desde el comienzo, también comparto esas palabras. Por supuesto, las orientaciones políticas fundamentales en materia fiscal, por ejemplo, son del Presidente. Estoy seguro que Marcel no hubiera aceptado el cargo inicialmente si no hubiera existido un liderazgo como el del Presidente Boric. Mario sabía que era un liderazgo que lo iba a apoyar en todos los esfuerzos fiscales importantes que se realizaron al principio del gobierno. Son las dos convicciones las que se conjugaron muy bien y esa convicción continúa. La primera instrucción que me dio el Presidente fue mantener la responsabilidad fiscal.
Usted dijo que su experiencia en el gobierno lo ha cambiado para bien. ¿En qué ha cambiado?
-Antes de asumir este cargo tenía como 10 años de estudio en economía, fuera de mi carrera como profesor. Pero lo que se aprende recorriendo todo el país, de las vocaciones productivas de cada una de las regiones, de las dificultades… Por ejemplo, impulsar la Estrategia Nacional del Litio ha implicado, entre otras cosas, hacer consultas indígenas, conversar con esas comunidades, ver cuáles son sus demandas. Todo eso me ha dado un conocimiento y una perspectiva de la economía que me ha cambiado para bien. Eso se suma a las convicciones. Las convicciones, cuando son profundas, como las que tenemos, no cambian en el tiempo. Mis convicciones profundas en materia económica son que es muy importante el desarrollo económico, que la gente tiene que vivir mejor, debe tener mejores sueldos; que ese desarrollo económico tiene que llegar a cada una de las personas… que junto con ese desarrollo económico, crecimiento, tiene que haber igualdad. También que se tiene que hacer un desarrollo compatible con los desafíos ambientales que tenemos.
Es decir, ha cambiado el cómo se logran implementar esas convicciones…
-... Esto ha sido una tónica del gobierno. Las convicciones que tenemos son firmes, pero somos flexibles y pragmáticos, o si no, no hubiéramos logrado ninguna de las transformaciones profundas que hemos logrado… porque tenemos un Parlamento en el que participamos en minoría y, además, porque creemos que es positivo lograr cambios con los apoyos más transversales posibles.
Pero ese pragmatismo y flexibilidad de la cual habla no existía en el 2021, con el programa de Apruebo Dignidad…
-Los programas de gobierno deben representarle al país qué es lo que a uno le gustaría realizar, y es muy importante que eso exista, porque en una democracia las personas tienen que votar informadas. Pero junto con ello, los gobiernos tienen que, condicional a la realidad que les toca vivir, mejorar la vida de las personas y eso requiere pragmatismo y flexibilidad. Pero son las dos cosas importantes. Solo con pragmatismo y flexibilidad, sin una orientación clara, sin un programa, eso te puede llevar en cualquier dirección. Y al mismo tiempo, si tú solo te quedas en esas convicciones y en ese programa y no tienes pragmatismo, probablemente no logras avanzar. Es la combinación de las dos cosas lo que permite mejorar la calidad de vida de las personas, en concordancia con las convicciones políticas que cada uno tiene.
Usted había dicho antes que no conocía el sector privado. Ahora que ha recorrido el país y que ha conocido empresas, ¿hay alguno de esos juicios sobre el mundo privado que han cambiado?
-He tenido un contacto muy fluido con el mundo privado. Lo que recojo de ese proceso es que el cumplir estos objetivos de mayor desarrollo y crecimiento económico, mayor igualdad e ir orientando nuestra economía hacia lo que podríamos llamar un crecimiento verde, una orientación compatible con los desafíos ambientales, tiene una serie de complejidades y requiere una articulación público-privada mucho más intensa de lo que estaba en mi visión inicial.
Y con todo lo aprendido, ¿volvería a proponer un programa de gobierno como el de 2021, con una reforma tributaria del 8% del PIB, con el fin de las AFP y con aquellas materias que fueron cuestionadas en ese tiempo? ¿Asume que era un programa maximalista?
