Cristina Moyano, historiadora: “Cuando el PC ha ingresado en coaliciones, ha respetado la institucionalidad”

La historiadora Cristina Moyano.

La decana de la Facultad de Humanidades de la Usach y autora de la historia del Mapu, piensa que las tensiones que llevaron al estallido de octubre siguen vigentes. Observa una interacción conflictiva entre el Frente Amplio, un conglomerado definido por su espíritu generacional, y los grupos mayores. Y resalta que históricamente, el PC ha respetado la institucionalidad cuando ha ingresado en coaliciones de gobierno.




Si la derrota electoral de la ex Concertación y los partidos de Chile Podemos Más habla de un cambio de ciclo histórico, también sugiere un cambio generacional. Los nuevos líderes han desplazado de la escena a los políticos longevos. En el caso concreto del Frente Amplio, “tiene una dimensión generacional importante, son grupos etarios muy compactos que chocan con la lectura y la experiencia de los grupos antiguos. Aquí hay una interacción generacional muy compleja”, observa la historiadora Cristina Moyano, decana de la Facultad de Humanidades de la Usach.

Autora de MAPU o la seducción del poder y la juventud, una historia de los jóvenes que abandonaron su casa en la DC y armaron un camino propio a fines de los 60, la historiadora observa que en vistas de la segunda vuelta presidencial, la candidatura de Gabriel Boric puede encontrar sintonía con el sector más progresista de la ex Concertación. Pero si bien su campaña necesita y recibe los respaldos de ese mundo, advierte de esta tensión generacional.

“Hay procesos de interacción generacional que son de acople entre generaciones, según Karl Manheim, y a veces hay procesos de interacción, cuando cambian las generaciones activas, que son más conflictivos, y creo que estamos viviendo un momento conflictivo”, indica.

A diferencia de columnistas y analistas que hablaron de un contra estallido tras los resultados electorales del domingo, Cristina Moyano discrepa. Un elemento importante, dice, fue la menor participación electoral. “Si uno mira la votación de Kast, no difiere mucho de la votación del Rechazo en el plebiscito de octubre. No creo que haya un crecimiento de un sector neoconservador que quiera revertir los procesos que se abrieron con el estallido social. Eso tendría que haberse reflejado en una votación mucho más alta que el Rechazo. Lo que sí hay es un cansancio social respecto de algunas manifestaciones o formas de expresión en el espacio público que han agotado a los actores que viven en determinados entornos territoriales”, afirma.

Otro aspecto, añade, ha sido la pandemia, que devolvió a las personas a los hogares. “Todos esos elementos hay que ponerlos sobre la mesa para no hacer una lectura acelerada. Creo que Kast sí representa la regresión de ese proceso, pero no creo que como sociedad estamos rechazando el proceso de transformaciones sociales”.

¿No estamos ante un posoctubrismo? Algunos dicen que la sociedad se cansó de la violencia y de la tolerancia de ciertos políticos con ella.

Sí, sobre todo para los sectores más liberales y conservadores. Hay un agotamiento y un cansancio, pero que la segunda opción que pasó a segunda vuelta sea expresión de cambios profundos quiere decir que no hay tal posoctubrismo. El proyecto de darle forma a un Estado más activo y de transformar beneficios en derechos sociales, no es posoctubrismo. Y esta demanda no es solo de hoy. El segundo gobierno de Bachelet ganó con esa promesa, después de manifestaciones sociales importantes. Teníamos esa idea de que Bachelet representaba un cambio estructural, en una nueva coalición que integró a los comunistas. Estos proyectos de transformación social, política, económica y cultural profunda se viene expresando desde antes del 18 de octubre. Por tanto, octubrizar el análisis social le quita espesor histórico y terminas polarizando contra la idea del cansancio con la violencia en la Plaza de la Dignidad y la primera línea.

¿El malestar no ha desaparecido? ¿Cómo se expresa hoy?

No, sería engañoso pensar que solo porque ganó Kast en primera vuelta viene un proceso de regresión. El malestar sigue existiendo y el ejemplo se expresa en otras dimensiones sociales, por ejemplo, en la mala evaluación de la elite política, en la disonancia entre los técnicos expertos y los requerimientos sociales de la población, en que la pandemia develó la gran desigualdad de los chilenos, y eso le dio un sentido al malestar incluso más concreto. Los dos programas tratan de resolver el malestar, uno desde una perspectiva neoconservadora, y otra de izquierda socialdemócrata. Creo que han demonizado mucho a Boric con el PC, como si el PC no hubiera estado en el gobierno de Bachelet. Eso es desconocer la historia política de los comunistas. Los comunistas fueron los más leales al gobierno de Allende, nunca llamaron a romper la institucionalidad, y lo hicieron también durante el Frente Popular. Entonces se está jugando con un estereotipo. Quienes estudiamos historia política sabemos que la praxis del PC, cuando ha ingresado en coaliciones políticas, ha sido de respeto a la institucionalidad, aun cuando vaya en contra de sus ideas más radicales. El único período en que los comunistas abrazaron una vía distinta a la democracia fue el Frente Patriótico, pero estábamos en dictadura, no en democracia. Esa visión es de un reduccionismo y un desconocimiento enorme, que la derecha moviliza. Pero nadie puede decir que el PC chileno es revolucionario: ha sido un partido muy pro reformas e institucional. El proyecto de Boric no es refundacional, pero sí trata de atacar los ejes del malestar. Para Kast el malestar tiene que ver con la violencia, y su programa se concentra en el orden público y la seguridad.

