El antropólogo del consumo
Su último libro se trata de lo que significan los blue jeans en nuestra vida. Antes ha escrito sobre Facebook, teléfonos celulares, autos y cómo compramos los productos que compramos. Enfocándose en lo que él ve como lo "enceguecedoramente obvio", Daniel Miller ha cambiado la antropología contemporánea.
A la sombra de la catedral de St. Paul, en Londres, entre letreros de protesta y carpas, estaba el público de Daniel Miller. Los jóvenes de "Occupy London" lo invitaron a debatir sobre el orden económico actual. Pero la charla de este antropólogo y académico de University College London no sería una apología a los ideales de los indignados. "Hay que tratar de separar esa crítica simplista al capitalismo", dice Miller, quien se encuentra en Chile invitado por el Programa de Antropología del Instituto de Sociología UC.
En Chile habló de su "teoría de las cosas" y de Facebook. Tiempo antes, frente a los jóvenes de "Occupy", Miller tituló su debate "El capitalismo: lo que deberíamos conservar y lo que deberíamos desechar". En él valoró las aspiraciones a "tener cosas" en parte de la población. "Defendí las razones de por qué la gente pobre tiene motivos para aumentar sus bienes materiales", dice Miller, "les dije que si critican esas aspiraciones, no les va a ir bien".
Los asistentes escucharon con respeto y Miller sintió que empatizaron con sus ideas, a pesar de que él está acostumbrado a las críticas a su pensamiento. Ha escrito 29 libros de temas tan variados como los automóviles, Facebook o los blue jeans, y sus teorías suelen chocar con las ideas preestablecidas de la gente. Sus estudios contradicen, por ejemplo, la crítica consumista tradicional. Miller postula como algo natural que nos relacionemos de forma afectiva con los objetos, y dice que tribus alejadas de la sociedad tienen una relación incluso más fuerte con las cosas que el hombre occidental. Ha estudiado por largos períodos -hasta 18 meses- poblaciones en lugares tan distintos como Inglaterra, Filipinas y Trinidad, acompañándolos en su vida diaria, haciendo las compras o usando redes sociales.
"Me gusta ver en mis estudios lo enceguecedoramente obvio", explica Miller, "los blue jeans son un muy buen ejemplo de esto". Apunta que cuando uno se para a mirar en una esquina en cualquier parte del mundo, puede observar que un cincuenta por ciento de la gente usa mezclilla. "Pero nadie sabe por qué. Está tan presente que nadie lo ve como algo para estudiar", dice Miller, quien ha encontrado interesantes detalles, como que es una tela que iguala a los migrantes con la población de la sociedad que los acoge o que ayuda a solucionar la ansiedad que las mujeres londinenses sienten al enfrentarse al clóset en las mañanas.
En el futuro, Miller quiere ir más profundo: hacia la ropa interior. "Pero no la ropa sexy, sino la de todos los días. Esa barata del supermercado", dice. Para él, lo que compramos y usamos habla fuertemente de quiénes somos.
La importancia de una camisa india
Miller se pasea por un supermercado entre carros y anuncios por altoparlante. De vez en cuando se para a ver uno que otro producto: papayas, vinos, las papas chilotas. Viste unos jeans negros y una camisa azul oscuro con triángulos blancos. La lleva afuera del pantalón, suelta. Es de la India, de una fábrica que conoció en uno de sus viajes, y ahora cada vez que un amigo viaja para allá le pide que le traigan una. Para él, ni los productos que lo rodean ni la ropa que usa hoy es algo azaroso.
Es hippie de alma. Cuando comenzó a hacer clases, él llegaba a la sala con una polera naranja brillante y un collar de conchitas que consiguió en una de sus investigaciones en la Polinesia. Hoy ha cambiado, ha aprendido que debe adaptarse. "Me gusta la gente, me interesa hacerlos sentir cómodos y sentirme cómodo yo mismo", dice Miller, "esta camisa que uso hoy es un compromiso entre lo que yo habría elegido para mí y lo que espero que haga que la gente se sienta bien… Exactamente mi teoría de las compras".
Su idea es que al elegir un producto estamos escogiendo un punto medio entre el ideal y la realidad. A esto llegó buscando responder a los estudios tradicionales de compras. "Siempre eran comerciales, pero yo quería saber por qué la gente compra lo que compra. Para eso creo que no es suficiente pararse afuera de la tienda", dice Miller. Él y su equipo tomaron una calle anónima por 18 meses y siguieron a las personas que vivían ahí a los supermercados y a sus casas, preguntándoles sus razones para escoger tal o cual producto, cómo planean una comida con amigos o cómo compran ropa para las vacaciones.
