El manual de combate de Claudio Alvarado, el "agente" especialista en conquistar votos ajenos en el Congreso

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Dicen que fue una visita estrictamente "humana", pero la semana pasada fue a la casa del diputado PPD Tucapel Jiménez -con licencia médica-, voto que ayer le faltó a la oposición en su derrota ante Cubillos. Al subsecretario de la Segpres le atribuyen varias de las negociaciones con la oposición, algo a lo que está acostumbrado después de siete de ellas en ambos gobiernos piñeristas.




Dicen que tiene un método para esto. Uno ya depurado en las siete acusaciones constitucionales -seis victorias, una derrota, la de Harald Beyer- que ha enfrentado como subsecretario de la Presidencia en las dos administraciones Piñera. Con la que logró salvar anoche a Marcela Cubillos, Claudio Alvarado Andrade (60) revalidó otra vez su título no oficial de negociador especialista en "cazar" votos de parlamentarios opositores, mérito que le reconocen propios y ajenos.

Este ingeniero comercial, chilote (castreño, ojo, que si no se ofenden los ancuditanos), UDI químicamente puro y experto en los recovecos y códigos del Legislativo gracias a sus 16 de diputado y 4 de subsecretario durante el periodo de Piñera I, pasó las últimas semanas calculando, conversando, sumando nombres y tachando otros de su libreta hasta que las matemáticas verbales le aseguraron que la ministra no corría peligro.

Mecanismo que en parte radica en su personalidad, describen sus conocidos: discreto para negociar, celosísimo de la información que maneja y enemigo de llamar mucho la atención. Y con el don de la palabra. Por eso -reiteran en el Ejecutivo- ha sido número puesto en casi todas los tiras y aflojas que el gobierno ha debido librar con la oposición, mayoritaria en el Congreso. Pero nada tan delicado como una acusación, donde un voto de más o de menos puede ser fatal. La que protagonizó la ministra de Educación -amiga suya desde que eran compañeros de bancada ("Hemos estado en todas juntos; lo acompañé muchas veces a hacer campaña a Chiloé", dice ella)-, lo obligó a dedicarse casi exclusivamente.

Tanto, que en la tarde del viernes pasado fue a visitar a su casa al diputado PPD Tucapel Jiménez, quien ayer no fue al Congreso debido a una delicada dolencia cardíaca que lo tiene con licencia. Estuvo una hora con él, acompañado de su jefe, el ministro de la Segpres, Gonzalo Blumel. Se venían mensajeando y hablando por teléfono hace días. El diputado fue uno de los votos que la oposición echó en falta, tanto que intentaron infructuosamente que asistiera o que se pareara con un parlamentario de gobierno. Pero ante la duda de si el subsecretario fue a asegurarse de que Jiménez no repitiera la "hazaña" del UDI Enrique Estay el 2008, cuando fue en camilla al Congreso a votar la destitución de Yasna Provoste, en La Moneda lo niegan riendo -con humor- y recalcando que solo fue porque ambos son amigos.

A Alvarado se le atribuyó en su día haber sido uno de los ideólogos del operativo que trasladó a Estay desde Temuco a Valparaíso. Pero los suyos insisten que la visita a Tucapel fue humana y no política.

Como sea, su especialidad es asegurarse de que la minoría que tiene Piñera en el Congreso se convierta en mayoría en estos lances. Es el pirquineo al milímetro, llevado casi a la categoría de arte, diría alguno. En este cuatrienio ya tiene diálogo más o menos constante con Fuad Chahín, presidente DC, y con el jefe de bancada del mismo partido, Gabriel Ascencio. Con éste son amigos hace años y operaron en tándem para la reforma tributaria.

Pero aunque la decé haya dado pruebas de ser permeable a los acuerdos con La Moneda (ayer dos de los suyos votaron en contra, y si no fuera por el coincidente viaje al extranjero de Miguel Ángel Calisto podrían haber sido más), y por más que la oposición ya va para los dos años buscando su destino y unidad, esto no se hace solo. El subsecretario tiene un mecanismo para conquistar votos ajenos.