-Las orientaciones políticas y programáticas de largo plazo las sostengo y es muy importante que los partidos políticos así lo hagan, porque si algo le hace bien a las democracias es tener partidos políticos que tengan miradas de largo plazo. A ello hay que sumarle todo el conocimiento y aprendizaje respecto a la economía política de esos procesos y las particularidades técnicas que se requieren para hacer esas transformaciones. Pero una respuesta específica respecto a cómo tiene que ser un programa de un futuro gobierno, eso prefiero dejárselo a los encargados programáticos de las campañas.
Pero eso es mirando para adelante y aquí la pregunta es mirando hacia atrás. ¿Cree que ese programa estaba “pasado de rosca” o no?
-Aunque es mirando para atrás, mi respuesta tiene consecuencias para adelante. Prefiero abocarme a gobernar de aquí al 11 de marzo.
Usted dijo hace 4 años: “Me encantaría que hubiese una parte del mundo empresarial a la que nuestro discurso no le diera miedo”. A la luz de su aprendizaje, ¿que sus propuestas dieran miedo a los empresarios era un problema de ellos o de las propuestas de ustedes?
-Era más bien un problema de desconocimiento de ambas partes. Hoy el mundo empresarial tiene una visión clara de lo que nosotros queremos hacer. Vamos a heredar un país con mayor capacidad de crecimiento, a partir de la reforma de permisos, la reforma de pensiones -y la capacidad de ahorro que se expande-, a partir de lo que se está haciendo en litio, en hidrógeno verde. Por lo tanto, el mundo privado ya ha podido ver en la práctica nuestro compromiso con el crecimiento y el desarrollo económico. Entiendo que pueda haber existido cierta incertidumbre al comienzo. Esa incertidumbre se tiene que haber disipado hasta ahora.
¿Para bien o para mal?
-Para bien, de ambas partes…
Usted fue crítico de la Concertación y de cómo se administró el país en los últimos 30 años, al igual que toda su coalición. Luego de esta experiencia, ¿ha aprendido algo de ese periodo?
-Hemos llegado a un convencimiento profundo que para hacer los cambios que el país necesita se requiere una articulación entre estos dos mundos. La articulación de estos dos mundos -el Socialismo Democrático y lo que está en el Frente Amplio o también en el PC- requiere trabajo en conjunto. El aprendizaje principal es que, a pesar de las diferencias que hemos tenido antes, hemos sido capaces de construir una alianza de futuro... Esa alianza es hoy mucho más firme de lo que era cuando partimos el gobierno y ese es un legado importante del gobierno. Los gobiernos que son capaces, al final de su periodo, de tener una coalición, una complicidad y una articulación entre distintos sectores políticos más fuerte de lo que existía al inicio, es algo muy relevante.
Pero no fue injusta y hasta descarnada esa crítica que ustedes tuvieron de la Concertación…
-Esa crítica tenía dos componentes. Una era una diferencia legítima respecto a ciertas decisiones políticas importantes. Esas diferencias las tuvimos en ese momento y es parte de nuestra historia sobre la cual construimos para adelante. Había, en cambio, otra parte de la crítica que no se hacía cargo de la complejidad de gobernar. Esa crítica, a mi juicio, era injusta.
¿Cuando hablan de flexibilidad y de entender qué se puede y no, respecto de cada momento del tiempo, lo que están diciendo es que han avanzado en su ideario en la medida de lo posible?
-Incluso en nuestra historia de dirigentes estudiantiles, siempre tuvimos flexibilidad y pragmatismo para lograr cambios. Siempre los gobiernos tienen que actuar en atención al contexto en el que viven. Lo importante son dos cosas que este gobierno sí ha hecho. Una es que, en el contexto que te toca, se logran hacer las transformaciones más profundas posibles, dado tu ideario. La reforma de pensiones, el royalty y el salario mínimo son buenos ejemplos de aquello.
