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La ropa que elegimos también dice cómo queremos sentirnos esta primavera y verano

Vestirse no es solo elegir qué ponerse. Desde la comodidad hasta la identidad, las prendas que usamos funcionan como una forma cotidiana de expresión y también reflejan cómo queremos movernos, relacionarnos y sentirnos en la ciudad.

La ropa que elegimos también dice cómo queremos sentirnos esta primavera y verano

Hay mañanas en que vestirse parece automático. Una polera, un pantalón, una chaqueta, las zapatillas de siempre y listo. Otras veces ocurre lo contrario: abrimos el clóset, probamos una combinación, nos miramos al espejo y algo no funciona.

Cambiamos una prenda, después otra, hasta encontrar una versión que finalmente se siente correcta.

Ese pequeño ritual cotidiano dice más de nosotros de lo que parece.

La ropa cumple una función práctica, pero también participa en la manera en que construimos nuestra identidad, expresamos pertenencia y proyectamos cómo queremos ser vistos. Incluso puede cambiar la forma en que nos sentimos durante el día.

Una investigación publicada en 2025 sobre estilo personal e identidad abordó precisamente esa relación y planteó que el estilo puede conectarse con distintas dimensiones del autoconcepto: cómo nos vemos actualmente, cómo nos gustaría vernos y la posibilidad de experimentar creativamente con nuestra apariencia.

El estudio también identifica elementos como el autoconocimiento y la comodidad entre los factores que ayudan a construir un estilo propio.

Eso explica por qué encontrar qué ponerse no necesariamente significa seguir las tendencias de cada temporada. Muchas veces se trata, simplemente, de descubrir qué combinaciones hacen que una persona se sienta cómoda, segura o reconocible frente al espejo.

“Hay algo muy personal en ese momento en que decidimos qué ponernos. Podemos inspirarnos en lo que vemos en la calle, en la música, en una película o en redes sociales, pero finalmente cada persona toma esas referencias y las adapta a su propia manera de vestir. Ahí empieza a aparecer el estilo personal”, explica Ángela Stuardo, Lead de Marketing de The Line.

La ropa como lenguaje cotidiano

La ropa que elegimos también dice cómo queremos sentirnos esta primavera y verano

La decisión comienza frente al clóset, pero adquiere otra dimensión cuando salimos a la calle.

Santiago, Concepción, Viña del Mar, Antofagasta o Temuco tienen ritmos, temperaturas, escenas culturales y códigos distintos. Y las personas que recorren esas ciudades también van construyendo parte de su identidad mediante la ropa que utilizan.

Una investigación publicada en 2025 en Trends in Psychology estudió cómo los jóvenes emplean la vestimenta para negociar entre su identidad individual y las expectativas sociales.

Entre sus conclusiones aparece una idea particularmente reconocible: las prendas permiten expresar quiénes somos, establecer vínculos con determinados grupos y, al mismo tiempo, diferenciarnos.

La ropa, en ese sentido, funciona como un lenguaje silencioso.

No hace falta hablar para que aparezcan referencias al fútbol, al skate, al running, al hip-hop, al outdoor, al streetwear, al lujo o a determinadas épocas de la moda. A veces esos códigos aparecen completos; otras, sobreviven apenas en unas zapatillas, una gorra o una chaqueta.

Y actualmente esas fronteras son especialmente difusas.

Una persona puede combinar pantalones formales con zapatillas deportivas. Otra puede llevar prendas propias del outdoor en medio de la ciudad. Las camisetas de fútbol dejaron hace tiempo de aparecer únicamente en los estadios, mientras modelos creados originalmente para correr durante los años 2000 volvieron convertidos en piezas de moda.

“En Chile vemos una diversidad muy grande de referencias. Hay personas que toman elementos del deporte, de la música, del streetwear, de la moda o de la cultura pop y los mezclan de una manera completamente personal. Esa mezcla es interesante porque habla de cómo cada uno construye su propia identidad a través de lo que usa”, señala Stuardo.

Cuando seguir una tendencia ya no es suficiente

La ropa que elegimos también dice cómo queremos sentirnos esta primavera y verano

Instagram, TikTok y Pinterest transformaron radicalmente la velocidad con que circulan esas referencias.

Un look que aparece durante la mañana en Seúl puede convertirse esa misma tarde en inspiración para alguien en Santiago.

Lo mismo ocurre con una zapatilla utilizada por un músico, una chaqueta vista en una serie o una combinación que comienza a repetirse entre creadores de contenido.

Pero conocer una tendencia no significa necesariamente copiarla.

Durante 2025 tomó fuerza dentro de la industria de la moda la idea de la personalización. Vogue Business, por ejemplo, destacó el concepto de “chaotic customisation”, utilizado por la consultora WGSN para describir especialmente entre las nuevas generaciones una búsqueda por intervenir, combinar y adaptar las prendas hasta convertirlas en algo más personal.

Pins, charms, cordones diferentes, accesorios, superposición de prendas, bolsos intervenidos o combinaciones deliberadamente inesperadas forman parte de esa lógica.

La idea de fondo resulta bastante sencilla: dos personas pueden comprar exactamente la misma prenda y terminar construyendo looks completamente distintos.

También ocurre con las zapatillas. Un mismo modelo puede aparecer acompañado por jeans y una polera, formar parte de una combinación deportiva o contrastar con pantalones más formales. La zapatilla es la misma; la historia que cuenta cambia según quién la use.

“Una de las cosas más entretenidas de la moda es que no hay una sola forma correcta de usar una prenda. Puedes tomar una referencia y llevarla a tu propia realidad. Para mí, eso es stylearse: probar, combinar y encontrar esa versión en la que realmente te sientes cómodo”, dice Stuardo.

Vestirse según cómo queremos sentirnos

La ropa que elegimos también dice cómo queremos sentirnos esta primavera y verano

Con la llegada de la primavera y posteriormente del verano también cambia nuestra relación con la ropa.

Aparecen temperaturas más altas, días más largos, actividades al aire libre y una vida urbana que progresivamente abandona las capas utilizadas durante el invierno.

Pero el cambio de temporada no obliga necesariamente a renovar completamente el clóset.

Puede ser también una oportunidad para observar de otra manera aquello que ya tenemos: combinar piezas que antes no utilizábamos juntas, recuperar zapatillas que llevaban meses guardadas o incorporar algunos elementos capaces de modificar prendas conocidas.

Porque vestirse también depende del contexto.

Elegimos según el lugar al que vamos, las personas que veremos, el clima que enfrentaremos y el ánimo con que despertamos. Hay días en que buscamos pasar inadvertidos y otros en que queremos llevar algo completamente distinto. A veces privilegiamos comodidad; otras, una prenda que simplemente nos entusiasma.

La ciudad termina funcionando como escenario de todas esas decisiones.

En una misma estación de Metro pueden coincidir personas utilizando las mismas zapatillas de maneras completamente diferentes. Una chaqueta reconocible puede adquirir otra identidad al combinarse con distintas prendas. Una tendencia nacida en una pasarela, una cancha o una red social termina transformándose cuando llega a la calle.

Sobre esa idea se construye Make the City Yours, la propuesta de The Line para esta temporada primavera-verano: utilizar las tendencias como un punto de partida y no necesariamente como un conjunto de reglas.

Porque quizás ahí se encuentra buena parte del atractivo del estilo personal.

No necesariamente en vestirse pensando en cómo nos mirarán los demás, sino en conseguir algo bastante más simple: mirarnos al espejo antes de salir y sentir que aquello que llevamos puesto se parece, de alguna manera, a nosotros.

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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.

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