Me hice amigo del ex de mi señora y estoy en problemas: ¿Qué hago? (3ª parte)

La mayoría de la gente vive -ya sea física, intelectual o moralmente- en un círculo muy restringido de sus posibilidades. Todos nosotros tenemos reservas de vida en las que ni siquiera soñamos (William James).




Muere Karadima, Yasna Provoste continúa a la cabeza del Senado, se juegan siete Vice Presidencias de la Convención, se rumorea sobre el cuarto retiro del 10% de las AFP y el Presidente Sebastián Piñera viaja fuera de nuestras fronteras para asistir al cambio de mando presidencial peruano. Al oriente, Brasil atraviesa su peor sequía y al norte, en Cuba, sigue la crisis y Rusia manda vacunas y comida, mientras numerosas personalidades norteamericanas piden a Joe Biden que baje las restricciones. Siempre en Norte América, los incendios forestales amenazan miles de hogares en California, el equipo de baseball los Indios de Cleveland pasa a llamarse Guardianes de la misma ciudad y Mary Simon se convierte en la primera indígena en ocupar el cargo de Gobernadora General de Canadá.

Al otro lado del Atlántico, aumentan las protestas contra las restricciones a la movilidad en distintas ciudades de Europa y al posible aumento de las restricciones para los no vacunados. En Italia preocupan las inundaciones e incendios. En España, el Rey emérito Juan Carlos I es demandado por acoso -y también lo quieren investigar por tráfico de armas-, mientras al Presidente francés le llueven los memes tras su florida visita a Tahití.

En extremo oriente, el presidente de China pisa el Tibet tras décadas de ausencia y tensión, mientras Japón opta porque las competencias olímpicas sean sin público. En estos mismos juegos, gimnastas alemanas abandonan el maillot -y eligen uniforme de cuerpo entero para acabar con la sexualización-, Simone Biles se retira de la final por equipos para resguardar su salud mental, el legendario Michael Phelps la respalda públicamente, Djokovic dice que la presión es un privilegio con la que los deportistas tienen que aprender a vivir y Naomi Osaka, una de las cartas locales para ganar medalla, cae en octavos de final.

En este contexto, vía zoom, me conecto con Pablo, un cliente que enfrenta una fuerte crisis con la Coti, su actual pareja, por haberse hecho amigo de Iván, el ex marido de ella… amistad que a los ojos de esta mujer, es una traición.

Gracias por adelantarme la sesión Sebastián, no pensé que las cosas se precipitarían tan rápido, y la verdad es que necesito ayuda para pensar.

¿Qué pasó?

La Coti, después de nuestra última sesión, estaba de un humor de perros. Estaba furiosa porque perdió su candidato y cuando se pone así es mejor salir a pasear. Y eso hice, después de cortar contigo. Como hacía todos los meses antes de la pandemia y ahora cada vez que puedo, me arranqué donde Fernando, mi peluquero. Webada que a la Coti le carga.

¿Qué le carga?

Cada vez que vuelvo de donde Fernando me llueven las críticas. Que por qué soy tan vanidoso, por qué voy donde un peluquero tan caro, tan divo… Ni me mira o comenta el pelo… simplemente le carga.

¿Y qué le gustaría?

Que buena pregunta. Ella históricamente le ha cortado el pelo a los niños y se indignó una vez que los llevé y volvieron fascinados. A diferencia de los tijeretazos revolucionarios que les da la madre, Fernando les lavó el pelo, doble shampoo, masaje capilar. Les trajeron bebidas, galletas y los cabros les mostraban los cortes de pelo que seguían en unas páginas de Instagram. Estábamos saliendo de la primera cuarentena y Fernando nos reservó la peluquería para atendernos y estuvimos, entre pitos y flautas, un par de horas cagándonos de la risa. Pero al irme Fernando me tomó por el brazo y me preguntó por qué nunca antes había llevado a mis hijos… hijastros… a la peluquería.

¿Por qué?

No supe qué contestarle, simplemente me encogí de hombros, como diciéndole, tú cachai a la Coti. Mira, conozco a Fernando desde que procuraba en mi época universitaria. Era pendejo, pero me encantaba ir porque tenía el medio cuento y sentía que los dos, con todas nuestras diferencias, crecíamos juntos. Hoy Fernando tiene un imperio, pero yo sé cómo partió y las dificultades que tuvo, porque le veía sus temas legales. Desde esa época, me conmovía, pues se sacaba la cresta y media para ayudar a su mamá, a sus hermanas y sobrinos. A sus pololos los metía a trabajar con él y cuando pasaban a ser ex, seguían trabajando en sus distintas peluquerías (silencio). Es trabajólico, un verdadero artista, pero sobre todo, mi amigo y esto nunca le entró a la Coti en la cabeza. Ya, pero me desvié… la cosa es que después de pasarlo la raja con Fernando y los cabros, la Coti me hizo la media cuática. Que nadie tocaba el pelo de sus hijos sin su consentimiento, que había superado todos los límites. Se puso loca de rabia y los cabros, que no son nada guaguas, tienen 16 y 14, le pararon los carros a la mamá y ahí, mirando hacia atrás, se quebró algo entre nosotros. La Coti se calmó y nunca más tocó el tema … hasta la semana pasada.

¿Qué pasó?

