Columna de Paula Escobar: El club de Toby de la UDI al PC

Los candidatos presidenciales Gabriel Boric y Daniel Jadue inscriben sus candidaturas en el Servel para participar en las elecciones primarias. Foto: Andrés Pérez




El show de la inscripción de candidatos a las primarias legales excede, como dijo alguien, a la más enrevesada teleserie turca. Una opereta vertiginosa, llena de improvisación, desorganización y contradicciones… Y tres mujeres, dos candidatas y la presidenta del Senado, fueron maltratadas políticamente.

¿Resultado? Solo hombres quedaron inscritos a las primarias legales presidenciales: solo varones tendrán pantalla, presupuesto, exposición de sus ideas, visibilidad, durante los siguientes dos meses.

Duró poco la idea de que por la paridad lograda en la convención -ahora sí que sí- nunca más sería sin nosotras. El éxito de las mujeres convencionales (y en las municipales también) hacía pensar que estábamos frente a un cambio epocal, en términos de romper las barreras estructurales a la participación de mujeres en política.

Al entusiasmo le cayó un balde de agua fría desde el lunes mismo, cuando se empezó a fraguar la teleserie que terminó con ninguna mujer en las primarias legales. En Chile Vamos eso ya se había despejado cuando la alcaldesa Matthei se bajó. Y la centroizquierda y la izquierda del PC/FA no solo dejaron fuera a las mujeres, sino que humillaron a tres mujeres fuertes. Primero, a la senadora Rincón. Aunque ganó la primaria de su partido, en menos de 48 horas desde la debacle electoral DC empezó la brutal seguidilla de decisiones contradictorias de su partido. Cuando ella ratificó que seguía en carrera en la madrugada, horas después recibió la llamada fatal de la presidenta de su partido: si ella no se bajaba, la DC quedaba fuera de una primaria con los socios del PPS y PPD. Rincón queda, entonces, a la vera del camino y es sacrificada por su partido, sin proporcionarle la mínima dignidad a alguien que, mal que mal, había sido candidata legítima y electa.

Luego, viene el turno de la candidata PS, Paula Narváez. En horas, el PS había decidido migrar hacia un pacto con FA/PC, dejando así atrás la sociedad de 30 años con la DC (a quien habían pedido solo horas antes bajar a su candidata). A Narváez la ungen Pablo Vidal y luego Heraldo Muñoz, convirtiéndose en la representante de esos partidos también: PPD, Liberal y movimiento Nuevo Trato (escindidos del FA justamente por la alianza de estos con los comunistas para la convencional…). Narváez aparece en público serena y tratando de darle sentido a esta seguidilla de decisiones tan de fondo como vertiginosas. Pone la cara para esta migración abrupta del PS hacia el polo de izquierda más radical.

Pero pocas horas después, parte de lo que serían los “nuevos socios” (según varias fuentes: Convergencia Social y también el PC) “vetan” al PPD, al Nuevo Trato y a Liberales. Narváez llega sola, o nada, le dicen, a pesar de que Narváez asegura que eso no fue lo conversado entre ella y el diputado Boric. En la hora nona, la decisión es estratégica: si el PS -al que le fue bien en la constituyente, con 15 convencionales electos, más que cualquier partido del FA per se, o el PC- cedía frente a esa exclusión, marcaría claramente su sumisión al empoderado y triunfante bloque PC/FA. Narváez, entonces, reacciona y planta cara, mostrando su molestia por los vetos y que no los aceptará. Mientras, a la senadora Provoste, a quien su partido le había pedido que se subiera a la carrera tras desechar a Rincón, ya había dicho que no: que no así, que no ahora, en ese apuro e improvisación. Puso límites a este circo de vetos, exclusiones, macuqueos y de tratar a las mujeres como piezas de ajedrez o fusibles, a disposición de prácticas de lógicas masculinas tóxicas.

El PS y el PPD, ya caída la primaria con el PC y el FA, le ruega a Provoste que se inscriba en las pocas horas que quedan, para salvar la primaria Unidad Constituyente, la misma que habían matado horas antes...

El segundo portazo de Provoste es elocuente: no. Digna y serena, dice que no, y que hay que reflexionar primero.

Y así, los dos meses que vienen, tendremos un Club de Toby en la campaña de las primarias presidenciales legales. Desde la UDI al PC, estos caballeros nos explicarán las causas de la desigualdad estructural de género y cómo la combatirán.

Claro, los candidatos se rodearán de mujeres en la propaganda, se revelarán deconstruidos y feministas. Pero no habrá cómo disfrazar que no solo bajaron, sino que les faltaron el respeto a mujeres que tenían un lugar en esa carrera, y algo que decir a las millones hartas de que los hombres decidan, en la hora final, entre ellos. El futuro de Narváez (y de Provoste, si se sube a la carrera en agosto) sería ir a la primera vuelta o juntarse en una primaria convencional, sin propaganda ni presupuesto.

El camino propio, como le dicen. O el camino más difícil. Uno que las mujeres conocen demasiado bien.

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