Tras Imacec de -1,5% en julio el tercer trimestre podría volver a ser negativo y expectativas para 2026 se ajustan bajo 1%
De acuerdo al Banco Central, entre enero y julio, la actividad acumula una caída de 0,4%. Medido en términos desestacionalizados, la economía chilena retrocedió a su nivel más bajo desde octubre de 2024.
La economía no levanta cabeza. En siete meses del presente año, la actividad ha registrado caídas en seis. Solo junio fue la excepción con un alza de 2%, ya que julio decepcionó con una caída mayor a la esperada.
De acuerdo al Banco Central, en el séptimo mes del año, la economía se contrajo 1,5% en comparación con igual mes del año anterior. La serie desestacionalizada disminuyó 1,7% respecto del mes precedente y 2,1% en doce meses. El mes registró la misma cantidad de días hábiles que julio de 2025.
La caída del Imacec se explicó por la minería que tuvo una fuerte contracción de 9,3% en particular del cobre, el que se vio afectado por menores leyes del mineral, mantenciones y condiciones climáticas adversas. Esto último también explicó la caída de 3,1% de la industria, que presentó una menor elaboración de combustibles y productos químicos.
Los servicios, en tanto, retrocedieron 0,7%, resultado que se explicó por el desempeño de los servicios personales, empresariales, de transporte y restaurantes y hoteles. Los primeros se vieron afectados por menores servicios de educación debido a suspensiones de clases por condiciones climáticas.
La actividad comercial también presentó un crecimiento de 0,7% en términos anuales. Este aumento fue explicado por el comercio minorista, lo que fue en parte compensado por menores ventas mayoristas. En el primero destacaron las mayores ventas realizadas en almacenes de comestibles, en establecimientos especializados de vestuario y a través de plataformas de venta online.
En tanto, la caída del comercio mayorista fue incidida principalmente por menores ventas de materiales de construcción. Por su parte, el comercio automotor creció marginalmente debido a un aumento en los servicios de mantención y a una caída en las ventas de automóviles.
En tanto, la disminución del Imacec en términos desestacionalizados fue determinada por la minería (-9,4%) y los servicios -1,1% y el comercio -1,4%.
En su comunicado, el ente rector resalta que “estos resultados se vieron en parte incididos por condiciones climáticas que afectaron el normal funcionamiento de los establecimientos productivos”.
El Imacec no minero, en tanto, presentó una disminución anual de 0,3%, mientras que en términos desestacionalizados cayó 0,5% respecto del mes anterior y 1,0% en doce meses.
De esta manera, entre enero y julio, la economía acumula una caída de 0,4%. Y es su menor nivel medido de forma desestacionalizada desde octubre del 2024.
¿Qué fue lo que sorprendió?
La economista jefa de Fintual, Priscila Robledo, afirma que “aunque minería explicó la mayor parte, no fue exclusivamente un shock minero: industria, servicios y comercio también retrocedieron mensualmente. El Imacec no minero cayó 0,5% en el mes y pasó a terreno negativo en comparación anual. Estas cifras implican que junio no marcó el comienzo de una recuperación sostenida. La caída de julio borró el avance de los últimos meses y llevó al Imacec desestacionalizado a su nivel más bajo desde octubre de 2024”.
En Scotiabank mencionan que “sin diferencias de días hábiles y con bases de comparación que no fueron particularmente exigentes, este registro se consolida como la mayor caída en más de 3 años y medio, claramente afectado por el impacto del Fenómeno de El Niño, factor que hemos mencionado como crucial para actividad e inflación este 2026. Sin embargo, es importante recordar que este año hemos visto una menor materialización de inversión privada y pública que han contribuido al nulo dinamismo del año”.
Felipe Alarcón, economista de Euroamerica asevera que “Minería claramente es la mayor incidencia negativa, pero sin duda se advierte debilidad en múltiples sectores, incluido sectores ligados a la demanda como comercio y servicios. Al respecto, ahí puede estar incidiendo no sólo factores de expectativas, afectadas por el alza del precio de los combustibles y el alto desempleo, sino que además la significativa desaceleración del gasto fiscal, que sólo acumula a julio una expansión de 0,7%”.
Otro ajuste en las expectativas
Con este mal inicio del tercer trimestre se abre la puerta a otro trimestre negativo tanto desestacionalizado como anual.