Llegué mal donde Fernando después de nuestra última sesión. El me advirtió que hacerme amigo del ex de la Coti era una mala idea. Él es super sensible e intuitivo y me dijo que aunque no era un experto en relaciones hetero, la idea era mala. Yo no quería hablar mal de la Coti, pero para que me entendiera, le conté las mismas cosas que te he contado a ti, incluida las consecuencias de traer a los cabros a cortarse el pelo con él. Fernando quedó pa’ adentro, soltó las tijeras, se sentó y me empezó a escuchar y escuchar. Le vomité todo y terminamos tomándonos unos whiscachos. Fernando lloraba y me dijo que si la Coti se enojaba conmigo porque quería ayudar al papá de los niños económicamente, esa mina no valía la pena. Quedé plop (silencio). Me cagó con ese comentario, porque Fernando es lo menos pelador y juicioso que conozco. Por eso me encanta hablar con él. Es abierto de mente, no se queda pegado en ninguna categoría ni en lo políticamente correcto. Y me dijo que ayudar a Iván para que este les pagara la pensión a sus hijos, era solo un acto de bondad. Así que envalentonado y con un par de whiskies de más, llegué a la casa con un corte de pelo a medias, sin corbata y medio pasado. La Coti me miró horrorizada, pero antes de que pudiera hablar, lancé toda la carne a la parrilla… y se quemó todo.

whisky

¿Qué?... ¿Cómo?

Es demasiado fuerte el fuego de esta mujer y se puso a gritar como loca. Salieron los cabros a calmarla, pero pasaron horas antes de que eso fuera posible. En esos eternos minutos me dijo de todo, pero básicamente su línea argumental es que yo creo que puedo hacer lo que quiero porque tengo plata. Que hago lo que quiero porque soy el dueño del departamento. Que me mando a cambiar cuando quiero porque pago todo. Que gasto en lo que quiero. Que invito a quien quiero. Que resuelvo todo sacando la tarjeta. Que no tengo reglas ni principios, que mi única ley es la del dinero… dinero Sebastián… yo ni siquiera uso esa palabra… (silencio). Para hacértela corta, esa noche quise partir donde Iván, pero al final terminé donde Fernando y entendí todo.

¿Qué entendiste?

No creai que no me dejó pa’ la cagada todo lo que me dijo la Coti. Me cuestioné, incluso le encontré razón en algunas cosas. Es cierto, hace años que hago lo que quiero con mi plata. ¿Está mal? Me daba vueltas la cabeza. Hablé con Iván por teléfono y quedó mudo, pues cacha a la Coti y sabe de lo que es capaz esta mina, así que descarté involucrarlo más. Arriba del auto llamé a los cabros, nos tranquilizamos entre los tres. Ellos me contaron que su mamá se había puesto a llorar después de que me fui… lo que era una mejora… después de tanto grito… y yo les dije que había hablado con su papá y que siempre los iba a apoyar. Ya fuera de la forma que planeé o de otra, pero que no se preocuparan. Tras cortar con ellos llamé a Fernando (silencio).

¿Y?

Estaba con el Guille, su pareja y los dos me escucharon con cara de espanto. Pobre Fernando, le cagué la noche y se repitió el plato conmigo, pero tras escucharme, me dijo que a mí lo que siempre me había salvado de ser esa persona que dice la Coti, es que siempre quiero ayudar. Esa es tu bendición, pero también tu perdición. Pablo, cuando quieres a alguien, da lo mismo de donde venga, qué piense, ni qué haga; cuando lo quieres, lo ayudas y eso te hace una buena persona. Si tu pareja no ve eso, no hay nada que hacer (silencio). Esa noche me quedé raja en el sofá de Fernando y a la mañana siguiente desperté como gato envenenado. Atiné a llamar a la oficina, con la cabeza entre las manos resolví unas mínimas urgencias y seguí durmiendo. Desperté de noche. Mi teléfono estaba sin batería. Fernando y Guille no tenían cargador para mi Iphone. Como pude, llegué a mi depa. Solo estaba la Coti, había mandado a los niños donde su mamá. Quería hablar. Parecía otra. Me agarró las manos… ahí sí que me asusté… y me dijo que había hablado con Iván y con los niños y que estaba preocupada por mí. Según ella, desde que empezó la pandemia yo había perdido el rumbo de mi vida y cree que ya es momento de dejar peluqueros, personal trainers y esta lesera del coaching y visitar a un profesional de la salud de verdad.

¿Y tú qué piensas?

Esa fue la gota que rebalsó mi vaso. Mira, me banco que me ridiculice con el gimnasio y el personal trainer. ¿Le molesta que me haga masajes? No me importa. ¿Me compro demasiada ropa? ¿Tengo un tema con los zapatos, los relojes y las cremas? Puede ser. Pero que me tire pa’ abajo a Fernando, me prohíba ver a Iván y que me aleje de los niños mientras no me haga cargo de mi salud mental... es demasiado. ¡Y la que grita como enajenada es ella! ¡La que vive enojada con el mundo! ¡La que encuentra maldad, discriminación e injusticia en cualquier serie o película! ¡La que nunca se relaja, me pide que te abandone a ti y que me trate con algún profesional de su círculo de conocidos! Voy a ir Sebastián, voy solo para que afloje, para que me permita ver a los niños, pero no voy a dejar de hacer o de ver a quien yo quiera, pues aunque tú y Fernando sean caros e Iván un reventado, los tres me quieren ayudar. Y eso es lo que importa. Ayudar y dejar atrás tanta tontera, tanto discurso, tanto odio, tanto pasado. Yo fui un alumno como la callampa en el colegio, el último de la línea en una familia de seis hermanos y el eterno estudiante en la U. ¿Y mírame? Me ha ido la raja y puedo y quiero ayudar. Y agradezco, venga de donde venga, la ayuda, ya sea de un peluquero, un personal trainer o un coach. Nos vemos la próxima semana. Ahí te cuento como me va con el psiquiatra.

Lea la primera parte de esta columna en este enlace.

Lea la segunda parte de esta columna en este enlace.

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