En el contexto que nos tocó, logramos una transformación que es distinta a nuestro diseño inicial, que el país conoció transparentemente, y que el resultado final está alineado con nuestras convicciones. Nos permite mejorar la calidad de vida de las personas, que en último instante es lo fundamental, y que es fruto de esa tenacidad, ese esfuerzo por lograr el objetivo. Y hay una segunda parte que tiene que ver también con ir generando condiciones para que las futuras generaciones políticas tengan un campo más abierto para ir pudiendo hacer esas transformaciones.
¿Pero no fue eso lo que hizo la Concertación? ¿No mejoró las condiciones de vida de este país enormemente en 30 años?
-Hay una columna que escribí hace mucho tiempo sobre esto y ahí reconozco que es la coalición que ha logrado transformaciones más profundas de largo plazo, más allá de las diferencias políticas que tuvimos en su minuto. No he desconocido ni las cosas que hizo, que fueron muy importantes, ni tampoco las críticas que tuvimos en su minuto.
Algunos creen que los cambios de su coalición son solo tácticos y no de fondo. Óscar Landerretche dijo: “Me gustaría ver que si hay un gobierno de derecha traten de no derribarlo y convertir el país en un maldito infierno y quemar iglesias”. ¿Qué responde a ello?
-Nada de lo que ocurre ahí es algo que ni hemos hecho antes ni haríamos a futuro. Quemar lo que sea, no solo una iglesia… Eso es algo que nunca estuvimos ni cerca de promover y es algo que todos, no solo nosotros, tenemos que hacer los esfuerzos para que nunca ocurra.
¿Ni siquiera en un eventual gobierno de José Antonio Kast?
-No, en ninguno. Hacer un acto de ese tipo no tiene que ver con quién está gobernando, tiene que ver con respetar a las otras personas. Las personas merecen todo el respeto, en cualquier contexto democrático, porque algo de esa naturaleza no solo es un delito, sino también es un acto muy violento para quienes creen que eso no es solo un edificio, sino que es un espacio que es valioso culturalmente, religiosamente. No me hago cargo de esas palabras, porque no tienen nada que ver con lo que hemos sido ni con lo que queremos ser.
En el estallido social no se vio a la gente del Frente Amplio defendiendo los lugares que estaban siendo saqueados o quemados. Se los vio más bien alentando las expresiones en la calle…
-Hay que separar de ese momento específico las demandas legítimas que ahí se levantaron, las movilizaciones pacíficas que fueron muchas y masivas, versus los hechos de violencia. Los hechos de violencia nuestro sector nunca los ha avalado ni tampoco los ha impulsado.
Las críticas del presidente del PC, Lautaro Carmona, a Marcel -dijo que “se hizo casi un Dios el recurso por sobre la necesidad social”-, revelan la incomodidad de ese partido con el apriete de cinturón o la responsabilidad fiscal en el gobierno. ¿Cómo lo interpreta usted?
-Marcel hizo una gran labor técnica, muy rigurosa, pero además hizo una labor que representa los principios del gobierno. El ministro Marcel ejecutó de muy buena manera una convicción política del gobierno, por lo tanto, críticas a Marcel son críticas también a la convicción que ha expresado el gobierno. No comparto que la responsabilidad fiscal esté en contraposición de responder a las urgencias sociales, porque no tener responsabilidad fiscal, significa poner en jaque la respuesta a esa urgencia social en el futuro. La responsabilidad fiscal no tiene que ver con el tamaño del Estado, tiene que ver conque gastos permanentes tengan como respaldo ingresos permanentes y si uno quiere responder de mejor manera a urgencias a futuro, tiene que aumentar los ingresos de forma permanente, y eso es lo que hicimos con el royalty. A quien no lo entienda, seguiremos evangelizando al respecto. Poner estas dos cosas en contraposición es un error desde el punto de vista político, de las convicciones progresistas y de izquierda.
¿Esa responsabilidad fiscal se verá plasmada en la negociación salarial con el sector público?
-La responsabilidad fiscal tiene que ser transversal a todas las decisiones que hace el gobierno, en general, y en particular, Hacienda. Por lo tanto, sí.
