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Luis Orlandini, Premio Nacional de Música: “Soy parte de una comunidad musical en que queremos hacer las cosas bien”

Tras obtener el máximo reconocimiento de la música chilena, la eminencia de la guitarra reflexiona sobre su carrera entre los escenarios y la academia, la clave del rigor y la vigencia de un instrumento con casi un siglo de tradición formal en el país.

“Como usted comprenderá, estoy un poco noqueado, choqueado, junto con estar contento, obviamente”. Son las primeras palabras de Luis Orlandini, al teléfono con Culto. Flamante Premio Nacional de Música 2026, se trata de una eminencia de la guitarra clásica.

Es músico pero también profesor en la Universidad de Chile y la Pontificia Universidad Católica de Chile. Entre 2018 y enero de 2020 se desempeñó como decano de la Facultad de Artes de la Universidad de Chile. Aún sorprendido por obtener el importante galardón, en su voz no pierde la calma, y con mucha cortesía y amabilidad, responde las preguntas de Culto.

“Es un premio enorme, la verdad, que da una felicidad increíble, porque claro, uno ha trabajado toda la vida en esto de la música, tratando de hacer lo mejor posible las cosas. Es un reconocimiento que da una alegría enorme”.

Luis Orlandini, Premio Presidente de la República 2007, fue el primer guitarrista chileno que obtuvo un premio internacional de primer nivel. Es, además, un formador.

-¿Lo siente como un reconocimiento a su trayectoria?

Yo diría que sí, pero como lo dije cuando estuve con el ministro recién, creo que es un premio que hay que compartirlo, porque es para todos. Yo me siento parte de una cadena de personas y de una comunidad musical en Chile que realmente queremos hacer las cosas bien, queremos compartir lo que hacemos y queremos que finalmente las personas lo compartan con nosotros para que sean todos un poco mejores o se sientan un poco mejor. Esa es la misión.

-¿Lo podríamos considerar un reconocimiento a la guitarra clásica?

Claro, exactamente. Imagínate que partió hace casi 90 años en Chile, desde que se empezó a hacer guitarra clásica en 1938. Yo soy parte de esa cadena. Fui alumno de un profesor que fue muy importante, Ernesto Quezada, y antes de mí hubo otros, como Liliana Pérez Corey. O sea, es una cadena que ha permitido que Chile se haya ido situando en un lugar de privilegio, porque aquí en Chile hay mucho talento, mucha gente joven que hoy en día está estudiando guitarra clásica y lo hace suyo como profesión.

-Usted ha tenido una trayectoria destacada: se ha presentado en Europa, en escenarios importantes, ha hecho muchas grabaciones. ¿Cuál cree usted que ha sido la clave para lograr una trayectoria de esta índole?

La verdad es que cuando uno está en estas lides tiene que procurar hacer una carrera lo más amplia posible. Y claro, las fronteras dejan de existir y el mundo pasa a ser tu lugar para habitar. Pero mi misión principal en mi vida, yo diría que ha sido promover la música de los y las compositores chilenos. Eso ha sido el hilo conductor de mi vida. Absolutamente. Yo creo que si hay algo de lo cual me siento realmente orgulloso, podría decirlo, es de haber podido hacer eso, porque me ha mantenido muy vivo con mi tiempo y mi época. He podido compartir con muchas generaciones de compositores que están haciendo música permanentemente, y son los creadores que yo valoro y quiero que la gente los valore; por eso los he difundido, los he grabado, etcétera.

-Me gustaría ir un poco a sus orígenes. ¿Qué fue lo que más le dejó la enseñanza de Ernesto Quezada?

Yo estudié toda mi carrera con él acá en Chile. Lo que él me dejó, sin duda, es una formación sólida, muy sólida, y el sentido del rigor, sobre todo: el ser muy responsable con lo que uno está haciendo; es decir, tomárselo en serio. O sea, que realmente uno está haciendo una labor que es tan importante como la de un científico, un humanista o cualquier persona que trabaja en otras áreas del conocimiento. Las artes no se escapan a eso, tienen que ser tan rigurosas como aquellas. Entonces, creo que esa es la gran enseñanza y lo que he tratado de transmitir también a mis alumnos en lo sucesivo.

