Astrofísica: la “estrella” que brilla en los Premio Nobel

Milky Way behind a VLT Auxiliary Telescope

A los tres galardones en física de este año, se suman los tres del año pasado, otorgados por estudios en cosmología y exoplanetas; en 2017 los premiados por las ondas gravitacionales; en 2015 los neutrinos; en 2011 expansión acelerada del Universo y otros más en la década anterior.



La astrofísica vuelve a sorprender con tres premios Nobel de física asignados este año a investigadores que, a lo largo de sus respectivas carreras, han realizado descubrimientos muy relevantes sobre los agujeros negros, objetos extraordinariamente exóticos que siempre han atraído el interés de los científicos y también del público por sus asombrosas propiedades.

Este gran resultado va alargando la lista de reconocimientos recientemente obtenidos por la astrofísica. De hecho el año pasado el mismo premio también fue asignado a tres astrofísicos por descubrimientos realizados en el estudio de exoplanetas y de cosmología. Apenas dos años antes, en 2017 se asignó el premio Nobel de Física por la primera detección de ondas gravitacionales emitidas en la fusión de dos agujeros negros.

¿Seguimos? En 2015 fue la solución del problema de los neutrinos solares con la prueba experimental de la oscilación de los neutrinos que mereció el Nobel. En 2011 fue el descubrimiento de la expansión acelerada del Universo. En 2006 las precisas mediciones del fondo cósmico de microondas y, sin volver más atrás en el tiempo, en 2002 se premió el desarrollo de la astronomía de rayos X.

En otras palabras, la presencia de la astrofísica en las cumbres más altas de los resultados científicos se ha ido intensificando durante las últimas dos décadas. Otro aspecto a señalar es que en los últimos tres años además se ha duplicado el número de mujeres ganadoras pasando de dos a cuatro, siendo la cuarta Andrea Ghez, ganadora de este año.

Todos saben que Chile es la cuna mundial de las observaciones astronómicas. En particular es preciso destacar el papel jugado por las observaciones realizadas desde los observatorios ESO La Silla y Paranal en el descubrimiento del agujero negro en el centro de la Vía Láctea realizado por Reinhard Genzel y su equipo, ganador 2020 y en el descubrimiento y estudio de exoplanetas realizados por Michel Mayor y Didier Queloz ganadores 2019. Sin embargo, Chile nunca se acercó más al Nobel por la física que en 2011, cuando las observaciones realizadas por los astrónomos nacionales Mario Hamuy, José Maza y colaboradores, fueron reconocidas como un aspecto clave del resultado premiado.

Mario-Hamuy
Mario Hamuy.

¿Qué podemos concluir de todo lo anterior? En primer lugar la importancia fundamental de la Astrofísica en los avances del conocimiento científico. En cierto sentido la frontera de lo desconocido se ha desplazado cada vez más lejos de nuestro entorno cotidiano y es la observación de fenómenos que ocurren a escalas “infinitamente” chicas o “infinitamente” grandes que nos puede entregar una visión nueva de la realidad, dándonos acceso a información que aun ignoramos. Si bien estos fenómenos son efectivamente muy alejados de nuestra realidad inmediata, abren nuevas páginas del conocimiento cuyas implicancias son impredecibles.

Otro aspecto es que Chile va consolidando cada vez más su relevancia como país anfitrión de los observatorios astronómicos más importantes del mundo, del presente, pero sobre todo del futuro. De hecho a los grandes observatorios Paranal, Gemini y ALMA, durante la próxima década se sumarán el GMT, el E-ELT, el Observatorio Vera Rubin, el Cherenkov Telescope Array. Instalaciones que prometen darnos acceso a un universo nunca antes observado y eventualmente aportar a desvelar misterios como la naturaleza de la materia oscura o la vida extraterrestre.

Todo esto representa para Chile una oportunidad que no puede ser desaprovechada. Frente a esto, cabe destacar la necesidad urgente de proteger de manera efectiva el cielo chileno de todo tipo de contaminación, en particular la lumínica y radio, así como de las constelaciones de satélites artificiales, todos factores que perjudican el alcance de las observaciones astronómicas.

Finalmente vale la pena destacar que, si bien ser anfitrión de las más importantes instalaciones científicas es sin duda una buena razón de orgullo, el orgullo y los beneficios podrían ser mucho mayores si investigadores, laboratorios, universidades y empresas chilenas tuvieran un rol protagónico en estas grandes aventuras del conocimiento. Esto, evidentemente, se podrá lograr solo generando condiciones favorables, parecidas a las que tienen los países más desarrollado, a través de una inversión importante en educación y ciencia.

No cabe duda que la astrofísica es un ámbito en el cual Chile tiene la oportunidad de sobresalir y es altamente deseable que jóvenes chilenos y chilenas puedan entusiasmarse con la noticia de los tres Nobel en Astrofísica para dedicarse con pasión a esta fascinante área del conocimiento. En particular Andrea Ghez afirmó: “Tomo muy en serio la responsabilidad de ser la cuarta mujer que gana el Nobel de Física, espero poder inspirar a otras jóvenes en este campo”.

* Académico del Centro UC de Astro Ingeniería, Escuela de Ingeniería UC

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