Sumando y restando

El "metódo Alvarado", susurran en Palacio, parte con un mapeo del universo máximo de votos al que se puede llegar. Hace una lista de todos los nombres que pone en la mira, y por qué razones en cada caso. Los escribe. Luego, va a "amarrar los votos". Lo hace personalmente, conversando una y otra vez si lo necesita, o bien a través de terceros. Como quiera que sea, su meta es llegar a un piso mínimo, duro e inamovible de diputados que no son gobiernistas con los que se puede contar.

Al número resultante le suele restar dos, un margen de error para evitar decepciones. Capítulo aparte será qué se le ofrece a un parlamentario rival; un dirigente y parlamentario de gobierno suele repetir que "todo diputado tiene su precio". Durante esas tratativas, Alvarado guarda bajo siete llaves detalles y nombres, salvo -en este caso- a Blumel, a Cubillos y al ministro del Interior, Andrés Chadwick.

En esta pasada, al subsecretario se le atribuye sumar a su bando, entre otros, al ex PPD René Alinco. El mismo que el 2013 definió el destino de Beyer al votar a favor. Algunos creen que esta vez el ex diputado UDI quiso corregir su error y no esperó para asegurarlo. Y otros, que Alinco estaba "arrepentido" de lo que hizo esa vez, además de molesto con la oposición por dar por sentado que contarían con él.

También conversó con el DC Jorge Sabag. La decisión de éste asomó en el radar de Palacio el viernes, el mismo día que el subsecretario fue a ver a Jiménez. Ahí tuvo cierta seguridad de que los diputados decé -también tiene redes con Matías Walker- no votaban en un solo bloque. La abstención del ex PS Patricio Rosas en la votación del fondo, en todo caso, no fue mérito suyo: en el gobierno circulan versiones que le atribuyen esa negociación al ministro del Interior, Andrés Chadwick, y otros al senador RN y esposo de Cubillos, Andrés Allamand.

Dicen que Alvarado estuvo negociando y sacando cuentas hasta el final. Por ejemplo, cada lunes, junto a Blumel, se reúne con el presidente del Senado, Jaime Quintana (PPD), y el vicepresidente Alfonso de Urresti (PS). Pero anteayer se la pasó pegado al celular, afanado asegurando votos, hasta que tuvo que disculparse y abandonar el encuentro: se le había caído un nombre que le habían dado inicialmente por seguro, y que al final no votó con el gobierno.

Perder una ficha recién conquistada es su mayor temor. Dicen que cada vez que la prensa publica nombres de tal o cual diputado opositor que podría votar con el gobierno, cunde el pánico.

Ayer, ni en el fragor de los últimos metros quiso soltar prenda. Cuando parlamentarios y funcionarios de gobierno le consultaban, Alvarado apenas musitaba que "tenemos los votos necesarios para rechazar". Nada más. En la sala, él y el ministro Blumel se la pasaban con el teléfono celular en modo calculadora. Pero Cubillos conversaba casi exclusivamente con el subsecretario y los dos se dieron el primer abrazo celebrando. Anoche estuvo en la cena de celebración en Valparaíso, y esta mañana la ministra le dedicó sus primeras palabras de agradecimiento en sus entrevistas.

Su próxima prueba será el 23 de octubre, cuando se vote en la Cámara el proyecto de ley impulsado por el PC que busca reducir la jornada laboral a 40 horas. La tendrá difícil si quiere revalidar sus laureles una vez más. Por algo, dicen en el gobierno, fue uno de los primeros a los que fichó el mandatario cuando armó su gabinete el año pasado.

¿Qué dice él de todo esto? Poco. Y rechaza quedarse con los méritos: "Es un trabajo en equipo, en dupla con Gonzalo, el ministro, donde no hay ningún tipo de egoísmo entre nosotros, y un complemento entre lo técnico y lo político".

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