Parlamentarias y parlamentarios en ejercicio y electos del Partido Comunista se reunieron con el timonel de la tienda opositora, Guillermo Teillier, para abordar el resultados de la última eleccione y concordar acciones de trabajo para apoyar campaña de Gabriel Boric en el marco de la segunda vuelta presidencial. Foto: Juan Farías / Agencia Uno.
Los líderes del Partido Comunista, Guillermo Teillier y Lautaro Carmona.

¿Qué implica la derrota de la Concertación?

La coalición venía haciendo agua hace rato, hay muchas distancias entre sectores socialdemócratas más progresistas y la DC. Esa coalición es incapaz de representar y resolver la problemática social de hoy. Pero hay partidos que de reacomodarse en otras coaliciones no han perdido protagonismo. En la Convención Constituyente se formó el Colectivo Socialista, que integran socialistas y el Frente Amplio, y trabajan juntos. En un sentido fue bueno que perdiera Yasna Provoste porque termina con esa coalición que algunos querían mantener casi por historia. Esa alianza no tiene más vuelta y simbolizó, bien o mal, la crítica de los 30 años, como si la Concertación hubiera sido la causante, y no es así. Ahora los partidos han quedado en libertad para redefinirse programáticamente y en alianza con otros conglomerados. No sé qué va a pasar en la Junta DC, probablemente llamen a votar por Boric, con un rechazo de parte del sector conservador, encabezado por los Walker. Sí creo que lo que le falta a los partidos es repensarse en este nuevo ciclo, les falta un congreso programático, dejaron de tener discusión ideológicas. Una discusión importante era configurar un gran partido socialdemócrata, con el PS, el PPD y el PR, la idea de Lagos, que le daría sentido de centroizquierda real a un conjunto de partidos que reunidos serían más potentes en expresión parlamentaria y en la esfera pública. Pero ni siquiera Lagos lo pudo lograr.

¿Podría ser el Frente Amplio un puente entre mundos, entre el PS y el PC, como el Mapu lo fue entre la DC y el PS?

Pudiera ser, en términos que hay cuestiones en que se parecen harto al Mapu, en la composición de las elites de estos conglomerados. Muchos líderes del Frente Amplio son hijos de militantes de partidos de la ex Concertación, lo mismo que el Mapu de la DC. Pero el Frente Amplio tiene una fuerte dimensión generacional, son grupos etarios muy compactos que chocan con la lectura y la experiencia de los grupos antiguos. Y aquí hay una interacción generacional muy compleja. Hay procesos de interacción generacional que son de acople entre generaciones, según Karl Manheim, y a veces hay procesos de interacción, cuando cambian las generaciones activas, que son más conflictivos, y creo que estamos viviendo un momento conflictivo. En lo inmediato, esa posibilidad no la veo tan cierta. Tal vez se pueden construir esos puentes en forma posterior. Si uno le preguntara al Frente Amplio si le gustó el apoyo de Lagos, en realidad no. Ahora reciben el apoyo porque necesitan sumar todas las fuerzas, pero hay diferencias de visiones de mundo y de ver la política, que implica que en los partidos de la ex Concertación se produzca un recambio de líderes que permita el ingreso de actores que tengan experiencias generacionales más cercanas al Frente Amplio.

El candidato de Apruebo Dignidad, Gabriel Boric.

¿Al margen de la participación, esta elección encuentra paralelos en la historia?

La polarización política no es inédita. Desde los años 50 y hasta la dictadura tuvimos una alta polarización en Chile, con proyectos globales excluyentes. Eso estuvo desde Jorge Alessandri Rodríguez hasta Pinochet. Aunque no fue elegido democráticamente, Pinochet representaba un proyecto global y excluyente. La forma en que se instala la transición tendió a desdibujar la polarización. Ahora pareciera ser que la politización y polarización son nuevas, pero no son nuevas en nuestra historia. El tema es si tenemos un sistema electoral capaz de resolver el problema de la polarización. Por eso el mercado se recuperó después de la elección, porque tenemos un Congreso tan dividido que en realidad no va a ser fácil implementar las reformas: con ese Parlamento, las fuerza políticas tienden a anularse. Eso puede ser bueno o preocupante, porque a veces hay que destrabar las cosas. Y las formas en que se han destrabado los conflictos en Chile, cuando se han producido esos empates no son las formas institucionales. Hay que recordar las guerras civiles y los golpes de Estado de los siglos XIX y XX. Ojalá que no vuelvan.

¿Usted cree, a estas alturas de la historia, que podría haber riesgo de una irrupción autoritaria?

Sí, hay un riesgo, no con los militares, porque las regresiones no siempre son golpes de Estado. Eso es lo complejo de esta elección, porque hay un candidato que cree que hay momentos en que el orden puede prescindir del debate y la deliberación. Ahora va a moderar su discurso, pero en su esencia de Kast cree que si la Convención Constitucional toma una dirección contraria a sus principios, puede a llamar a consulta ciudadana para terminar con su mandato o le va a poner trabas. Kast nunca ha querido hacer una crítica frontal a la dictadura y a Pinochet, porque cree que hay momentos en que las dictaduras son necesarias. Y cuando alguien dice eso, da como para tener ese temor.

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