Por Tania OpazoLo vemos después del 18
Desde el efecto calendario en la economía hasta la psicología de postergar sin culpa: por qué el 18 funciona como una pausa colectiva que altera mucho más que nuestra agenda.

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Esta edición de Curio trata sobre una frase que:
- Aparece cada septiembre para mover reuniones y decisiones.
- Convierte el 18 en un antes y un después.
- Deja huella en las estadísticas económicas.
- Demuestra que postergar no siempre es procrastinar.
- Y hace sonar el recreo para todos al mismo tiempo.

Durante muchos años tuve un jefe muy, muy trabajólico.
Buena parte del tiempo no tenía problema con eso. A mí también me gustaba muchísimo mi trabajo y dedicarle más horas de las razonables no se sentía como un sacrificio.
Pero había momentos en que tomar el teléfono para responder una pregunta (o ya de frentón sentarme frente al computador) me merecía el reproche de todo el grupo familiar.
Uno de esos momentos era el 18.
Y eso que durante las semanas previas siempre bromeábamos con el clásico “lo vemos después del 18”. El problema es que, generalmente, nada se postergaba, jeje.
Durante mucho tiempo pensé que era simplemente una de esas excusas chilenas para “patear” lo que no queremos hacer. Pero detrás de esa frase hay algo más interesante: momentos del calendario en que cambia colectivamente nuestra relación con el trabajo, las obligaciones e incluso con el tiempo.
Porque las Fiestas Patrias no son exactamente vacaciones. Tampoco son simplemente dos feriados.
Son una pausa. Y, más específicamente, una pausa para celebrar.
Septiembre altera hasta las estadísticas
Esto de que septiembre tiene sus propias reglas no es solo una percepción.
El Banco Central considera el llamado “efecto calendario” al analizar la actividad económica, porque los días hábiles y feriados modifican su ritmo. Y entre 2008 y 2025, septiembre fue el mes con mayor variabilidad en la cantidad de días laborales, principalmente por Fiestas Patrias.
Es decir: el “después del 18” puede sonar a broma de oficina, pero altera suficientemente el ritmo del país como para que los economistas tengan que corregirlo.
0,5 puntos porcentuales
Es el efecto promedio que puede tener un día hábil adicional sobre la variación anual del Imacec, según estimaciones del Banco Central.
Obviamente, no todos paran. Hay rubros que siguen funcionando durante Fiestas Patrias, como la minería, parte del comercio, el transporte, la salud y los servicios de emergencia.
Además de, dah, la prensa.
En nuestro caso eso significa turnos, así que aprovecho esta tribuna para enviar mis condolencias a los compañeros a los que les tocará trabajar este 18.
Pero, para buena parte del país la rutina sí cambia, y eso, descubrí, es importante.
No estamos descansando, estamos de fiesta
Le pregunté a Rodrigo Booth, historiador y académico de la Universidad de Chile que ha investigado la historia del turismo y las prácticas de viaje, qué tenía de especial que todos hiciéramos una pausa al mismo tiempo, durante los feriados largos.
Lo primero que hizo fue corregirme: las vacaciones también son bastante colectivas. En Chile febrero funciona casi como un mes de vacaciones común; en Argentina ocurre más en enero y en Francia, tradicionalmente, en agosto.
La diferencia que haría es entre un descanso como derecho y la celebración de las fiestas, que es algo diferente
Las vacaciones están pensadas para descansar, dice Booth. Una fiesta, en cambio, interrumpe el trabajo porque hay algo que celebrar.
La humanidad lleva siglos organizando su calendario alrededor de momentos así. Durante el período colonial, numerosas actividades se suspendían para celebrar fiestas religiosas. El domingo estuvo durante siglos asociado al culto y solo después comenzó a consolidarse también como un derecho laboral.
En Chile, la primera ley sobre descanso dominical se promulgó en 1907, aunque para buena parte de los trabajadores todavía era renunciable. Una nueva ley de 1917 reemplazó a la anterior y consolidó mucho más claramente el descanso dominical.
Booth me contó además de una tradición que inmediatamente pasó a mi lista de datos favoritos de este Curio: Algunos obreros simplemente no trabajaban el lunes, porque servía para recuperarse de la fiesta (resaca) del domingo.
A eso le llamaban el “San Lunes”.
Quizás la humanidad lleva bastante más tiempo del que creíamos inventando formas de decir lo vemos mañana.
Durante los primeros años de la República, ¿en qué otra fecha se celebraba oficialmente junto al 18 de septiembre como fiesta nacional?
A. 12 de febrero
B. 21 de mayo
C. 12 de octubre
D. 31 de diciembre, porque cualquier excusa servía
*La respuesta, al final del newsletter*