Han dicho que cumplirán con la convergencia fiscal (déficit estructural de 1,1% del PIB en 2026). ¿Significa que el Presupuesto 2026 se contraerá en términos reales?
-Presentaremos una ley de Presupuestos que sea consistente con esa meta, porque es muy importante que si uno se plantea una trayectoria, trabaje firme por cumplir esa trayectoria. Ahora, cumplir esa meta no requiere que el crecimiento real sea negativo, pero sí requiere un crecimiento real acotado. Requiere también lograr aprobar proyectos que van a implicar un menor gasto o una contención de gasto, por ejemplo, el nuevo sistema de financiamiento de la educación superior.
El Consejo Fiscal Autónomo (CFA) planteó la necesidad de recortes adicionales si se pretende cumplir con el déficit de 1,6% de este año. ¿Están dispuestos a eso?
-Con el afán de cumplir esa meta no sólo vamos a cumplir nuestro compromiso presupuestario, sino que vamos a ir mucho más allá. Nuestra contención de gasto va a ir más allá de lo que estaba comprometido en el Presupuesto. Estamos haciendo acciones correctivas importantes.
Hay que ver también el detalle de estas cifras. Cuando en nuestro Informe de Finanzas Públicas se dice que la proyección es que vamos a llegar al 1,8% del PIB (de déficit estructural 2025)… no se debe a que estemos gastando más de lo que habíamos dicho, sino que se debe a un cambio en el tipo de cambio, que implica que tus ingresos estructurales, producto de la exportación, son algo menores. Lo que quiero decir es que todo lo que está a nuestro alcance, porque nosotros no determinamos el tipo de cambio, lo estamos haciendo para cumplir esa meta.
Pero las metas se cumplen con todas estas consideraciones…
-Vamos a hacer nuestro mayor esfuerzo por tener un número lo más cercano posible a esa meta.
A propósito de sus críticas al programa económico de José Antonio Kast y su propuesta de eliminar el préstamo de la reforma previsional, ¿cuál es el principal riesgo de un eventual gobierno del líder republicano?
-No haría un comentario general respecto a eso. En particular, respecto a este tema del “Chao préstamo”, las declaraciones que ha hecho la candidata Evelyn Matthei me representan 100%. Lo que se ha dicho es que ese mecanismo fue el que se consiguió para que, a partir de nuestras distintas diferencias, pudiéramos lograr un mecanismo responsable fiscalmente y que permitiera subir las pensiones ahora, no sólo en 30 años más. Lo que han hecho Matthei y los técnicos de Chile Vamos es defender técnica y políticamente la importancia de esos acuerdos.
Alto desempleo: “El salario mínimo no está teniendo un efecto de primer orden”
En materia laboral, ¿son un “desastre” las actuales tasas de desempleo, como dijo Luis Eduardo Escobar, vocero de Jeannette Jara?
-La economía está creciendo más, estamos con un crecimiento del año móvil del 2,9%; este año se espera que el aumento de la inversión esté por sobre el 5%, y además tenemos un récord de exportaciones. Lo que nos falta, y a veces estas cosas ocurren con cierto rezago, es que se exprese de mejor manera en el mercado laboral. Un 8,7% de desempleo es algo que nos tiene que empujar a mejorar, y el esfuerzo que me ha pedido el Presidente es que, junto con mantener firme la responsabilidad fiscal, pongamos un mayor énfasis en mejorar estas cifras de empleo.
¿Por qué ese rezago, por qué las cifras de empleo no responden al dinamismo que menciona? Hay analistas que apuntan al aumento del salario mínimo, a la Ley de 40 horas, al mayor costo laboral que implica la reforma de pensiones…
-En esto puede haber distintas hipótesis y se requieren estudios más profundos, pero más que centrarnos en la discusión más académica, lo que tengo como mandato del Presidente es centrarme en las soluciones y lo que vamos a hacer junto con los ministros García y Boccardo, y otros, es un esfuerzo mayor porque lo positivo que está ocurriendo en la economía llegue a los empleos. Acelerar las inversiones y lograr movilizar toda la articulación público-privada para cumplir este objetivo. Me tocó recorrer el país con los gabinetes de crecimiento y empleo, y nos dedicábamos a identificar proyectos y a apurarlos, siempre en el marco de la legislación vigente. Esa urgencia la voy a mantener y la quiero traer al Ministerio de Hacienda, que tenga ese mayor énfasis por el impacto concreto de las variables macroeconómicas en la vida cotidiana de las personas.