Para él, comprar y relacionarnos con objetos es parte de nuestra esencia y el énfasis debería estar , más que en criticar el consumo, en educarlo. "Creo que en el colegio deberíamos aprender sobre las consecuencias de las elecciones que hacemos como compradores", dice.
"Me llamó la atención encontrar que la publicidad tenía muy poco impacto, excepto en los niños", dice Miller, "en cambio, las liquidaciones y ofertas en el supermercado sí cambian tus decisiones".
Lo más relevante que encontró es su teoría de compras. "La compra es un compromiso entre dos cosas: cómo reduces la diferencia entre tu ideal de esta persona y la misma persona para la que estás comprando", explica. Por ejemplo, una madre inglesa quiere que sus hijos coman cosas sanas y sus hijos quieren lo contrario. Ella entonces busca el punto medio: mantequilla de maní. "Compras lo más sano pero que sea aceptable para ellos", dice.
Miller insiste en que hay que quitar el carácter negativo a las compras. "Las dueñas de casa hacen las compras y son los personajes menos individualistas y materialistas", explica. Para él, comprar y relacionarnos con objetos es parte de nuestra esencia. El énfasis debería estar más que en criticar el consumo, en educarlo. "Creo que en el colegio deberíamos aprender sobre las consecuencias de las elecciones que hacemos como compradores", dice Miller. En su sala de clases se ha encontrado con alumnos que no saben cómo es la planta del algodón o cómo es el proceso de hilado de una camisa. "Hemos perdido el contacto con la relación entre producción y consumo. ¿Cómo podemos elegir moralmente si no sabemos cómo funcionan las compras, lo que podrías llamar la economía real?", comenta.
Facebook: Mi mejor amigo
El pasado lunes 12, Miller llegó de Trinidad directo a dar una charla al Centro de Estudios Públicos. Frente a un auditorio lleno, conversó sobre su libro Tales from Facebook. Ahí habló del momento cuando él empezó a interesarse académicamente por la red social: cuando vio que las mamás empezaban a pedir "ser amigo" a sus hijos y ellos, sin otra posibilidad, debían aceptarlas. Y luego ese vecino y ese colega de la oficina, y ese compañero de colegio que no te cae tan bien. En resumen, cuando Facebook dejó de ser un grupo de amigos o de personas con un interés común y pasó a ser cada vez más similar a una comunidad "real".
Las comillas en "real" no son un detalle. Miller cree que eso que pasa en la pantalla es tanto o más verdadero que lo que pasa en la esquina del barrio. Esto siempre genera escépticos y la charla del CEP no fue la excepción. A la hora de las preguntas, una estudiante le dijo con mucho respeto que lo que hay en un perfil de Facebook es una fabricación, no es tan real como la vida offline. Pero Miller no lo ve así: "Desde el momento en que te vistes estás buscando proyectar algo. Facebook no es más que una extensión de eso".
Sin embargo, la estudiante no lo entendió y al final de la conferencia se acercó a hablar con él. Miller ya está acostumbrado a esta resistencia, que también se aplica a su teoría de las compras. "Hay una especie de ideología en las sociedades de una narrativa de la pérdida, de que hubo un tiempo en que éramos auténticos, más reales", dice. Para él, esto no es así. De hecho, en el país del que viene llegando, Trinidad, la gente ve como real o verdadero lo externo, la forma en que queremos proyectarnos. En esa isla caribeña, la cuna, el cuerpo y la situación social son menos verdaderas que la ropa y la forma en que bailamos, lo que decidimos.
Por eso, no le extraña que en Trinidad la gente juegue en el bus a escuchar las conversaciones de otras personas y esperar quién es el primero que nombra a la red social. En Inglaterra, en cambio, el juego no funcionaría. El sitio no es tan parte de la vida diaria como en Trinidad. "A la hora de hablar de Facebook, hay que considerar de qué forma cada país lo está usando", dice Miller. Sin embargo, ha logrado identificar algunas tendencias comunes. Una de ellas es cómo Facebook se transforma en un "meta-mejor amigo".
Al principio, Miller vio el sitio como una red entre personas, pero en su investigación se dio cuenta de que mucha gente tenía una relación con Facebook mismo. "Cuando otras personas no quieran hablarte o te sientas solo siempre puedes volverte a él. Se convierte en una relación significante en tu vida", explica.
En su caso, reconoce sin problemas que él usa Facebook. De repente publica cosas divertidas; otras veces cosas más poéticas, como jugando con el sitio. "Hay que conocer lo que estudias", dice, antes de pedir que le manden las fotos que el fotógrafo saca. Para ponerlas en su perfil.
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