Nuestro carnaval cívico
Durante los primeros años de la República, Chile tuvo varias celebraciones patrióticas. El 18 de septiembre convivió con el 12 de febrero (fecha vinculada a la Batalla de Chacabuco y la declaración de Independencia) y, durante un tiempo, también con el 5 de abril, que recordaba la Batalla de Maipú.
En 1837 se concentraron definitivamente las celebraciones nacionales en una sola fecha: el 18 de septiembre.
Acá hay un dato particularmente entretenido. El 12 de febrero coincidía con el antiguo carnaval de verano, marcado por un desenfreno que las élites republicanas miraban con poco entusiasmo. Además, febrero coincidía con la Cuaresma y la época de cosechas. Todo eso ayudó a que el 18, mucho más “patriótico” y serio, ganara la batalla del calendario.
Por lo mismo, la reflexión de Rodrigo Booth:
Uno podría entender el 18 de septiembre como nuestro carnaval cívico.
Y, agrega el historiador, algo de esa lógica carnavalesca permanece.
Durante unos pocos días hacemos cosas que rara vez haríamos el resto del año: tomamos terremoto —una bebida que, muy sensatamente, nadie considera beber en otra fecha; cada uno podrá sacar sus propias conclusiones—, bailamos cueca, compramos y encumbramos volantines, llenamos todo de banderas y aceptamos niveles de decoración tricolor inexplicables en cualquier otra época.
Obviamente, no se puede comparar con carnavales como el de Oruro, en Bolivia, o el de Barranquilla, en Colombia. Ni mucho menos con lo que pasa en Brasil. Pero es lo que tenemos y, a juzgar por cómo se transforma el país durante esos días, no cabe duda de que sabemos aprovecharlo.
¿Lo vemos después del 18?
Pero no nos olvidemos de la frase que gatilló este Curio.
En 2014, tres investigadores publicaron en Management Science un estudio sobre algo llamado fresh start effect, o “efecto de nuevo comienzo”.
Descubrieron que después de ciertos hitos del calendario (un lunes, el comienzo de un mes, Año Nuevo, un cumpleaños o un feriado) aumentaban comportamientos vinculados a lograr metas personales, como las visitas al gimnasio o las búsquedas relacionadas con dietas.
Esas fechas funcionan como fronteras: permiten separar mentalmente lo que ocurrió “antes” de lo que viene “después”. El 2026 hice esto; el 2027 será otra cosa. Antes del 18 estaba en una etapa; después, quizás, puedo empezar otra.
La razón de esto, me explicó Pablo Herrera, académico del Departamento de Psicología de la Universidad de Chile, es bastante simple:
El cerebro no procesa el tiempo de forma lineal, como un reloj.
Conectado a esto, Herrera reivindicó algo que me hizo sentir bastante mejor respecto de nuestra frase favorita:
Postergar no necesariamente es procrastinar.
Es 100% válido postergar algo para más adelante. De hecho, es algo crucial para planificar
Tenemos demasiados pendientes como para hacerlos todos ahora. Postergar sanamente es decidir que algo ocurrirá después porque estamos usando el presente en otra cosa relevante (o simplemente porque necesitamos parar).
Procrastinar es distinto: cuando finalmente llega la fecha prometida, inventamos una nueva excusa para seguir evitando la tarea.
Así que “lo vemos después del 18” puede estar perfectamente bien. Siempre y cuando, bueno, después de Fiestas Patrias efectivamente lo veamos.

Cuando suena el timbre
Ahora, había una última cosa que me interesaba entender.
¿Por qué se siente distinto parar cuando sabemos que los demás también están parando?
Herrera dice que vivimos bajo un mandato social bastante persistente: ser productivos, ser útiles, aprovechar el tiempo, avanzar, cumplir metas. Y bajo ese mandato, incluso el ocio puede venir acompañado de culpa o vergüenza.
Hasta que cambia la regla.
Es como que estuviéramos en el colegio, donde se espera que prestemos atención al profesor, pero de repente suena el timbre, es hora del recreo y todos salen a jugar.
Esta imagen me dio mucha claridad: explica por qué me incomodaba contestar correos durante el 18 mientras mi familia me miraba con mala cara.
No era solo que estuviera trabajando: había sonado el timbre y yo seguía sentada en la sala. Cuando todos paran, explica Herrera, sentimos que por un rato ese mandato de producir “no aplica”.
Tenemos permiso para salir al recreo sin pensar que mientras nosotros “jugamos”, los demás siguen avanzando.
Y creo que ese es el valor que quiero restituirle al “lo vemos después del 18”.
Volver tampoco tiene que ser una carrera
Inmediatamente después de Fiestas Patrias llega el equinoccio de primavera, y ese cambio estacional también importa para este Curio.
Para muchas personas hay una fuerte relación entre las estaciones y sus estados de ánimo.
En quienes sufren un trastorno afectivo estacional de patrón invernal (como yo) la llegada de la primavera es un verdadero bálsamo. Dame una hora más de luz, solcito y temperaturas más amables, y mi ánimo mejora de inmediato, a pesar de que sufro rinitis alérgica y durante estos meses soy, básicamente, más mocos que persona.
A contracara de esto, distintas investigaciones han observado patrones estacionales en las conductas suicidas, con aumentos durante la primavera y el verano en diversos lugares del mundo.
Es un fenómeno complejo y multifactorial —no significa que la primavera “cause” suicidios—, pero sí una buena razón para sacarnos de encima la obligación de que, pasado el 18, hay que sentirse mejor, aprovechar más y retomar todo de golpe.
Mi reivindicación final del “después del 18” es justamente esa: sí, dejemos algunas cosas para después. Pero cuando llegue ese después, tampoco tenemos que compensar en 48 horas todo lo que dejamos botado.
No necesitamos salir del 18 con dieta nueva, gimnasio, inbox cero, siete proyectos personales y la urgencia de arreglar nuestra existencia.
Podemos simplemente retomar.
Con un poquito menos de culpa. Con un poquito menos de apuro. Y tratándonos, ojalá, con un poquito más de cariño ❤️.
Respuesta al quiz:
A. 12 de febrero. Esa fecha conmemoraba la Batalla de Chacabuco y la declaración de Independencia. Desde 1824 convivió oficialmente con el 18 de septiembre como fiesta nacional, hasta que en 1837 las celebraciones se concentraron definitivamente en el 18.
LÍNEA DE PREVENCIÓN DEL SUICIDIO:
Si estás enfrentando una emergencia o crisis de salud mental asociada al suicidio, puedes contactarte con un profesional de salud especialmente capacitado que te escuchará y ayudará llamando al *4141 (este número es gratuito y funciona 24/7).
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La mayoría no entiende el debate por el impuesto a las empresas. El resto lee La Tercera.
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