“Es una posibilidad que hoy no puede descartarse. La caída mensual desestacionalizada de julio genera una base de comparación negativa para el tercer trimestre. Si agosto y septiembre muestran resultados débiles, el trimestre completo podría registrar una contracción respecto del segundo trimestre”, apunta Francisco Ormazábal, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la U. Andrés Bello
Desde Scotiabank sostienen que la actividad de agosto podría mantenerse débil, puesto que igualmente se vio afectada por el fenómeno climático que avanzó a la zona centro norte del país. “De consolidarse nuestra expectativa para agosto, se hace altamente probable que la economía no logre salir de la recesión técnica en la cual se encuentra inmersa desde junio, registrando una nueva caída desestacionalizada en el tercer trimestre”.
Mientras que Alarcón añade que “las probabilidades van al alza”.
Dado este nuevo escenario, las expectativas de los economistas se volvieron a ajustar. Si antes de conocer este registro ya se ubicaban cerca de 1%, ahora, el mercado comienza a inclinarse por un crecimiento bajo 1%.
Una de ellas es Robledo, quien dice que “para agosto esperamos un rebote en la actividad, algo que se observa típicamente después de las contracciones asociadas a los eventos climáticos. Sin embargo, incluso asumiendo ese rebote, nuestro escenario central contempla otra contracción en el tercer trimestre”. Así, para el año completo, recortaron su proyección de 1,0% a 0,4%.
En ese sentido, añadió que “el dinamismo de septiembre será clave para verificar una nueva caída desestacionalizada el tercer trimestre, así como también el cuarto trimestre para determinar el crecimiento del PIB 2027”. Por el momento, mantienen su proyección en 0,7%.
Ignacio Martínez, economista de Banco Itaú, plantea que “estos antecedentes refuerzan nuestra visión de que el crecimiento de Chile se ubicará por debajo de 1% este año. No obstante, seguimos viendo fundamentos favorables por el lado de la inversión que respaldan una recuperación más sostenida hacia 2027, cuando esperamos una expansión cercana al 3%.
Visión similar entrega Alejandro Weber, decano de la Facultad de Economía, Negocios y Gobierno de la Universidad San Sebastián, también ya ajustó su proyección bajo 1%: “Esto obviamente baja las proyecciones de crecimiento para el año, seguramente estará por debajo del 1%, es decir, en el tramo pesimista de las estimaciones que teníamos hasta el momento”.
Y en Santander dicen que “la magnitud de la contracción de julio introduce un sesgo a la baja sobre nuestra proyección de crecimiento de 1,0% para este año”.
Levemente más optimista se sitúa Valentina Apablaza, economista del OCEC-UDP, plantea que “nuestra proyección de corrige a la baja hasta 1% anual, sin embargo, reconocemos que esta cifra sigue siendo más bien optimista en el escenario actual, en la medida que solo quedan cinco meses en los cuales se debe revertir las contracciones de actividad económica registradas durante lo que va del 2026, en un contexto de fragilidad estructural”.
Ormazábal plantea que “un dato de esta magnitud obliga a revisar las proyecciones. Antes de este resultado podía pensarse en una expansión moderada, pero julio introduce un riesgo evidente de que el crecimiento anual termine acercándose al 1% o incluso algo por debajo si no hay una recuperación rápida en el último cuatrimestre”.
Tasa de interés
El próximo martes, el Banco Central tendrá su Reunión de Política Monetaria (RPM) y por el momento, pese a la debilidad de la economía, las expectativas apuntan a una mantención en 4,5%.
En este contexto, Robledo dice que “la debilidad plasmada en estas cifras reduce el espacio para eventuales aumentos de tasa. Nuestra expectativa sigue siendo que el Banco Central la mantenga en 4,5% por lo que queda del año”,
Ormazábal recomienda que “lo razonable sería que el Banco Central evalúe si la debilidad observada es transitoria o permanente. Si la inflación continúa convergiendo hacia la meta y no existen presiones inflacionarias relevantes, este resultado fortalece los argumentos para un recorte de tasas o, al menos, para adoptar un sesgo más expansivo”.
Carlos García, académico de la Facultad de Economía y Negocios de la Universidad Alberto Hurtado suma argumento y plantea que “el BC debiera mantener la tasa de interés, a la espera que los factores de oferta desaparezcan”. Y Alarcón sostiene que mientras “las presiones inflacionarias se mantengan vigentes y además no se pueda descartar efectos de segunda ronda, el BC seguirá manteniendo la tasa.”.
Para el economista, “la decisión de bajar tasas no sólo se dificulta por el escenario inflacionario local, sino que también por lo externo, donde la persistencia inflacionaria es aún más potente. Hoy, la mayor parte de los bancos centrales relevantes están subiendo o van a subir tasas lo que coloca una presión inflacionaria adicional vía tipo de cambio, dificultando aún más tomar la decisión de bajar la tasa localmente”.
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