Columna de Magdalena Gil: “Hace calor ¿y qué?”


Hace calor y lo primero que piensan muchos es “¡que ganas de tirarme a una piscina!”. Sin embargo, durante una ola de calor exponerse al sol en las piscinas sin sombra puede ser riesgoso para la salud humana, especialmente si olvidamos hidratarnos.

Las olas de calor son eventos extremos en los que las temperaturas sobrepasan el promedio histórico por cierta cantidad de días y cuando ocurren en verano son particularmente peligrosas, no solo porque las temperaturas máximas pueden llegar a 38 °C o 41 °C, sino también porque las mínimas son altas y no alcanzamos a enfriarnos. La recomendación en este caso es siempre evitar el sol, hidratarse e ir a la piscina una vez que ésta tenga sombra.

El clima del planeta ya cambió y bajo esta premisa debemos adaptarnos. Sabemos que la causa de esta realidad es principalmente, el aumento del calor absorbido por los océanos, debido a la creciente emisión de gases efecto invernadero y aunque nos propusimos un límite para que el aumento máximo de la temperatura sea de 1,5 °C, no lo logramos. De hecho, hoy estamos apuntando a 2°C y eso significa cambios más radicales, como los que señala la WMO para quienes habitamos en la zona central de Chile con menos lluvias, veranos cada vez más calurosos y olas de calor cada vez más frecuentes.

Según una encuesta que realizamos, junto al economista, Luis Maldonado, en la Región Metropolitana hace unos meses, un 53% de los santiaguinos cree que el calor es “totalmente riesgoso”, tanto para la población general, como para ellos mismos.

Muchas personas también nos preguntan si lo que ocurrió en Europa el verano de 2022, donde 15.000 personas fallecieron debido al calor, podría ocurrir en Chile. Lo cierto es que ya en enero del 2017 y enero del 2019 tuvimos olas de calor de alto riesgo a la salud humana y aunque desconocemos sus efectos, debido a que no ha habido un seguimiento específico a las defunciones por calor, sí sabemos que la situación se repetirá probablemente, cuando nos vuelva a visitar el fenómeno de El Niño.

Por el momento, no es claro que esta preocupación social lleve a la acción. El 62% de los encuestados cree que “las personas no pueden controlar ser afectadas seriamente” y un 50% señala que “es producto del azar quien es afectado seriamente.” Solo un 34% cree que “si las personas son afectadas es porque no han hecho lo suficiente para evitarlo”.

Lamentablemente, las personas aún no saben que parte de la solución está en sus manos. Si bien no podemos evitar que haga calor –no al menos en el corto plazo–, si hay mucho que podemos hacer para mitigar sus efectos como mantenernos hidratados y a la sombra, cerrar persianas, disponer más seguido de la basura, mantener alimentos refrigerados, usar sombrero y factor solar, entre otras recomendaciones de la OMS.

A nivel institucional, las olas de calor son una responsabilidad ineludible, por lo que es necesario generar protocolos de emergencia para las grandes ciudades y las zonas rurales. Además, nuestro informe de gobernabilidad de estos eventos realizado en 2021, concluyó que las olas de calor están sub-identificadas como amenaza por el sistema de gestión de riesgo de desastre de Chile, por lo que prácticamente no son nombradas en ninguna estrategia, y no cuentan con un plan específico. Existe a la vez un vacío respecto a qué institución es la responsable de su gestión, aunque algunas gobernaciones han comenzado a pensar en ello.

Es necesario actuar, no sólo ante esta emergencia climática, sino también hacia el largo plazo, asumiendo que debemos adaptarnos a un clima distinto que el histórico, y así repensar nuestras ciudades para que sean más resilientes a las altas temperaturas, lo que requiere otro tipo de medidas, estrategias y planes que son complejos, pero altamente necesarios. ¿Cuándo empezamos?

*Académica Escuela de Gobierno UC e investigadora del Centro de Investigación para la Gestión Integrada del Riesgo de Desastres, CIGIDEN.

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