¿Cuál va a ser el gatillo para lograr eso en los siete meses que les quedan?
-En Chile, el 90% de la inversión es privada, por lo que para mover la economía necesitas una articulación público-privada que mueva principalmente la inversión privada. Esta se está moviendo, pero la podemos mover más, al mismo tiempo que abordamos algunos desafíos más de largo plazo, pero que son importantes en la relación de crecimiento y empleo, donde dos prioridades para el gobierno son los proyectos de sala cuna y el de unificación de subsidios.
¿Sería un fracaso para una coalición que prometió mejorar la calidad de vida de la gente, terminar con un desempleo cercano al 9%?
-Yo creo que el desempleo que tenemos en la actualidad es nuestro mayor desafío económico. Los dos problemas macroeconómicos fundamentales que enfrentamos al inicio del gobierno, una economía sobrecalentada y un bajo crecimiento potencial, los hemos abordado, y lo que sigue quedando es que eso se exprese mejor en el empleo, porque estoy de acuerdo que un (desempleo de) 8,7% no es satisfactorio. Pienso que en 6-7 meses se puede hacer mucho.
Y en su recorrido por el país, ¿no ha recogido cómo el incremento del salario mínimo que el gobierno ha impulsado está afectando a las pymes? En esta administración el sueldo mínimo aumentará casi un 20% real, con la productividad laboral creciendo cero. ¿Qué lo sustenta?
-Primero, me gustaría contestar por qué esta discusión requiere un análisis más riguroso. Si el salario mínimo estuviera teniendo un rol fundamental en lo que sucede en la tasa de desempleo, se debiera esperar que hubiese aumentado la informalidad, porque el sector informal no está sujeto al salario mínimo. En cambio, lo que hemos tenido durante nuestra administración es una disminución de la informalidad, que llegó a estar en torno al 29% en la prepandemia y hoy día está en el 26%. Por lo tanto, mi primera mirada es que el salario mínimo no está teniendo un efecto de primer orden, pero hay que estudiarlo mejor. Lo otro es que a pesar de que en un año casi no se han creado empleos en términos netos, sí se han creado más de 144 mil empleos asalariados privados. Eso también hace difícil decir que está ocurriendo -el desempleo-, porque está subiendo el costo de contratación de los empleos formales. Pero es una discusión que dejo para los académicos. Ese no es mi problema, mi problema es que la tasa de desempleo es del 8,7% y la tengo que bajar.
Ahora, respecto de las pymes, sabíamos que este tránsito hacia salarios más altos iba a ser más exigente para las empresas de menor tamaño y por eso se creó el subsidio a las pymes, que las ha ayudado a esta transición. Se ha apoyado a más de 150 mil pymes. Además, nuestro proyecto de ley de fortalecimiento de la clase media y pymes, se hace cargo de cómo ayudarlas en una cierta transición a través del sistema tributario. Habiendo dicho eso, desde el punto de vista de los cientos de miles de trabajadores y trabajadoras, por supuesto que es positivo tener un aumento de salario mínimo del 20% real, porque eso significa que durante nuestro gobierno la capacidad de compra de las familias ha ido aumentando y esa es la expresión más material de mejorar la calidad de vida de las personas: que puedan comprar más bienes y servicios, y el salario mínimo ha tenido un rol relevante en esa trayectoria.
Pero eso contrasta con el 8,7% desempleado, que tiene cero capacidad de compra.
-Es cierto, pero como acabo de argumentar, la evidencia es muy débil respecto a que el salario mínimo es lo que explica lo que está ocurriendo en el mercado laboral.
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