-Entiendo que usted vivió mucho tiempo fuera y que volvió a Chile en los 90, pero decidió quedarse. ¿Qué lo motivó para priorizar quedarse en Chile?

La verdad es que siempre he tenido una raigambre importante con mi país, con mi gente y justamente con esta relación que he tenido con los compositores, que han sido como un ancla importante con mi tierra. Mi familia también es, por supuesto, muy importante y eso tuvo su peso en su momento. Pero tuve la idea de que uno desde Chile podía hacer igual una carrera internacional y lo hice. Así que mi decisión de volver a Chile fue pensándolo así: quería desarrollar algo importante acá, pero estando permanentemente en contacto con el resto del mundo, por supuesto.

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-Usted es profesor en la Universidad de Chile y en la Católica, ¿cómo ha podido equilibrar la vida de concertista con la de académico?

Ha sido bien complicado. En algún momento me lo preguntaban mucho: “¿Cómo es posible que uno haga estas dos cosas?”. Y la verdad que no es fácil, uno tiene que ser muy ordenado, muy riguroso, generar los tiempos precisos para cada cosa, para que una no se coma a la otra. Porque estuve durante muchos años en roles de administración en la Universidad de Chile; no solamente de decano, también de director de departamento y otras funciones. Volviendo a mis inicios, hay una cuestión de rigor que, cuando uno sabe administrarlo, las cosas pueden funcionar.

-Imagino entonces que ese rigor que aprendió al principio fue lo que le ayudó también a desarrollar estas funciones como académico..

¡Claro!. Y en algún momento fue una de las capacidades que quise desarrollar, también en el sentido de poder ayudar desde otro ángulo a la cultura en Chile por medio de la universidad. También he estado en otras funciones más privadas, por decir así, en la Fundación Guitarra 21, que tengo desde hace algunos años con Romilio Orellana, y desde la Academia Chilena de Bellas Artes, donde soy miembro de número.

-¿Cuál cree usted que es su huella en la música nacional?

La verdad es que la huella la tienen que decir otras personas; no creo que sea muy sano que yo esté diciendo cuál es mi huella, sería un poco ególatra. Pero lo que yo más he querido hacer en la vida es lo que te comenté: desarrollar al máximo mi instrumento, situarlo en un plano de que sea muy valorado y muy respetado. La guitarra no solo en el ámbito del folclore y la música popular, que eso estaba antes que yo, sino en la música clásica, donde estaba un poco menos. Me impuse la tarea de que fuera tan respetada como los otros instrumentos y el canto.

-¿En qué se encuentra usted ahora?

Me encuentro realizando una actividad múltiple: con clases, con actividad académica menor (no con cargos importantes) y con viajes. Estuve hace poquito en China en un festival en Shanghai, pronto tengo un viaje a Uruguay, voy a tocar el Concierto de Aranjuez en CorpArtes el próximo mes, y la próxima semana voy a tocar en el Festival de Música Contemporánea estrenando una nueva obra chilena de Mario Mora. En eso estoy permanentemente: estrenando nuevas obras, dando conciertos, haciendo grabaciones, todo eso.

-Finalmente, ¿cómo ve usted el futuro de ahora en adelante con este premio?

La verdad es que uno siempre lo piensa: ¿qué puede significar un premio y para qué puede servir finalmente, más allá de, como decía un colega por ahí, la “egoteca” o el ego personal? A mí me gustaría mucho que esto sirva como una plataforma para que uno pueda contribuir de verdad a generar mayor desarrollo en las políticas culturales a nivel país, sobre todo en el ámbito que a mí me corresponde. Creo que es súper importante que se le dé a la música la importancia que merece para que las nuevas generaciones puedan apreciarla tal como la apreciamos nosotros hoy en día.

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